Manuscrito hallado en una habitación

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El sábado 21 de agosto de 1999, a la noche, al llegar a la habitación de su hotel, José Saramago se encontró con un sobre, dirigido a su nombre, con membrete del Banco Central de la República Argentina. Supuso una equivocación, pero lo abrió. A medida que leía la carta, firmada y enviada por Pedro Pou –presidente de la entidad–, crecía su curiosidad. Y no era para menos. En la carta, Pou confirmaba la existencia de Herbert Quain. El día anterior, en la conferencia de la Fundación Borges, Saramago había tratado el tema del cuento del escritor argentino, Examen de la obra de Herbert Quain. En el cuento de Borges, Quain es un escritor irlandés, autor del libro El dios del laberinto. Saramago recreó a Borges haciendo que un poeta portugués (el personaje central de su novela El año de la muerte de Ricardo Reis) robara el libro de la biblioteca del barco Highland Brigade en el cual viaja a Inglaterra.
La carta de Pou –nos contó Saramago– adjuntaba la fotocopia de un documento que, según él, se guarda celosamente en el Tesoro del Banco. Con una caligrafía de época, y en una hoja de libro de contabilidad, se asienta, con fecha 28/12/1932, una transferencia hecha por ‘Fernando Pessoa, por cuenta de Ricardo Reis, a favor de Jerry Corrigan para la cuenta de Herbert Quain’ por un valor de $ 18. En otros renglones de la hoja podían leerse otros nombres y apellidos no menos conocidos: José Hernández, Alvaro Caeiro y Alvarado de Campos (apenas modificados, dos de los heterónimos utilizados por Fernando Pessoa) y Lucía Lamermour (la heroína de la ópera de Donizetti).
Saramago no podía creerlo; mucho menos cuando leyó qué esa supuesta transferencia –siempre según Pou– se había realizado en el ex Banco Argentino-Lusitano de Turdera, luego Banco Popular de Turdera. “Lo más irreal de todo esto –continuó Saramago– es que Pedro Pou no firmaba como un lector voraz de Borges, sino como presidente del Banco Central de este país, y en una posdata me proponía tomar un café para darme más información sobre el tema. Es una locura. Este señor Pou debe creer que soy tonto, que no sé que sólo en mi novela el personaje Ricardo Reis encuentra el libro de Quain”. Y culminó, como no podía ser de otra manera, con una mezcla de humor Saramago-Borges: “Es muy raro. En mi país a nadie se le ocurriría poner como presidente del Banco Central a un novelista. Indudablemente, Argentina es un país con muchas posibilidades”.

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