Memorias del fútbol de verano

Año 5. Edición número 192. Domingo 22 de enero de 2012
(TELAM)
Se disputa el primer superclásico de la historia con Boca y River en diferentes categorías.

Antes de que el marketing deportivo tuviera espacios en el subte y en la TV, ya había tipos que estaban en tema. Alberto J. Armando dijo a mitad de los ’60 que Boca era la “mitad más uno” del país. Nunca registró el slogan, de lo contrario hubiese cobrado un buen dinero. De hecho, pasaron 45 años y a ningún publicista se le ocurrió una manera mejor de definir la popularidad de Boca. En esa misma época, el Puma vio que había mucho tiempo entre la finalización de un torneo oficial y el arranque del siguiente, y visualizó en la Costa el lugar para jugar al fútbol en verano. El primer torneo fue en 1968 y lo disputaron Boca, Rosario Central, San Lorenzo y Peñarol. El título quedó en manos del equipo de Boedo.
De a poco se fueron convirtiendo en un clásico, sobre todo para aquellos que vivían en el interior del país y tenían la posibilidad de seguir a sus colores por radio y ocasionalmente por TV. Para los equipos servía como una puesta a punto en las pretemporadas y como banco de pruebas de algunas promesas. En el verano del ’74, Pipo Rossi, entrenador de River, estaba viendo a los juveniles que mejor se perfilaban. En el hotel encaró a un jovencito recién llegado de Sarmiento de Junín con un “¿Se anima a jugar de tres?”. “Yo me animo, hay que ver si usted se anima a ponerme”, le respondió la promesa. Era Daniel Passarella.
En los ’80, el torneo de Verano fue la plataforma para que Boca estrenara sponsor. Aquel fugaz “Vinos Maravilla” fue el precursor del sponsoreo en el fútbol argentino. Su mentor era un joven bancario que pisaba fuerte como representante, Guillermo Cóppola. Eran épocas en que las copas de verano se llamaban simplemente Copa de Oro.
El más recordado de los superclásicos de los años ’80 se disputó el 28 de enero de 1987. River venía de ser campeón del Mundo ante el Estrella de Bucarest en Tokio y definía el torneo de Mar del Plata ante Boca. Faltando 15 minutos lo tenía ganado (3-1). Faltando cinco, el Pipa Jorge Higuaín descontó de cabeza y sobre la hora lo empató Enrique Hrabina. Boca, incluido su entrenador, Cesar Luis Menotti, lo festejó como si hubiese ganado un mundial; el empate lo favorecía. La revancha de ese partido, disputada también el 11 de febrero de 1987, significó la aparición de un puntero derecho riverplatense rubio, de pelo al viento e inalcanzable que cautivó a todos. River ganó 3 a 1. Claudio Paul Caniggia hizo uno y fue figura.

Tuya o mía. La lucha que se desató en el seno del empresariado en 1990 por quedarse con los derechos del Fútbol Argentino también se trasladó a los torneos de verano. Recova Producciones, propiedad de los hermanos Vigil, empresa tradicionalmente organizadora de los torneos, pulseó con TyC para quedarse con la exclusividad de los partidos del torneo local. No solamente no pudo, sino que también perdió los de verano. A partir de allí, el negocio dejó de ser la concurrencia masiva a los estadios, la aparición de algún sponsor o la venta de algún video con los goles del campeón para El Gráfico. Los derechos de televisación fueron el centro de la cuestión, como en el resto del fútbol.
Así las cosas, empezaron a multiplicarse y a variar las sedes. En 1991 se agregaron a la Copa de Oro, la Copa “Racimo de Oro”, disputada en Mendoza y ganada por el Newell’s de Marcelo Bielsa; la “Ciudad de Córdoba” que quedó en manos de Belgrano, y la “Copa de Neuquén”, obtenida por el Lanús de Russo.

Una más. A partir del ’92, se agregó la Copa Desafío. Una suerte de desempate entre Boca y River que se sumaba a los dos partidos que disputaban en los torneos tradicionales. En el ’94 Mendoza se sumó definitivamente como sede. El fútbol ganaba espacios en la pantalla del cable y con esto aparecieron algunas cláusulas específicas para el verano. La más osada exigía a los entrenadores colocar por lo menos ocho jugadores que hubiesen disputado al menos 11 partidos en el torneo anterior. Desoyendo completamente esto, Carlos Bianchi colocó un equipo entero de juveniles el 9 de febrero de 2000 ante River y se quedó con la Copa Ciudad de Mar del Plata, por 2 a 1, con goles del Chango Moreno y Sebastián Battaglia. Esto le costó el puesto al técnico más ganador en la historia de River, Ramón Díaz. Al verano siguiente, en un San Lorenzo descontrolado, Eduardo Tuzzio y Sebastián Abreu casi se van a las trompadas por patear un penal ante River. Los pésimos resultados veraniegos le costaron la cabeza a Oscar Ruggeri.
El flamante estadio de Sarmiento de Resistencia será una nueva sede. “El portal Urgente 24, publicó un dato. Las plateas para ver el partido son más caras que Real Madrid-Barcelona. En la platea más barata del Bernabeu se conseguían tickets por 90 euros, contra los $ 650, el precio más bajo de las plateas del estadio chaqueño. Esto es: Messi y Cristiano Ronaldo vs el Pochi Chávez y el Chori Domínguez; una final de la Copa del Rey vs. la Copa Luis Nofal; Madrid, una de las ciudades más ricas del mundo vs. Resistencia, rodeada de los índices de pobreza más altos de Argentina. ¿El precio será parte de una estrategia de marketing para seguir posicionando las copas de verano?.

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