Los primeros 10 años de la Otff

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Año 4. Edición número 180. Domingo 30 de octubre de 2011
A su manera. La Orquesta Típica Fernández Fierro ofrece una mirada muy personal del tango.

No es poca cosa: la Orquesta Típica Fernández Fierro celebrará oficialmente sus 10 años de existencia este miércoles a las 21.30, en el Teatro ND/Ateneo (Paraguay 918). El grupo conformado por Julio Coviello (bandoneón), Eugenio Soria (bandoneón), Santiago Bottiroli (piano), Alfredo Zuccarelli (cello), Charly Pacini (viola), Federico Terranova (violín), Walter Chino Laborde (voz), Pablo Gignoli (bandoneón), El Ministro (bandoneón), Yuri Venturín (contrabajo y dirección), Pablo Jivotoschii (violín) y Bruno Giuntini (violín) trabaja en forma de cooperativa, sostiene una sala propia (el Club Atlético Fernández Fierro) y la flamante Radio Caff y, ante todo, le dio vida a una estética –tanto musical como simbólica– de gran audacia y personalidad.
El show en el ND/Ateneo incluirá un repaso de sus cinco discos y el estreno de nuevas composiciones. La Otff sorprende y atrapa en sus actuaciones en vivo con una estética abrasiva y provocadora, casi punk. Este desentendimiento del protocolo tanguero les valió simpatías y también rechazos. Pero el aporte más decisivo de la orquesta pasa por lo musical. Nacieron con Osvaldo Pugliese como referente ineludible, pero conforme se desarrolló su carrera dotaron a sus composiciones e interpretaciones de una violencia inusitada, acentuaciones distintivas y un sonido estruendoso tan propio como inequívoco. “Somos una máquina infernal que sólo se detiene al fin del precipicio”, aseguró alguna vez Yuri Venturín. La definición no suena de ninguna manera descabellada.

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    Mucho más allá de lo gestual y lo ideológico, el quinto álbum de la Otff exhibe un pulso tan arrollador como inequívocamente propio. La orquesta resuena como una tropilla a punto del desbande, pero siempre se mantiene a dos centímetros del precipicio.

    Reina Noche
    Alfredo Tape Rubín

  • La vida se alimenta de casualidades, encuentros fortuitos y excusas. Pero también de voluntades. La reedición del libro Leopoldo Federico, el inefable bandoneón del tango (Gourmet Musical Ediciones) es en sí misma una muy buena noticia y al mismo tiempo una gran excusa para ejercer la voluntad de referirse a un músico único. Protagonista fundamental de la historia del tango –acaso el que expresa con mayor equilibrio la comunión entre lo clásico y las nuevas formas–, Federico supo dejar huella como intérprete, arreglador, director de orquesta y compositor.

  • El tango es una de las formas artísticas más potentes y originales surgidas en el siglo XX. Un ejército de instrumentistas, cantantes, directores, compositores, arregladores y letristas, moldearon una obra formidable e imperecedera. Sobre la segunda mitad de ese siglo las formas de consumo y la dinámica de la industria cultural global comenzaron a desplazarlo del centro de la escena. Esa postergación fue vivida con recelo y favoreció cierta parálisis creativa.

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    En el 2012 también

  • Quizás sea el mejor momento del género en décadas. Las tanguerías se abarrotan casi todos los días de la semana, el turismo propone una demanda constante y sonante, cada vez más jóvenes se interesan por un patrimonio cultural único en el mundo y se multiplican los músicos y las ediciones. Al mismo tiempo, los espectáculos concebidos para los visitantes extranjeros y los usos y costumbres en los espacios consagrados al baile favorecen la parodia y, en el mejor de los casos, la repetición de una obra valiosa, pero que como toda lengua viva necesita nuevas expresiones.

  • Estrictamente no se puede decir que la noticia sorprendió. Una enfermedad de las bien difíciles lo perseguía desde hace tiempo y complicaciones varias lo obligaban a internaciones recurrentes. Pero conmovió hasta los huesos. El Chango Farías Gómez murió el miércoles pasado, a los 73 años. Las reverencias y fanfarrias formales que suelen copar estas circunstancias no le sentarían bien.