Los chicos no leen”, repiten como un mantra los docentes en las salas de profesores de escuelas secundarias de todo el país. El problema no es nuevo. Según datos de la Cámara Argentina del Libro en 2003 los alumnos de las escuelas leían, en promedio, menos de un libro por año. En diez años el porcentaje había disminuido a la mitad. En un país que se jactaba de haber sido parte del primer mundo, el nivel de lectura era similar al de los países pobres de África y Asia. Con esos números como desafío, desde el Ministerio de Educación de la Nación se lanzó una campaña de promoción de lectura que acercó libros de cuentos a las canchas de fútbol, a los hospitales, a los medios de transporte y hasta a las peluquerías. En 2008, con la dirección de Margarita Eggers Lan, ese impulso inicial se canalizó en el Plan Nacional de Lectura –fusión de la Campaña Nacional de Lectura con el Plan Nacional de Lectura que venían funcionando desde el 2003– que desembarcó en las escuelas con acciones rupturistas para el ambiente educativo y, sobre todo, con muchos libros.
En pos de federalizar las estrategias de lectura, el Plan Nacional coordina actividades con los Planes de Lecturas de todas las provincias. Ángela Pradelli, escritora y docente, es la encargada de coordinar en la región bonaerense desde el 2009. A Pradelli la acompañan Andrea Lobo y Cristina Ibáñez, también escritoras y docentes. Esta simultaneidad les permite tener el conocimiento necesario del aula tanto para captar las demandas de los docentes, como para indagar la forma de restablecer el vínculo de los chicos con el libro.
Al Plan Provincial de Lectura en las Escuelas lo promueve la decisión política de editar o comprar libros para que lleguen al aula. Esta estrategia, además de fomentar la lectura, pretende recomponer el espacio histórico que tuvo el libro para anteriores generaciones de estudiantes, suplantado en los últimos años por las fotocopias como material de estudio. Ya están circulando por las escuelas la colección Buenos Aires de lectura, cinco cuentos destinados al nivel primario y cinco al secundario. Por otra parte, se estableció una Biblioteca Básica de diez obras de autores argentinos –prologadas por escritores contemporáneos–, seleccionadas en el 2008 por docentes, académicos y escritores convocados en mesas de discusión por el Director General de Cultura y Educación bonaerense, Mario Oporto.
Sin embargo, sólo con el libro no alcanza. La máxima del programa es “quien no lee no puede demandar lectura”. Entonces, para despertar la curiosidad de los estudiantes, desde el Plan Provincial se brindan talleres de escritura, encuentros de narración oral, funciones de teatro y se realiza el ciclo de conferencias La lectura, un camino de inclusión, donde participan reconocidos intelectuales como Ricardo Piglia o Carlos Skliar, frente a auditorios repletos de maestras que lo viven con euforia.
A estas iniciativas se suma lo que es, sin dudas, la acción más movilizadora del Plan: la visita de autores a las escuelas. Escritores como Guillermo Saccomanno, Eduardo Sacheri o Iris Rivera dejan de ser una foto carnet en la solapa del libro y entran de cuerpo entero al aula. Las experiencias son múltiples y variadas, tanto para alumnos como para escritores: van desde recibir la admiración absoluta, pasando por una calurosa discusión de los textos, hasta el enfrentamiento con la realidad más cruda de los excluidos sociales.
En lo que va del año, más de 6.800 chicos de diferentes niveles pasaron por alguna de las actividades del Plan Provincial; se repartieron más de 450.000 ejemplares de la colección Buenos Aires de lectura; una decena de escritores se acercaron a las escuelas y cientos fueron los docentes que pasaron por alguna conferencia. En el horizonte está la publicación de las conferencias para repartir como material de formación docente y la presentación en la Feria de Frankfurt de una antología de autores bonaerenses, que lleva cuentos de Miguel Briante y de Hebe Uhart entre otros. Parafraseando al cuento más corto de la historia de la literatura, se puede decir que cuando despertó la escuela pública, el lector todavía estaba allí.
