Macri hace agua por todas partes

Macri en su última conferencia de prensa. Apuesta al “honor” de sus legisladores cuando deban votar por su inocencia o culpabilidad. (TELAM)
Los cambios desesperados en la estrategia defensiva del jefe de gobierno revelan la fragilidad de su situación. Cada vez más broncas internas contra durán barba y el propio líder del Pro.

A partir de la confirmación de su procesamiento como miembro de una asociación ilícita, la personalidad aristocrática, autoritaria, blindada e incombustible de Mauricio Macri, comenzó a agrietarse de un modo tan inesperado que –hasta hace un par de meses–, nadie hubiera podido imaginar los acontecimientos que durante estos días conmovieron a la ciudad de Buenos Aires.
La ratificación de su procesamiento coincidió con una transformación apenas perceptible en Mauricio Macri: primero apareció con un moretón en el ojo y explicó que había recibido un codazo mientras jugaba al fútbol.
Ese moretón tuvo la extraña virtud de borrarle las bolsas de los ojos, pero inmediatamente después recibió el fallo de la Cámara Federal que tuvo el efecto de un cross a la mandíbula. Obsesionado con su imagen, el imperturbable Macri tomó –frente al espejo– una decisión trascendental: afeitarse el bigote. Más que una cuestión de frivolidad o coquetería, ese cambio cosmético revela que el desenlace de la causa por las escuchas ilegales, derrumbó de un día para el otro la imagen del orden perfecto que él, como alcalde, creía haber establecido en Buenos Aires: primero fue abandonado a su suerte por la plana mayor del arco opositor y casi simultáneamente fue desautorizado por su padre –que llegó a autoincriminarse en la causa de las escuchas–, pero que no está dispuesto a tolerar que su díscolo hijo incrimine falsamente a Néstor Kirchner. Frente al espejo, Mauricio Macri se enfrentó –por un instante– a un fantasma, su propio fantasma. La arrogancia que lo ha atrapado, ahora amenaza con perderlo.
Desde que volvió de República Dominicana el alcalde cambió de postura de manera errática. Primero dijo que había instruido a sus abogados para apelar a Casación. Al rato, pidió el adelantamiento del juicio oral. Más tarde rechazó con énfasis la propuesta de que se formara una comisión investigadora y la posibilidad de pedir licencia. Por último, en una maniobra desesperada, dio vuelta sobre sus propios pasos y concibió la tramposa jugada de proponer su enjuiciamiento especulando con que la mayoría del PRO lo absolvería de manera expeditiva.
Macri esbozó esta audaz jugada el martes por la noche durante una cena con sus amigos del colegio Cardenal Newman en el restaurante Sottovocce de Puerto Madero. Luego de afilar números y contar porotos, se reunió esa misma noche con la mesa chica que integran Gabriela Michetti, el jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta, el secretario general Marcos Peña y el presidente de PRO, José Torello, que había estado en la cena.
El simplista razonamiento del jefe de Gobierno fue el siguiente: el PRO tiene 19 votos de los 45 de la Sala Acusadora. Con ese número, el macrismo puede entonces bloquear el inicio del juicio político, pero tendría que pagar el elevado costo que implica trabar las propuestas opositoras de conformar una comisión investigadora.
En la cúpula macrista temen que aparezcan nuevas evidencias que comprometan a Macri con las escuchas ilegales y esto podría precipitar nuevas deserciones en el bloque del PRO. Tanto Mauricio como su padre Franco saben que en las escuchas a su cuñado, el parapsicólogo Néstor Daniel Leonardo –cuyo contenido no se ha difundido–, hay suficientes evidencias para condenarlo. Por eso Franco tomó distancia de Mauricio. Esta lenta agonía bien podría terminar en la destitución a través del juicio político. Tomando la iniciativa, Macri intentó escaparle a la catástrofe.
La jugada macrista apuntaba –entre otras cosas–, a prolongar el debate más de cuatro meses con lo que quedaría absuelto automáticamente. Si lograra este objetivo, el jefe de Gobierno estaría a salvo, porque no podría ser sometido a un nuevo juicio político por los mismos hechos.
Cuando quedó claro que los bloques opositores en su conjunto iban a rechazar el tratamiento sobre tablas –que requiere dos tercios; es decir, 40 votos– el macrismo optó por enviar el proyecto a la Comisión de Asuntos Constitucionales que preside el macrista Martín Ocampo. Allí hay siete legisladores del PRO y ocho opositores, por lo cual el pedido de juicio podría salir como dictamen de minoría.
“El jefe de Gobierno ha dado muestra de su soberbia sin límites pretendiendo elegir quiénes, cómo y cuándo evaluarán su conducta”, apuntaron los diez bloques opositores, que representan 35 bancas. “No vamos a prejuzgar para garantizar su impunidad ni para condenar por apariencias. Recalcamos que ya existe el ámbito natural de la Justicia ordinaria”, advirtieron.
Mientras tanto, en el seno del PRO empieza el “sálvese quien pueda” y sus dirigentes empiezan a vislumbrar que no sólo se les está escapando la Casa Rosada, sino que ganar otra vez en la Ciudad será casi una hazaña.
Varios referentes macristas reclaman el desplazamiento del gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba porque están convencidos que la estrategia de Macri –que no explica ni argumenta, sino que ataca–, conduce al PRO a una catástrofe. Entre los más decididos están Diego Guelar y Federico Pinedo, pero no están solos. El influyente Jorge Macri –primo de Mauricio– también critica la estrategia delineada por Durán Barba.
Los críticos de la estrategia de seguir adelante como si no pasara nada resumen así su postura: “Mauricio quedó aislado políticamente. Felipe Solá y Carrió lo abandonaron y casi no hay ningún dirigente político que lo apoye”. El bloque en la Legislatura ya tuvo dos bajas –Daniel Amoroso y Mónica Lubertino–, que hasta hace un mes revistaban en el PRO y se pasaron al denarvaismo, esta semana se plegaron a la oposición que despellejó a Macri. Nadie descarta nuevas deserciones porque el bloque del PRO está anarquizado. Nadie está seguro de cuáles serán los números en la Legislatura y qué reposicionamientos se producirán.
Tal vez el apoyo del macrismo a la candidatura de De Narváez a la gobernación bonaerense le devuelva al PRO el voto de Lubertino. Pero puede ser que el precio sea más alto, porque en el bunker de Las Cañitas hay interés en que Pepe Scioli sea el candidato a vicejefe de la Ciudad acompañando a Gabriela Michetti.
Otros referentes del macrismo están convencidos de que el ocaso del PRO se encuentra a la vuelta de la esquina. Uno de ellos es el Ministro de Espacio Público, Diego Santilli, que fue obligado a ejercer una desganada defensa de su jefe en el programa A dos voces .
Otro caído en desgracia es el ministro de Justicia, Guillermo Montenegro, a quien se le achaca que –después de salvar su propio pellejo–, convenció a Macri de que los jueces de la Cámara Federal revocarían el procesamiento dictado por Oyarbide. A Montenegro le reprochan que las maniobras para convencer a los camaristas fueron desastrosas. En los despachos de los jueces aparecieron cinco o seis supuestos emisarios del gobierno porteño con argumentos distintos. Sólo consiguieron que fallaran –de manera unánime– en contra.
Al pragmático ministro y ex juez no le preocupa demasiado salvar a Macri. Su interés radica en mantener bajo su control el manejo de los asuntos estratégicos, mientras se forja un futuro como candidato a intendente de San Isidro.

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