Mariotto con los pantalones largos
A fines de 2006, el entonces gobernador Felipe Solá contaba con amplias simpatías para ir por la re-reelección en la gobernación bonaerense. Contaba, además, con el apoyo de Néstor Kirchner. Un día, Solá citó a este cronista a la sede de la gobernación. “Necesito que me ayudes con un plan de comunicación para un plan de abordaje integral en la zona más compleja del conurbano”, me dijo el gobernador frente a un mapa satelital que tenía como foco un territorio atravesado por la contaminación del río Reconquista y los terrenos de relleno de la Ceamse. Se trata de un conglomerado de barrios donde viven más de cien mil bonaerenses, un tercio o más de la población del partido de San Martín. Sin cloacas ni obras de saneamiento, encima el camino del Buen Ayre fue construido sobre altura y contribuye al anegamiento de los barrios pobres. Solá fue terminante: “Tenemos información de inteligencia de que muchos de los delitos tienen bases operativas en algunas de esas villas y que las bandas tienen protección policial. Si no actuamos con una mirada integral de la seguridad, con trabajo, vivienda, obras de saneamiento y participación comunitaria no vamos a poder mejorar los índices de criminalidad”. Tras el pedido del entonces gobernador fui a recorrer algunos barrios que ya conocía con la idea de empezar a pensar dónde se podía instalar una radio comunitaria, dónde detectar líderes sociales para apoyarlos en sus tareas de comunicación, dónde encontrar temas que sirvieran al buen periodismo investigativo.
Solá no estaba solo en ese desafío. Su jefe de Gabinete era Mario Oporto, quien dirigía un ámbito interministerial donde estaban, entre otros cuadros, la responsable de niñez y adolescencia de la provincia, Cristina Tabolaro, y Martha Arriola, encargada de seguridad comunitaria del ministro de Seguridad de entonces, León Arslanian. Gabriel Katopodis, que entonces estaba en el Ministerio de Desarrollo Humano, también participaba desde su doble condición de cientista social y dirigente del partido de San Martín. Además, Solá contaba con varios dirigentes de peso, como Florencio Randazzo, que era el ministro de Gobierno. El presidente de la Cámara de Diputados provincial era nada menos que Alberto Balestrini, uno de los cuadros políticos más valorados en el kirchnerismo bonaerense.
El plan de Solá era un avance conjunto que partía de distintos logros. Los avances de Arslanian sobre las mafias de la Bonaerense, tarea en la cual Arriola hizo mucho a través de los foros de seguridad en los que la participación civil, permitió oxigenar espacios que eran cotos de mafias donde se integraban punteros, ladrones y policías. Pero, además, la concreción de la ley sobre adolescentes que terminaba con el sistema de patronato y que con tanto esfuerzo había logrado Tabolaro. Los pibes chorros –o no chorros– eran tratados toda brutalidad. Bien lo supo Jorge Taiana, cuando unos años antes fue secretario de Derechos Humanos de Solá y se pasaba de comisaría en comisaría tratando de evitar barbaridades.
Por esas cosas de la política, un plebiscito llamado por el entonces gobernador misionero Carlos Rovira cortó el camino a la reelección de Solá. Rovira quiso reformar la constitución de Misiones para ir por un tercer mandato y fue derrotado. Solá se dio cuenta de que el camino en territorio bonaerense estaba complicado y decidió no avanzar en el terreno electoral. Salido Solá de escena, apareció Daniel Scioli en carrera. Parecía raro que saltara de la Capital, su verdadero distrito, a la provincia, pero fue así. Empezaban otros tiempos. Con la buena imagen de Scioli y con su determinación de aceptar a los jefes de la Bonaerense y terminar con lo hecho por Arslanian. A tal punto que, por pedido expreso de los jefes policiales a través de Carlos Stornelli, el primer ministro de Seguridad, los días de Tabolaro y Arriola estaban contados.
La llegada de Ricardo Casal a Seguridad confirmó y profundizó el espacio recuperado por los punteros y jefes policiales con sólidos mecanismos de apriete y negocios con algunos fiscales, jueces o jefes políticos. Mecanismos que el vicegobernador Gabriel Mariotto no sólo conoce, sino que tiene la determinación de no aceptar y de denunciar tal como lo acaba de demostrar en una de las villas más grandes de esa zona de San Martín como es la Cárcova. Allí lo acompañó con claro protagonismo el ahora intendente Gabriel Katopodis. Ambos constituyen un ejemplo de valentía y determinación.
