Luis Farinello: “Yorio sufrió la marginación de la Iglesia”

Año 3. Edición número 130. Domingo 14 de noviembre de 2010
Padre Farinello. Un testigo viviente del desdén de la cúpula eclesiástica hacia sus sacerdotes secuestrados. (TELAM)

Luis Farinello formó parte del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Una corriente que se originó en América latina luego del Concilio Vaticano II, en 1962, en contraposición al accionar distante de la cúpula eclesiástica con los sectores más vulnerables de la sociedad. Con su trabajo en villas de emergencia, los curas tercermundistas se involucraron en la concientización de los derechos básicos de las clases bajas. En plena dictadura militar, Farinello militó en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y denunció el terrorismo de Estado.
Fue en esos años de plomo donde conoció al padre Carlos Mugica y a Orlando Yorio, de quienes conserva su gran afecto por los más desprotegidos y su entrega total al sacerdocio. Asegura que la Iglesia como institución fue cómplice de la represión y dejó solos, fuera de toda protección, a los sacerdotes Yorio y Francisco Jalics quienes fueron secuestrados y torturados por represores de la Esma en 1976. Reconoce que Bergoglio, como muchos obispos, se reunía con la Junta Militar.
–¿Qué rol jugo la Iglesia con los secuestros de Orlando Yorio y Francisco Jalics?
–En el caso de Yorio y Jalics se los dejó solos. Una vez disuelta la comunidad del barrio Rivadavia, donde trabajaban, ningún obispo los cobijó. La Iglesia como institución no se la jugó por la vida ni salió a defender el derecho a vivir. Por el contrario, fue cómplice al fomentar en los militares la cultura teológica de la represión, para quitarles el sentimiento de culpa por sus barbaridades. El papel de la Iglesia con los militares en esa época atroz fue triste, esa alianza entre la espada y la cruz ha sido nefasta para los argentinos.
–¿Ésa fue la actitud de la Iglesia en su conjunto?
–Sólo muy pocos reclamaron. Algunos de ellos, el obispo de Quilmes Jorge Novak, quien junto a los obispos Miguel Hesayne, Jaime de Nevares, Alberto Devoto denunciaron la tortura y el asesinato de miles de ciudadanos por parte del terrorismo de Estado.
–El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, afirmó que fue a la Cancillería para pedir por los sacerdotes Jalics y Yorio, así como también visitó a Jorge Rafael Videla y a Emilio Massera, ¿los quiso proteger?
–Tal vez. Bergoglio sabía que Orlando y Jalics no eran guerrilleros. Claro que tenían una línea más tercermundista, más transparente con los fieles. La jerarquía eclesiástica no comprendía esta opción por el trabajo en las villas. Bergoglio seguramente tuvo conflictos con Yorio y Jalics por su visión más jesuita de la doctrina. Evidentemente existían dos corrientes dentro de la Iglesia: la ideología del nacional-catolicismo, presente en pastorales, homilías y declaraciones, y la Iglesia a partir de los pobres.
–¿Cómo era la relación entre los obispos y la dictadura?
–Algunos obispos se reunían cada tanto con los militares cuando tenían algún sacerdote que estaba detenido o perseguido. Otros superiores ni siquiera se preocupaban. La cúpula eclesiástica se reunía con la Junta Militar para hablar, discutir, pero eran momentos de ser profetas y denunciar lo que ocurría en el país. Eran momentos de gran tensión y se necesitaban decisiones concretas. La realidad es que la mayoría optó por el silencio y la complicidad. Novak, De Nevares sí se involucraron más e intentaron darle protección a Orlando en su arquidiócesis cuando ningún obispo lo aceptaba. Finalmente Novak lo ayudó a Yorio a salir del país. También es cierto que gran parte del episcopado confraternizaba con los ejecutores del terrorismo de Estado. Un mínimo de responsabilidad exigía que la Conferencia Episcopal hubiera convocado a las organizaciones de derechos humanos para conocer un punto de vista distinto y estar en condiciones de formarse un juicio fundado. Faltó una acción institucional que enfrentara la totalidad del problema y que incluyera la situación de los detenidos-desaparecidos. Desde el punto de vista pastoral hay algo más grave todavía y es la negativa del episcopado a prestar protección y apoyo material y espiritual a las víctimas de la represión ilegal y a sus familias.
–Usted conoció personalmente a Orlando Yorio, ¿qué puede decir de él?
–Yorio sufrió mucho por la marginación de la Iglesia. Se sentía muy solo. A veces la Iglesia por su estructura no es libre para decir la verdad. Orlando, todo lo que hacía era intentar mejorar la situación de los más vulnerables. Fue un hombre con un gran corazón, muy cercano a Jesús en su manera de estar con los más pobres, los más necesitados. Yo lo quise mucho, fue un tipo extraordinario.

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