Lo nuevo se volvió viejo

El radicalismo, casi como ningún otro partido político en la Argentina, mantiene la democrática tradición de dirimir las candidaturas y autoridades partidarias en elecciones internas. Si bien hubo excepciones, como en el año 2007 cuando decidieron apoyar al peronista Roberto Lavagna, o aun en las épocas difíciles, concurrieron a elegir a sus correligionarios.
En 1973 y diez años más tarde, en 1983, el radicalismo eligió sus candidatos a presidente entre las dos líneas internas más importantes: la avejentada Línea Nacional y la juvenil Renovación y Cambio, liderada por Raúl Alfonsín. Las diferencias entre ambas no consistían en pequeños matices sino en las visiones ideológicas sobre el país.
La historia de esa interna empezó en el década del ’60 y del ’70 cuando irrumpió Raúl Alfonsín, acompañado por un sector importante de jóvenes dirigentes de todo el país que formarían en esos años la Junta Coordinadora y la Franja Morada universitaria, participando en las rebeliones del Cordobazo y Rosariazo. Entre sus hombres se encontraban figuras brillantes e inspiradoras de los más jóvenes como Sergio Karakachoff, asesinado por la dictadura en 1976. Alfonsín representaba un desafío para un partido que desde la irrupción del peronismo trastabillaba y no encontraba su lugar dentro del campo nacional y popular.
Pasaron 27 años del triunfo que llevo a Alfonsín a ganar las elecciones de 1983. Los dirigentes que lo acompañaron en la renovación y el cambio de la UCR promovieron el juicio a las juntas militares, eligieron a Bernardo Grinspun como ministro de Economía desafiando durante más de un año y medio a los organismos internacionales de crédito y a la revisión de la deuda tomada por la dictadura, adhirieron al discurso de Parque Norte en 1985. Algunos de estos mismos dirigentes optan hoy por apoyar con el extenso aparato partidario al vicepresidente de la Nación, Julio César Cleto Cobos. Realizar un análisis sobre la posición ideológica de Cobos no resulta pertinente en este breve espacio. Sólo basta detenerse en su derrotero durante los últimos dos años y sobre cada uno de sus pronunciamientos y posiciones. De todos modos, esto no permite aventurar que como contrapartida Ricardo Alfonsín represente el ala progresista del partido.
A la UCR le fue bien, salió fortalecida y hasta triunfante cuando sus propuestas y candidatos viraron hacia la centroizquierda y retomaron la senda de acompañar las demandas de los sectores populares. Cuando fue al revés, el fracaso llegó con un costo muy alto. Su última y devastadora experiencia fue la de Fernando de la Rua.

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Otras notas

  • En el complicado equilibrio de acatar la decisión del Comité Nacional de no acordar con el socialismo y a la vez mantener en pie el Frente Progresista que desde hace cuatro años gobierna en Santa Fe, el radicalismo de esa provincia decidió apoyar la fórmula Bonfatti-Henn, de ese espacio político, para las elecciones provinciales del 24 de julio, pero presentará lista propia a diputados nacionales.

  • –Qué se juega en esta elección para el futuro del radicalismo en la provincia de Buenos Aires?
    –La posibilidad de consolidar el partido en la provincia de Buenos Aires y llegar a gobernarla en 2011. Además también se juega la elección presidencial porque sin mayoría en la provincia no hay posibilidades a nivel nacional. El partido tiene que renovar su conducción para volver a entusiasmar a los radicales que se fueron ofendidos. No me refiero a los dirigentes sino a los militantes. Tenemos que estimular una nueva mirada de la sociedad sobre el partido.

  • Sólo los observadores poco atentos se mostraron sorprendidos por el triunfo de Ricardo Alfonsín en la UCR bonaerense. El nuevo líder empezó su paciente camino hacia la victoria hace muchos años y había obtenido resultados cada vez mejores en sucesivas elecciones internas. Los viejos tigres de la coordinadora, transformados en lugartenientes del vicepresidente opositor, no podían ocultar a nadie que eran de papel: Leopoldo Moreau con su dos por ciento en 2003, y Federico Storani que después de sufrir la escisión del GEN perdió del 90 por ciento de lo que fue su activo histórico.

  • La estrategia que eligió el alfonsinismo para ganarle la interna al aparato radical de la provincia de Buenos Aires funcionó. Fueron a votar 40 mil afiliados más que en las elecciones anteriores. Los padrones saneados estuvieron listos al filo de la votación, cuatro días antes, pero llegaron. Esos dos hechos fueron la clave del triunfo de Ricardo Alfonsín, que lo dejó posicionado para competir con Julio Cobos. Con el resultado, el hijo del ex presidente demostró su capacidad para la acción política, más allá del aura de su apellido.

  • Pedir perdón y de rodillas, fue lo único que les faltó exigirle a parte de sus correligionarios, cobistas, y aliados de la Coalición Cívica. El atroz y condenable episodio que protagonizó Ricardo Alfonsín y que le costó ser tildado casi de traidor, fue aparecer el jueves pasado junto a la Presidenta en la inauguración de una fábrica de bloques de cemento en Chascomus, terruño de los Alfonsín. Allí se mostró junto a los ministros de Interior, Florencio Randazzo; de Planificación, Julio De Vido, entre otros.

  • El grupo del radicalismo que estaba detrás de Julio Cobos tuvo que recurrir a una operación de pinzas (sumar, a la de Cobos, otra candidatura) para rodear a Ricardo Alfonsín. Así, de modo imprevisto para alfonsinistas y cobistas, surgió el nombre del senador radical Ernesto Sanz. Impulsan detrás del telón, entre otros, Enrique Coti Nosiglia, Leopoldo Moreau y Federico Storani. El objetivo es lograr una posición de fortaleza para negociar con el hijo del ex presidente espacios en las listas para las próximas elecciones.