Los secretos de volver a la fuente (sonora)

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“El gran punto es cómo los autores nos relacionamos con los productores para tener más contenido en la ficción”.
El radioteatro y la ley de medios en la mirada de Marcelo Camaño, guionista de Vidas Robadas y Montecristo.

En tiempos de Twitter, Facebook y Youtube, el guionista Marcelo Camaño ( Resistiré, Vidas Robadas, Montecristo ) apuesta a un género que nació cuando las pantallas no atraían miradas y los sonidos eran la gran promesa de entretenimiento: el radioteatro. Junto a la periodista Miriam Lewin, hace Secretos Argentinos (AM 870, domingos a las 12 hs.), un ciclo que vuelve sobre hechos que ocuparon los titulares de los diarios de los últimos años y los convierte en una pieza radiofónica con actores de primera línea, un gran trabajo de edición y una investigación periodística seria que sustenta el guión.
“El radioteatro que se hacía antes ya no existe. Ojalá me dieran la posibilidad de hacer uno de lunes a viernes y contando una historia determinada. Secretos Argentinos es un ciclo de radio ficción que trata de tener aquel espíritu”. Antecedido por Víctor Hugo Morales y dando pie a Felipe Pigna, Secretos Argentinos desembarcó en Radio Nacional en mayo de este año y ya tiene asegurado su boleto para 2011.

–¿Cómo surgió la idea de retomar un género tan olvidado como el radioteatro?
–La actividad de la tele no me dejaba tiempo, pero hace mucho que tenía ganas de hacer radio. Y no en un momento de jubilación, sino de actividad plena, para que me crean que la radio puede ser un soporte de ficción nuevamente, como lo fue toda la vida y que por designio de los gerentes de programación dejó de serlo. Con Miriam Lewin teníamos la idea de convertir algunas investigaciones en ficción, pero como ella estaba en El Trece y yo en Telefé no era fácil. Entonces se le ocurrió presentarlo para radio.
–¿Cómo fue tu adaptación al soporte y con qué dificultades o ventajas te encontraste?
–La ventaja es que podemos hacer de todo, porque todo está en la imaginación del oyente. Podemos estar en un Aeropuerto, en Tribunales o en la Antártida, que bien relatado el oyente lo entiende. Se abre una tensión muy interesante. Tuve que hacer mucho hincapié en cómo mejoramos la calidad de lo que se escucha; si íbamos a trabajar con un lenguaje más rebuscado o más coloquial. Y como mayormente nos basamos en casos periodísticos muy conocidos, hay algo de eso que resuena en el público, entonces elegimos una manera un poco mugrienta. Es decir, en algunos capítulos el lenguaje está bastante desordenado, para que tenga que ver con el caso que estamos mostrando. Con el equipo de guionistas tratamos de hacer un trabajo un poco más fino, y que las malas palabras aparezcan cuando tienen que aparecer y que la gente hable como tiene que hablar.
–¿Eras oyente de radioteatros?
–Llegué a compartir alguno de los últimos de Alberto Migré en Radio Ciudad, cuando hacía Permiso para imaginar . En ese ciclo adaptó toda su obra y tenía un elenco estable de actores. Y a veces invitaba a un grupo de guionistas jóvenes que lo seguíamos. Pero era una situación extrema para nuestro bienestar, porque Alberto era muy exigente, y cuando te quería lo era doblemente. Entonces terminábamos peleados y para preservar la relación, fue mejor no seguir.
–¿Y cuál es tu vínculo como oyente con la radio actual?
–Como oyente mi vínculo es de consumidor del aspecto más periodístico. Lo que sigo de la actualidad y el análisis está buenísimo, pero hay tanta pavada y tanto locutor que llena el espacio con llamadas de oyentes en algunos horarios… Es tan barato producir radio así que cualquiera tiene un espacio. Me parece que desde el Fontana show no se inventó nada nuevo, y los magazines y periodísticos son prácticamente iguales que hace 30 años. Creo que la radio abusa de lo periodístico y que la ficción tiene que volver a ocupar un espacio. Ojalá se prenda alguna otra radio a hacer ficción, porque no es tan caro hacerlo, hay que tener voluntad de gestión.
–¿Los actores se enganchan con la propuesta?
–A los más grandes los trae cierta melancolía; los más jóvenes vienen por curiosidad, y por lo general se van queriendo volver.
–¿Cuál es el criterio de selección de historias?
–Con Miriam dudamos mucho de por dónde arrancar; ahora vemos que algunos casos rinden más. Los policiales siempre interesan, como el asalto al Banco Río o el caso Barreda, son muy atractivos. Armamos un sumario y tratamos de respetarlo, además de ir mechando entre policiales y casos más políticos, como el de las coimas en el senado o las escuchas ilegales del gobierno de Macri.
–Personalmente, ¿cómo surge tu interés por abordar temáticas de alto compromiso social desde la ficción?
–A mí me interesa mucho estar informado, saber dónde y con quién estamos viviendo. También creo que mi trabajo me fue llevando hacia ahí por los productores que pude tener. Me tocó estar en Telefé con Villarroel y Bernarda cuando respaldaban novelas como Montecristo o Vidas robadas . Me llamaron para eso, no para hacer una novela simplista sobre una mucama y el patrón. Eso me aburre, me parece anticuado y quien lo mira lo hace para divertirse y no para identificarse. Quien me llama para laburar sabe que tengo este estilo, sin desestimar los otros. Todos podemos convivir en esta gran tele. Ojalá a medida que aparezcan los medios nuevos haya más laburo para todos.

Somos guionistas, queremos guionar. El rating, la crisis financiera mundial, los monopolios e incluso la audacia –o falta de– son sólo algunos de los factores que traen como resultado la televisión que miramos. En este sentido, Camaño se esperanza con la llegada de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, y dispara: “Hay unos pocos que quieren que sólo a ellos les vaya bien. Hoy los canales se están achicando”.
–¿Creés que hoy existe un contexto favorable para contar este tipo de historias?
–Creo que sí. En los ’90 también había gente con ganas de abordar estas temáticas, pero ahí arrancó la privatización de los canales e inmediatamente se tenían que hacer grandes éxitos, meter lo más popular para que entre dinero. Pedirles hacer una novela sobre hijos de desaparecidos era impensado. La gran ausencia en este momento es de productores que quieran hacer cosas, no te digo distintas porque no se trata de ponernos modernos, sino de contar lo que le pasa a la gente sin la necesidad de que tenga que medir 48 puntos de rating. Si hay un unitario que mide 13 puntos está muy bien. Faltan interlocutores claros con quienes puedas conversar un proyecto, sin que sea la misma puesta de siempre. Por ejemplo, Vidas robadas se trató del tráfico de personas; nuestra intención era hacer una gran novela y un buen entretenimiento. Si de ahí se desprendía otra situación, bienvenida. Pero hoy, ¿a qué productor le llevo una idea así? Está difícil. El gran punto hoy es cómo nosotros, como autores, nos relacionamos con nuestros productores para que tengamos un poco más de contenido en la ficción y que a ellos les siga resultando un negocio. No es tan grave lo que pedimos.
–Sin embargo, en la pantalla hoy no se ve mucho de eso.
–No. Y hay mucha gente que se fue y mucho pendejo que se recibió en tele y cree que es productor. Los grandes productores ahora están en sus casas mirando esta tele.
–¿Se dio entonces un vacío por el recambio generacional?
–Hay un vacío grande. Primero, porque cualquiera se pone una productora independiente. Empiezan a asumir gastos para generar productos que tienen que poner en algún canal y así empiezan los desmadres. Y las grandes, que todos sabemos cuáles son, intentan que las más chicas no crezcan. Esto también tiene que ver con el monopolio.
–En este contexto, ¿cómo recibís la nueva ley de medios?
–Es la gran esperanza. Que la nueva ley genere a nuestra industria muchos más puestos de trabajo. Las grandes productoras dicen que esto es mentira porque la torta publicitaria se va a repartir mucho más y por lo tanto va a ser menos para todos. Se viene una época en la que vamos a tener una lucha cuerpo a cuerpo con esto. A mí me parece apasionante. Todos queremos trabajar y que a todos nos vaya bien. El tema es que hay unos pocos que quieren que a ellos los vaya bien nomás. Los canales se están achicando.
–¿Debido a…?
–Debido a lo que se viene, ya se están preparando. Las señales van a quedar como depositantes de productos comprados. No creo que sigan produciendo. Los noticieros son propios, pero lo demás está tercerizado en productoras. Lo más esperanzador es que el 9 empiece a producir y termine con las latas. El tema es que hay una punta en la ley que es medio tramposa, porque el 60% de producción local que exige no habla de ficción. Lo que está pasando en los canales, y en el 7 casi de forma militante, es que hay muchas ganas de hacer. Los productores de planta tienen ganas de tener la novela de horario central, la de las 6 de la tarde, el programa de entretenimientos. El problema está en las cabezas empresarias. Y es una realidad que se ha achicado muchísimo el mercado publicitario.
–¿Y eso a qué lo atribuís?
–Básicamente, a la crisis de Europa y Estados Unidos. Las multinacionales, donde dejan de pautar, es en el Tercer Mundo. Hoy en una tira pedís dos extras y te miran como si fueras un terrorista. Está todo muy ajustado.
–Pero cuando se habla de rating, por ejemplo de los 30 ó 40 puntos que hace Tinelli, uno no se imagina este ajuste…
–Tinelli tiene una estructura tal que le permite pasarse 30 minutos haciéndonos creer a todos una ficción que nosotros, los que hacemos ficción, no seríamos capaces de hacer mejor. Él es el primer cómplice con el público en que “ojo, que esto no es cierto, pero hagamos de cuenta que sí”, y no sabemos por qué pero nos divierte. En eso, el tipo es un genio. Después hay que discutir hasta dónde somos una masa crítica de espectadores y podemos soportar que eso sea así día tras días. Ojalá las nuevas propuestas de los canales y el acceso libre a las nuevas señales tranquilice un poco este aspecto y nos dé un poco de esperanzas.
Mientras aguarda la inminente llegada de Conurbano , una nueva tira que cuenta con su libro y saldrá por la pantalla de Canal 7, y finaliza el rodaje del telefilm Manuel Belgrano , con su guión y dirección de Juan José Campanella, hoy, domingo al mediodía, Camaño se acomoda cerca de la radio para escuchar el caso Reggiardo, Una herencia sin paz , otro de los tantos secretos argentinos.

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