Se van todos a la c… de su madre, Macri la puta que te parió”, declaraba un mantero en exclusiva a TN, a mediados del mes pasado, cuando un movilero le puso el micrófono tras contar que “hubo golpes” y que había “algunos manteros afectados por el gas pimienta y también el gas lacrimógeno que usó la guardia de Infantería de la policía Metropolitana”. La reacción del trabajador, además de por su situación laboral y el ardor ácido de los gases paralizantes, se debía a que el periodista empezó su relato asegurando que el origen de los disturbios había sido un enfrentamiento entre los vendedores de la calle Florida.
“El Gobierno porteño nos criminalizó, mediante otra construcción mediática, y fue algo muy simbólico porque consiguieron que la gente se sienta como delincuente. La policía les roba la mercadería, los reprime, actúa sin ningún filtro, contra artistas, personas discapacitadas, que vendían helados, chucherías, en fin, vienen por todo”, dice uno de los Vendedores Libres, Omar Guaraz, del movimiento social Francisco Jofré. Agrega: “Hoy tratamos de que esto salga en los medios, que los hechos sean bien relatados, hace más de un año que los grandes medios ocultan o tergiversan lo que sucede aquí, es una vergüenza”.
La desgracia de los manteros formalmente empezó cuando el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, vetó la ley que regulaba la actividad de los vendedores callejeros, promulgada por la Legislatura días antes, en la sesión del 7 de diciembre último. Se acusó a los vendedores de ejercer competencia desleal, apropiarse del espacio público, vender mercadería de dudosa procedencia o de formar mafias. “Acá está la gente del último eslabón de la cadena, los que están fuera del sistema económico, los que fueron al Estado de la Ciudad de Buenos Aires a pedir subsidios habitacionales u otro plan, que les rechazaron, y acá tenían su única posibilidad de trabajo”.
El motivo, según Guaraz, se corresponde con que el legislador macrista, Cristian Ritondo, “retomó el proyecto de privatizar las 120 plazas más grandes de la Ciudad, igual que la calle Florida, y también quiere hacer peatonales a las calles subsiguientes. Para eso había que eliminar a los trabajadores del espacio público, lo que se hizo con el aporte de Clarín y La Nación, por ejemplo, transformando a los trabajadores en delincuentes. Hubo un bombardeo permanente, en medios gráficos, televisivos, periodistas bajando línea y demás. Porque –explica el referente– ni para la izquierda ni para la derecha la medida de reprimir el trabajo es popular, pero sí lo es reprimir a delincuentes. Así lograron allanar el camino para imponer la medida impopular”.
Los Vendedores Libres agrupan a alrededor de 250 trabajadores. Es gente muy pobre y muy humilde a la que hace un mes el Estado le prohíbe el trabajo. Ni siquiera están empecinados en volver a Florida, con tal de que el macrismo les permita trabajar. De hecho, el miércoles pasado pusieron sus mantas en la calle Reconquista hasta que se largó la lluvia. Volvieron al otro día a las dos de la tarde, con intenciones de quedarse hasta las cinco, pero a las tres llegaron unos móviles sin identificación, bajaron aproximadamente 12 (oficiales), intempestivamente agarraron los paños, los metieron en una bolsa, empezaron los forcejeos y terminamos con dos compañeras lastimadas”, cuentan, aunque aseguran que “son modalidades y mecanismos conocidos. Ya denunciamos que en los operativos conjuntos entre Espacio Público y Policía Metropolitana, también vemos barrabravas de Boca y de Nueva Chicago. Un par de meses antes de que nos corriera la Metropolitana de acá notamos la presencia de varias personas extrañas, de civil, que se metían en el grupo, se infiltraban, nos insultaban, nos golpeaban, e hicimos la denuncia en la Defensoría. Pudimos saber después que eran ex barrabravas de fútbol, que es el vínculo que tienen Macri y Ritondo con el fútbol. No serán más de 15 ó 20, y ahora su rol es el de, cuando nosotros cortamos, meterse en los cortes, generar tumultos, putear, agredir, tirar cosas”.
Según los trabajadores, a cargo del operativo de desalojo está, desde hace más de un mes, el ex comisario Carlos Arturo Kevorkian, quien fue cesanteado de la Policía Federal luego de que en 2005, un operativo de seguridad a su cargo en la cancha de Huracán, para el partido entre Chacarita y Defensores de Belgrano, terminara con un pibe de 17 años muerto. Una investigación interna lo encontró responsable de “homicidio culposo”. Pero, fiel a un estilo, a los cinco meses, Macri lo convocó para organizar la Metropolitana. Hoy es jefe de Investigaciones. Aunque varias fuentes afirman que, en realidad, es el verdadero jefe de la patrulla blanquinegra.
