Lo que estalló el 1º de mayo de 1974

Año 3. Edición número 126. Domingo 17 de octubre de 2010

A esa juventud esclarecida está confiada la tarea de movilizar a la ciudadanía popular bajo los dictados indiscutibles de nuestras consignas, en tanto siguen su preparación orgánica funcional para una lucha que ha de asegurar nuestro porvenir.” Eso declaraba el líder del Movimiento, Juan Domingo Perón, a escasos días de iniciado el año 1973. La campaña electoral para las elecciones de marzo daba el puntapié inicial y la Juventud Peronista (JP) comenzaba a inundar las calles, las plazas y los estadios de fútbol con el slogan “Cámpora al gobierno, Perón al poder”. La capacidad de movilización de los jóvenes peronistas inyectaba un fuerte dinamismo a un partido que volvía a competir con sus colores tradicionales luego de 18 años de proscripción y semilegalidad. El “trasvasamiento generacional” y la “actualización doctrinaria”, dos conceptos acuñados por Perón para indicar que el peronismo incorporaba una nueva partitura, evidenciaban que el socialismo nacional parecía la nueva estación a transitar para la Argentina. La incorporación de la juventud como cuarta rama del Movimiento certificaba el protagonismo histórico que este sector iba conquistando a partir de la lucha frontal contra la dictadura y en pos del regreso de Perón.
El escenario se revelaba ideal para los intereses de la juventud y el 25 de mayo simbolizaba el triunfo de la estrategia juvenil. Se cumplía la primera etapa: Cámpora en el gobierno. Faltaba el segundo momento, Perón al poder y la concreción del socialismo nacional. ¿Era factible cumplir esta segunda etapa, conciliar el Perón al poder y el socialismo nacional? Aquí irrumpe la paradoja de la juventud peronista setentista: para cumplir con sus objetivos revolucionarios, la juventud peronista necesitaba de un Perón dispuesto a conducir el Movimiento hacia el socialismo nacional. Es decir, la juventud, al ser una parte de un todo no conducido, se manifestaba incapaz de llevar adelante este proceso de cambio estructural sin el concurso del líder del Movimiento. La contradicción insuperable se alojaba en que la Juventud, para cumplir sus objetivos últimos de lucha revolucionaria en un contexto de un crecimiento exponencial de su fuerza, debía contar con un Perón arropado con trajes socialistas. Si el líder peronista se negaba a acompañar el proyecto juvenil, como finalmente ocurrió, y la JP insistía en materializar su proyecto transformador, la colisión debía ser el producto de este previsible desencuentro. El choque frontal era inevitable si la Juventud no revisaba su estrategia. Como la historia nos cuenta, el conflicto se desplegó de la peor manera y el 1ª de mayo de 1974 fue el resultado de una relación difícil de mantenerse con Perón en el poder.

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