Viviana Ponieman, con Puente de la memoria, rompe con muchos de los preconceptos que todavía se mantienen en el arte. De manera fundamental, con uno de ellos, paradigma, si se quiere, de todos los demás: la certeza de obra finalizada. Esa rotura se expresa tanto en lo realizado por ella como en el rol del espectador que pasa de ser aquel casi siempre “otro que observa y asiente” a formar parte activa de un espectáculo (y léase aquí sólo lo mejor del término “espectáculo”: ojo que mira y es mirado).