Los desafíos de la militancia sindical

Año 5. Edición número 207. Domingo 6 de mayo de 2012
Renovación. El retorno de la vida sindical viene acompañado del surgimiento de jóvenes delegados.
La recuperación del empleo y la vigencia de las negociaciones colectivas revitalizaron la gimnasia gremial no sólo en las cúpulas, sino también en las bases. Un reflejo de los avances y límites que se viven en los lugares de trabajo.

La generación de más de cuatro millones de empleos y la vigencia de las negociaciones salariales colectivas revitalizaron la gimnasia sindical en el movimiento obrero. Sin embargo, la actividad que llevan adelante los delegados de base, que son en definitiva los que tienen que a la vez reclamar y defender los avances que fue logrando la clase trabajadora, es un aspecto del fenómeno que pocas veces es tenido en cuenta. Por más que el contexto ayude, la tarea no es sencilla. Deben enfrentarse muchas veces a patronales poco receptivas a los reclamos, a conducciones que no siempre están dispuestas a tomar como propia la lucha de sus bases y a la apatía heredada de los tiempos en los que la salida individual primaba por sobre las construcciones colectivas. Desde esa perpectiva, Miradas al Sur dialogó con jóvenes delegados de base de diferentes sindicatos y espacios políticos que cuentan los avances y desafíos que enfrentan a diario.
Ulises Delgado tiene 35 años y desde hace doce que es delegado metalúrgico en la empresa Credonb Building, en San Justo, dedicada a la fabricación de transformadores de luz. Con apenas 23 años decidió tomar la representación de sus compañeros de trabajo “porque era moneda corriente la prepotencia del patrón y el avasallamiento de derechos”. Comenzaba el nuevo siglo y la empresa había entrado en concurso de acreedores, poniendo en peligro la fuente de trabajo de sus casi cien empleados. A los pocos meses de haber asumido su nueva función, Ulises debió sortear una prueba de fuego: el dueño de la empresa se marchó y la única solución que ofrecía a sus empleados era que convirtieran la empresa en una cooperativa. “Decidimos tomar la planta de manera pacífica durante dos semanas. El tipo pretendía que nos hiciéramos cargo de todas las deudas que él había generado. Hasta que finalmente volvió y le hicimos entender que lo mejor era buscar una solución en conjunto.”
Walter Oviedo lleva 18 años trabajando en el obrador de Autopista del Oeste. Desde el 2007 es delegado de sus setenta compañeros, como resultado de una dura lucha por quedar bajo el convenio de Sindicato Único de Trabajadores de Peajes y Afines que conduce Facundo Moyano. “Hasta la llegada de Facundo, nosotros estábamos enrolados en la Uocra y la verdad que no podíamos contar con el gremio para nada. Al contrario, la vez que intentamos postular un compañero como delegado, el mismo sindicato lo entregó y la empresa le mandó un telegrama de despido antes de hacer el acto eleccionario”, recuerda.
Ramón Bogado fue hasta el año pasado delegado en la empresa alimenticia Kraft. Fue uno de los líderes de las jornadas de agosto de 2009, cuando los trabajadores ocuparon la planta contra la política de despidos y tercerización que pretendía llevar adelante la empresa norteamericana. Con más de veinte años de militancia sindical dentro de esa empresa, asegura que nunca contaron con el apoyo de la conducción de la Federación de la Alimentación que conduce Rodolfo Daer. “Nuestra política siempre se enfocó a hacernos fuertes dentro de la empresa porque nunca pudimos contar con el respaldo del sindicato, que arregla siempre con la patronal sin consultar nada con nosotros”, afirma este militante de la Corriente Clasista y Combativa.
Al igual que Delgado, Tomás Ascona comenzó su militancia sindical siendo muy joven, a finales de los noventa. Se desempeña como delegado del sindicato de Comercio en una empresa dedicada a la venta de artículos para oficina, en Barracas. Con más de 300 empleados, Tomás decidió asumir la representatividad de sus compañeros “porque se venía una oleada de despidos”.

Un camino en ascenso. Desde sus visiones particulares, cada uno de los delegados consultados reconoce que en la última década hubo un salto de calidad en la organización sindical y que desde un lugar de resistencia en los noventa se pasó a una ofensiva que –no carente de contramarchas– permitió mejorar el poder adquisitivo y las condiciones de trabajo. Por ejemplo, Oviedo señala que cinco años atrás, antes de tener delegados, el sueldo promedio era de 1.200 pesos “y no recibíamos ningún pago por horas extras”. En cambio, en la actualidad, “el salario medio es de 7.000 pesos”. La situación en Kraft no es tan beneficiosa –el sueldo promedio ronda los 4.000 pesos– pero Bogado reconoce que en estos años de lucha lograron torcer en parte la política de tercerización que llevó adelante la empresa en los noventa. En un contexto general en el que uno de cada tres trabajadores en actividad se encuentra no registrado, Delgado, de la UOM, destaca que en su fábrica lograron revertir la tendencia de la patronal de contratar a los trabajadores en negro. “Yo mismo estuve durante dos años trabajando sin estar registrado. Era una costumbre que la empresa la tomaba con total naturalidad. Fue una dura lucha pero logramos darla vuelta. Ahora, la modalidad es tomar un empleado por tres meses y si reúne las condiciones, ya queda efectivo y entra con la categoría que le corresponde”, asegura.
Pero los avances no se dan sólo en el terreno salarial. También hubo mejoras en las condiciones de trabajo. Oviedo, por ejemplo, cuenta que “los camiones volcadores cargaban el material asfáltico, arena y tierra y los chicos iban arriba junto con la carga. Si doblaba de forma brusca, no quedaba nadie. Lo que logramos fue acondicionar un camión con lona, butacas agarradas al suelo e instalar una cocinita. En otro camión llevan los materiales”, afirma.
Ascona, de Comercio, describe la estrategia que como delegado tuvo que poner en marcha en estos años y los logros conseguidos al respecto. “Cuando la empresa estuvo a punto de cerrar en el 2000, nosotros comprendimos la situación y no salimos a pedir nada que pudiera complicarles el negocio”, reconoce. “Pero una vez que el país comenzó a recuperarse económicamente y que la empresa también mejoró, empezamos a exigir condiciones que nos correspondían. Ahora que viene la bonanza, nosotros queremos también ser partícipes. Conseguimos capacitación para atención al cliente, para aprender inglés. Son todos cursos que los dicta la empresa en horarios de trabajo. Cualquier compañero que quiera crecer, ahora lo tiene a su alcance. Ya no se discute sólo salario sino también condiciones de vida y capacitación”, asegura.

La relación con las cúpulas. En toda organización gremial, existe una tensión natural entre las bases y los dirigentes. De cómo se resuelve esa tensión radica parte del triunfo o fracaso de los procesos. En el abanico de los casos consultados, Salazar de la UOM y Ascona de Comercio aseguran sentirse respaldados por sus organizaciones. Como quedó manifestado, Oviedo marca una diferencia diametral cuando pertenecían a la Uocra y pasaron estar bajo la órbita de Sutpa. En tanto que Bogado expresa los padecimientos que soporta bajo la conducción de Daer. “La bronca que hay contra el sindicato se expresa en una gran desafiliación. Actualmente, de 2000 empleados, sólo 600 están afiliados. Lo que ocurre es que no sólo no se sienten representados, sino que además las cuotas sindicales son muy altas. Compulsivamente nos sacan el 2%, que en su momento lo justificaron por la crisis que atravesaban las obras sociales y nunca más lo quitaron. Pero para estar afiliado y tener derecho de votar hay que pagar un 2,5% más. Hemos hecho presentaciones judiciales para parar este abuso pero no tuvimos ninguna respuesta hasta ahora”, denuncia.
La interna política que atraviesa por estos días la CGT no es ajena a las bases. No sólo los delegados tienen posición tomada, sino que aseguran que en sus puestos de trabajo es un tema debate. Previsiblemente, Oviedo afirma que la mayoría de sus compañeros se definen por la continuidad de Moyano al frente de la central obrera. “Estamos a full con Hugo”, sostiene. “Sentimos que Moyano nos dio tanto a nosotros que ahora tenemos que pagarle a él con lealtad”, completa.
A pesar de pararse ideológicamente en otra vereda, Bogado también prefiere la continuidad del camionero. “Cada uno tiene su historia dentro de la CGT. Cuando Daer estuvo al frente durante el menemismo, fue el que modificó los convenios a la baja. Ahora aparece de nuevo con los gordos. Por lo tanto, lo que aparece como alternativa es peor que lo hay ahora”, se define. Salazar se entusiasma con la posibilidad de que su sindicato vuelva a estar al frente de la CGT. “Me parece que este momento del país requiere de un gremio industrial al frente de la CGT”, reflexiona.
Ascona cuenta que la sección de logística en su empresa pasó desde hace unos años a estar bajo control de Camioneros. Asegura que ese hecho generó un debate interno entre sus compañeros que se traslada ahora a la interna en la CGT. “Hay muchos que están contentos de haber pasado a Camioneros y otros que hubieran preferido quedar bajo convenio de Comercio. La discusión también se da en cuanto a la forma de ejercer la gimnasia sindical. Comercio tiene una dinámica de mayor negociación, de buscar una salida en conjunto a los problemas. En cambio Moyano tiene una manera más confrontativa. Son formas distintas que lleva al debate entre los compañeros y que influyen a la hora de definirse por quién les gustaría que esté al frente de la CGT.” Una disputa que se da en las cúpulas pero que también alcanza a las bases.

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