Los escenarios más temidos por Israel

Año 4. Edición número 163. Domingo 03 de julio de 2011
A punto de zarpar. Israel hizo todo lo que estaba a su alcance para bloquear la partida de los barcos. (AP)
La flotilla humanitaria a Gaza, la declaración unilateral del Estado palestino, y una nueva insurrección jaquean al gobierno israelí.

Además de ser el epicentro de un chantaje internacional enmascarado bajo el eufemismo de rescate económico, Grecia es también el terreno donde se prepara otra batalla clave para el futuro del Medio Oriente: desde sus puertos zarpará la flotilla de 10 barcos con ayuda humanitaria que pretende romper el bloqueo israelí a la Franja de Gaza.
“Si Israel no se hubiera comportado con tal estupidez gratuita y hubiese permitido a la anterior flotilla alcanzar la costa de Gaza hace un año, en vez de haberla atacado, es posible que esta nueva flotilla no se hubiese movilizado. En todo caso, los ojos del mundo no estarían abiertos como lo están hoy, observando de cerca a la flotilla”, escribe Gideon Levy, columnista del diario israelí Haaretz.
La Flotilla –cuya partida Israel trata de bloquear por todos los medios–, es parte de un movimiento global, que incluye a activistas israelíes y sobrevivientes del Holocausto y personalidades que lucharon contra el apartheid en Sudáfrica o la guerra de Vietnam. La mayoría es gente de paz, que no odia a Israel, lo que odia son las injusticias. El gobierno de Benjamín Netanyahu sabe muy bien que estas personalidades no suponen una amenaza, y que en los barcos no van camufladas armas. Sin embargo, todo indica que Tel Aviv no se apartará un milímetro de su actitud intransigente frente al convoy humanitario y que sus comandos impedirán la llegada de los barcos a Gaza. Esto no hará más que precipitar dos de los escenarios más temidos por Israel: el lanzamiento de una tercera intifada, apoyada esta vez por países como Egipto y Jordania, y la declaración unilateral del Estado Palestino durante la próxima Asamblea General de Naciones Unidas que tendrá lugar en septiembre. La diplomacia palestina trabaja febrilmente para lograr una declaración de que el Estado palestino existe dentro de los límites que existían en 1967, antes de la guerra de los Seis Días. Ante la falta de progreso en las negociaciones, casi todos los países de América latina, Asia y África, y buena parte de los europeos están dispuestos a votar a favor de la iniciativa palestina.
Aunque este tema constituye la peor pesadilla del gobierno de Benjamín Netanyahu, no existe una posición unificada sobre la manera de afrontar esta crisis que se avecina de manera inexorable: el primer ministro Benjamin Netanyahu –cuya popularidad toca fondo en estos días–, propone ignorar esa resolución por completo, tal como Israel viene haciendo con cada resolución de la Asamblea que le resulta desfavorable.
La vocero del Gobierno argumenta que se trata de un movimiento “unilateral”, sin el consentimiento de la otra parte en el conflicto. Sin embargo, el pacifista israelí Ury Avnery retruca que el Estado de Israel también se proclamó de manera unilateral el 14 de mayo de 1948 sin consultar a nadie.
Netanyahu también acusa a los palestinos de eludir el Consejo de Seguridad en el cual los Estados Unidos pueden bloquear cualquier decisión con su veto. Pero, este argumento tampoco tiene sustento cuando uno revisa la historia de Israel. El Estado judío se proclamó sobre la base de la resolución 181 aprobada por la Asamblea General de la ONU el 29 de noviembre de 1947, que dictaminaba la partición de Palestina en un Estado árabe y otro judío. No hay dudas de que la diplomacia palestina está confrontando a la israelí ante su propio espejo.
Hay algunos políticos más a la derecha de Netanyahu que proponen que, en represalia, Israel debería anexarse formalmente todos los territorios palestinos ocupados hasta el presente y ponerle fin a toda mención de negociaciones con los palestinos. Los más extremistas quieren también que se fuerce un éxodo de todas las poblaciones no judías que viven dentro de las actuales fronteras de Israel porque en 2030 la población no judía con derecho a voto será mayoría, con lo que el carácter judío del Estado podría llegar a su fin por la vía de la demografía y de las urnas.
El ex primer ministro y actual titular de la cartera de Defensa, Ehud Barak, le advirtió al premier Netanyahu que no está siendo realista. Barak alerta que la resolución de la ONU será un tsunami para Israel, y que por tanto Netanyahu mostraría su sabiduría si de algún modo hiciera un trato con los palestinos ahora, antes de que pase la resolución. Barak –que no es un blando–, probablemente esté en lo cierto. Sin embargo, la posibilidad de que Netanyahu siga este consejo e intente, con seriedad, hacer un tratado con los palestinos antes de la Asamblea General de septiembre , es casi inexistente.
En una entrevista con el suplemento dominical del diario Haaretz, le preguntaron a Ehud Barak si el líder palestino Abu Mazen había tomado otro rumbo del que se esperaba: “Sí, él eligió utilizar el poder blando. Los palestinos pueden llegar a utilizar las técnicas de Gandhi en la India”.
El mayor temor de Barak está, justamente, en que los palestinos adopten sólo el camino de la no violencia, de las marchas masivas, huelgas, boicot, llamamientos a la ONU, flotillas humanitarias.
Este gran temor se hace realidad ahora y una represión violenta contra la flotilla de la Libertad puede convertirse en el catalizador de la nueva insurrección palestina. Independientemente de lo que ocurra con las revueltas en el mundo árabe, los palestinos, aún los más conservadores, están al borde de lanzar una tercera intifada porque parecen haber abandonado la idea de que puede haber un arreglo negociado con Israel. A diferencia de las dos insurrecciones anteriores, la tercera Intifada tendrá el apoyo de países como Egipto que ya ha dado señales en ese sentido, y el rey jordano Abdulá ha dado indicios de que también lo haría.
Israel no sólo carece del derecho de frenar a la flotilla, sino que la historia del Estado hebreo está signada justamente por los relatos de los barcos que en 1945 –es decir, tres años antes de la fundación del Estado–, rompieron el bloqueo británico y llevaron armas e inmigrantes judíos a las costas de Nahariya.
Ahora, Israel parece condenado a repetir su error de hace un año cuando sus comandos abordaron los barcos fletados a Gaza. El primer ministro y el ministro de Defensa han prometido que esta flotilla tampoco pasará. Israel se apresta nuevamente a hablar el lenguaje de la fuerza.

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