“Llegó el turno de jugarme”
Florencia Peña ha recorrido un largo camino. Desde los cuatro años en los que pisó por primera vez un canal de televisión para ser parte de Cantaniños, pasando por su primer encuentro con la popularidad en Son de diez, su consagración como capocómica en Poné a Francella y las exitosas versiones locales de La Niñera y Casados con hijos, entre otros proyectos, hasta este presente de máximo compromiso. Florencia fundó el año pasado su productora Mar de Fueguitos, desde la cual ideó cada detalle de Sr. y Sra. Camas, la nueva comedia que protagoniza junto a Gabriel El Puma Goity. El programa estará en el aire por primera vez mañana a las 22.30, por Canal 7, y se emitirá (como la recién terminada Contra las cuerdas) de lunes a jueves. La actriz se encuentra particularmente entusiasmada con este momento. Y destaca: “Es un enorme paso adelante en mi vida. Por primera vez en la tele puedo acertar o equivocarme, pero será con mis propias ideas. Venía equivocándome con propuestas ajenas y me di cuenta de que había llegado el momento de jugarme”.
Sr. y Sra. Camas desarrolla en clave caricaturesca la historia de una pareja de consejeros matrimoniales, creadores de un supuesto método imbatible de autoayuda. Camas (Centro de Ayuda a Matrimonios Antes de Sucumbir) inicialmente no tendrá la repercusión imaginada por sus fundadores, pero más tarde conquistará ese éxito tan deseado y con él se potenciarán las patologías y superficialidad de Debora Camas (Florencia Peña), Nacho Camas (El Puma Goity). El elenco se completa con Mirta Busnelli, Diego Ramos, Carola Reyna, Pata Echegoyen, Lola Berthet, Nicolás Scarpino, Damián Dreizik y Ana Pauls, entre otros.
“El programa tiene una estética y una manera de contarse muy distinta a lo que se está viendo hoy en la televisión. La premisa con la que empezamos con Adriana Lorenzón a pensar el proyecto fue hacer una comedia de una hora que se vaya al carajo desde el principio. La mayoría de los programas empiezan casi como atados y se sueltan recién a los dos meses. Nosotros vamos por todo desde el primer momento. Entonces jugamos mucho con el absurdo, la caricatura y el humor, claro. Es un programa de actores y eso hace una gran diferencia. En cuanto a lo estético, buscamos darle forma a un universo distintivo: no hay exteriores, nos manejamos con cromas, pero bastante surrealistas. La música la hizo mi marido (el músico de jazz Mariano Otero) y subraya ese clima de juego permanente”, adelanta la actriz.
–El programa toma personajes que podrían ser de la realidad y los lleva mucho más allá.
–Tal cual. Hay mucho de caricatura. Tanto mi personaje como el del Puma son políticamente incorrectos. El programa arranca con una imagen de ellos soñando que escalan una montaña y cuando llegan a la cima encuentran un free shop, casi su paraíso. Ellos son superficiales, bastante ignorantes y desesperados por el dinero y la fama. A mí me divierte mucho desde hace tiempo hacer personajes que son políticamente incorrectos y bajar línea justamente desde ahí: mostrando mucho más que diciendo. Me apasiona actuar, ponerme pelucas, disfrazarme. Creo que armamos un proyecto ideal para meter todo eso. Venía un poco decepcionada de algunas cosas de la tele. Me sentía como con un chaleco de fuerza y este proyecto me devolvió el entusiasmo.
–¿Qué cosas la decepcionaron?
–La tele está cada día más desesperada. El rating siempre fue importante, pero ahora condiciona todo hasta extremos difíciles de aceptar. Por ejemplo, yo venía de hacer un programa como Botineras, que nació como una comedia y terminó en un policial dramático para acomodarse a los números del momento. Es un delirio. Esa locura es el signo de los tiempos en la tele. Por eso renuncié al programa y por eso intento recorrer otro camino. Yo trabajo mucho y desde ya que me gustaría que el programa lo vea la mayor cantidad de gente posible. Pero ni mi carrera ni mi búsqueda artística se basan en que si no hago 25 puntos no sirve. Existen muchas formas de hacer televisión. Hay otros espacios donde por ahí el rating es menor, pero podés desarrollar un producto tanto o más valioso que los programas convocantes. Eso es lo que estoy llevando a cabo con mi productora y la verdad es que me pone muy feliz. Lo nuestro tampoco es una experimentación snob: simplemente apostamos a una comedia con ideas propias, vueltas de tuerca y no vamos a matar a nadie en el medio para subir el rating. Estoy asumiendo más compromisos para ganar más libertad. Aunque a algunas personas no les guste.
–¿Le duelen las críticas?
–Depende de quién vengan. Pero si alguno dice que llegué a Canal 7 por acomodo, sinceramente, me lo paso por las pelotas. Si a esta altura no me reconocen la trayectoria, bueno, cada cual que diga lo que quiera… Muchas personas no se bancan que alguien tome sus propias decisiones, se comprometa con sus ideas y busque un camino personal. Yo respeto mucho a la gente que genera su propio espacio. En cualquier rubro. Pero otros se sienten intimidados o dolidos, vaya a saber por qué mecanismo interno.
–¿Con qué criterio eligió el elenco?
–Básicamente, respondiendo a la idea de hacer un programa de actores. No tenemos ninguna necesidad de traer figuritas mediáticas para sentirnos importantes. La comedia es un genero casi musical. Entonces necesitás intérpretes que se puedan incorporar a ese ritmo, sumarle cosas y que no desafinen. Tenemos un elenco de solistas y eso multiplica las posibilidades. No vas a ver a nadie remando y haciendo agua porque todos saben muy bien de qué se trata. Eso te permite allanar un montón de camino. La buena actuación pasó de moda: ahora casi todos apuestan a poner a gente linda y de buen lomo. Los rodean de dos o tres actores y se supone que eso alcanza para hacer rating. Sin dar nombres, pero todos sabemos de qué estamos hablando. Para mí es muy valioso manejarse con otras ideas. En el programa somos todos actores que no estamos de moda. Te podremos gustar más o menos, pero todos tenemos mucho oficio, experiencia y dejamos hasta la última gota de transpiración cada vez que grabamos. Para mí eso hace una diferencia.
–¿Qué le garantiza El Puma Goity como coprotagonista?
–Lo admiro mucho, lo quiero y tenemos mucha química. Laburamos juntos en Poné a Francella. Hacíamos un sketch muy gracioso en el que yo interpretaba a una sirvienta y el me perseguía por todos lados. Nos hemos divertido a lo loco y después estuvimos todo el año pasado y parte de este año haciendo la obra de teatro Un Dios salvaje. El Puma tiene un humor muy nuestro. Los hombres lo quieren, no le compiten. Y a las mujeres también les encanta. Eso te da una llegada popular, más allá de los números, que yo valoro mucho.
–¿Qué significado tiene que Sr. y Sra. Camas salga por Canal 7?
–Lo siento como un honor. En principio, tiene mucho que ver con mis convicciones ideológicas: desde el Estado se pueden hacer cosas muy valiosas. También me da mucho orgullo que Sr. y Sra. Camas sea la primera ficción que se graba en el canal después de 25 años. Es muy lindo encabezar un proyecto de ficción competitiva en el Canal Público y ver cómo todos los trabajadores lo abrazan y le ponen el corazón. Me parece que al mismo tiempo le sumamos una arista que el canal no tenía. Una comedia blanca que puede tener una amplia llegada y le suma otro color a una programación que viene creciendo año a año en calidad y repercusión.
• La identificación con el kirchnerismo
Florencia Peña demostró una gran valentía. La actriz primero reconocida por su voluptuosidad y luego por sus habilidades histriónicas, de pronto le dio lugar a una profesional interesada por su país. Ese cambio interno luego encontró su correlato público. Y lo hizo en momentos particularmente decisivos. La actriz no dudó en apoyar a Néstor Kirchner y Cristina Fernández, en plena agitación por la resolución 125. Lejos del marketing y el oportunismo, esa decisión le permitió encontrarse con mucha gente que apostaba a los mismos ideales. Pero también con muchos silencios, desconfianzas y críticas. Ese compromiso marcó su vida pública, pero también la personal.
–Fue un proceso interno que venía desarrollando más allá de la llegada del gobierno de Néstor. En un momento se había generado una distancia muy grande entre lo que era yo en realidad y como me veían en la tele. Me cansé de ser la actriz joven y graciosa, que siempre salía con alguna humorada. Lo primero que decidí fue ser más genuina, ser más honesta conmigo y empezar a plantarme. Ya no tenía más ganas de sentarme en el living de Susana para hacerme la graciosa. Hice muchas tapas de revistas, salí desnuda, hablé de mis hijos y un día dije basta. El año 2001 me pegó mucho. El país estaba en el infierno y definitivamente sentí que tenía que empezar a correrme del lugar en el que me habían puesto. Quería empezar a decir lo que sentía, aunque no lo esperara o no le interesaba a mucha gente.
–Y con el kirchnerismo se sintió identificada.
–Empecé a darme cuenta que los gobiernos de Néstor y Cristina estaban respondiendo a mis demandas como ciudadana. No digo que estemos genial, tenemos mucho trabajo por delante. Pero la Argentina está empezando a levantarse. Definitivamente, Néstor y Cristina encabezaron los mejores gobiernos desde la vuelta de la democracia en 1983. Por lejos. Yo sentí la necesidad de alinearme con este proyecto. De poner mi granito de arena. De no ser cómoda. Lo hice con mucha fuerza cuando empezó el lockout de los productores agropecuarios y lo seguiré haciendo.
• La 125, el apoyo y las anécdotas con el Presidente
La muerte de Néstor fue muy dura. Nos generó mucho dolor y ese dolor todavía continúa. De hecho, aún hoy me cuesta creer que no está. Pero al mismo tiempo permitió que mucha gente se encontrara. Que nos diéramos cuenta que éramos muchos, a pesar que no querían que lo supiéramos. Que no teníamos que tener miedo ni a los medios hegemónicos ni a nadie”, reflexiona Florencia.
—¿Qué anécdota recuerda si piensa en Kirchner?
—Me acuerdo de la primera vez que fui a 6,7,8. A los pocos minutos de terminado el programa me llamó su secretario y me pasó con él. “Florencia, te quiero agradecer mucho lo que hiciste porque nosotros estamos en una cruzada muy difícil”, me dijo. Estuvimos hablando durante 45’. Era un momento muy duro. Todavía daba vueltas el clima de la 125, se habían perdido las elecciones legislativas… Me contó de las presiones de Clarín y me adelantó que estaban decididos a impulsar la Ley de Medios. También me aseguró que mientras Cristina estuviera en el Ejecutivo no iban a dejar que las corporaciones gobernaran. Fue muy emocionante. Pero lo que más rescato es que hizo todo lo que me adelantó. La mayoría de la gente no cumple su palabra y ver tanta integridad y decisión en un político me terminó de conmover.
