Mil escuelas: balance de la política en educación

Año 3. Edición número 133. Domingo 5 de diciembre de 2010
Alumnos de primaria disfrutando de sus netbooks. Ya se están generando contenidos propios para las nuevas redes digitales de las escuelas. (TELAM) || Los alumnos primarios y secundarios de Quilmes se dieron el gusto de cerrar el año editando un libro propio y colaboraron con sus textos e imágenes en la salida de dos publicaciones: Historias (no) secundarias y Libro, estás?, editados por el Ministerio de Educación de la Nación y la municipalidad.
La multiplicación de recursos y sus impactos: más infraestructura y mayor conectividad, recuperación de las escuelas técnicas, mejora de los salarios docentes y muchas más becas, también en las universidades

Los tres millones de netbooks del plan nacional de inclusión digital, para nutrir las redes informáticas educativas, se suman al desarrollo de contenidos propios, desde criterios propios. También, más de mil escuelas construidas de cero en el ciclo 2003-2010. La resurrección de todo un inmenso sistema que había muerto por inanición, menemismo o ajuste: el de las escuelas técnicas. Multiplicación de los recursos destinados a educación, incluida la universitaria. Multiplicación también de las becas para todos los niveles. Salarios que en el caso de los docentes universitarios, en algunos casos, y siempre tomando el ciclo 2003-2010, se quintuplicaron. Como cierre o explicación, el dato central que suele subrayar el oficialismo: haber pasado de invertir en 2003 el 3,86 por ciento del PBI en educación (contra un 5 por ciento para el pago de la deuda externa), a invertir este año una cifra que equivale al 6,46 por ciento del PBI, contra el 2 por ciento para la deuda.
La inauguración por parte de Cristina Fernández de la escuela 1.000, “Néstor Kirchner”, en una localidad sanjuanina (mientras el ministro Alberto Sileoni hacía lo mismo con la 1.002 pero en Sumampa, Santiago del Estero, y Daniel Scioli con la 1.001, en Cañuelas) permite no sólo hacer un balance de la gestión educativa, sino un juego de contrastes, discursos e imaginarios. Es que si hasta hace pocos meses existía una hegemonía de relatos que asociaban al kirchnerismo casi puramente a la barbarie, a un populismo cromañón de conurbano, a un cuadro de clientelismo según el cual nuestros pobres no eran más que rehenes condenados a no ser nunca ciudadanos, los hechos duros de las políticas educativas configuran exactamente el imaginario opuesto. Si no alcanzara con la construcción de edificios escolares, si la obra pública destinada a la educación constituyera apenas un apéndice tolerable del peronismo, los programas masivos de inclusión digital son lo suficientemente elocuentes. Pero no sólo por la idea más o menos superficial de que cada chico reciba una computadora cual espejito tecno de color, sino porque, progresivamente, a esos planes se los está dotando de un conjunto de políticas articuladas que dan más sentido y potencial estratégico al plan conectarIgualdad.
Tras el puntapié inicial de distribuir desde este año hasta el 2012 tres millones de netbooks, hoy se está trabajando, por ejemplo, en la producción de contenidos de historia argentina, desde una visión argentina, con docentes e investigadores argentinos. El desarrollo de contenidos propios, avanzados y alternativos a lo conocido es un aspecto más que interesante y valioso que trasciende la entrega del “chiche nuevo” que los chicos simplemente podrían usar para chateos más o menos livianitos o para “copiar y pegar” sin mayor criterio, tal como se usó internet en las escuelas –como en el periodismo–, durante demasiado tiempo. Apostar a la producción y generación de contenidos propios implica superar determinadas dependencias culturales y los usos tontos de internet, un espacio ni tan maravilloso ni tan igualitario ni tan transparente ni tan democrático como se lo pinta, según se lo puede mirar desde el Sur.

Construir a lo pavo. Según informa la página web del ministerio de Educación, desde el 2003 a hoy se terminaron de construir 1028 edificios escolares. Hoy existen otras 846 obras en ejecución. Cuando se trataba del plan 700 escuelas, ante lo bruto de la cifra, el Gobierno abrió una página en internet como para que algún ciudadano legítimamente suspicaz pudiera comprobar por sí mismo que efectivamente las setecientas escuelas, una foto por cada una, eran setecientas. Puede revisarse lo hecho si se atiende a la larga lista de entrega de establecimientos e inauguraciones, el plan de obras, las realizadas y las por realizar, por provincia, departamento y localidad. Las primeras fueron las edificadas en La Matanza, las últimas en Santa Clara y Villa Gesell. En el medio, un sinfín de localidades de todo el país: desde la Ciudad de Buenos Aires a Florencio Varela, de Curuzú Cuatiá a Quilmes, de San Fernando a Chivilicoy, 3 de Febrero, Lomas de Zamora, Berazategui, Marcos Paz, Córdoba, la comunidad Mby Guaraní, Chaco; Wilde, Lanús, General Pinto, Concordia, Tandil, Oberá, Las Heras. Lo invertido en infraestructura escolar, es decir, todas las escuelas construidas, refaccionadas o ampliadas, implica un monto de inversión de $5.412.851.285.
Cuando en septiembre de 2005 se sancionó la Ley de Educación Técnico Profesional se creó un fondo de recursos para la “mejora continua de la calidad de la Educación Técnico Profesional” que pudiera sustentar la inversión necesaria. Desde el 2009 se incorporaron como líneas de acción el equipamiento informático de aulas para estudiantes del último año de cada especialidad de ETP de nivel medio y la refacción de los establecimientos. Vale recordar un dato cultural/laboral acaso ya olvidado devenido de nuestros sucesivos estallidos económicos: cuando comenzó la recuperación industrial, se descubrió con alarma que la sociedad argentina había perdido oficios tan elementales como el de tornería. En 2003 se invertían 6.700.000 de pesos en las escuelas técnicas. En 2010 la cifra pasó a $595.500.000. El incremento es de 8.788 por ciento. Semejante aumento se explica en buena medida porque en 2006 comenzó a aplicarse, precisamente, el Fondo de Mejora, con aportes del Tesoro Nacional (ver nota aparte).
Cada uno de estos datos, y los que seguirán, se subordina y entiende en una estrategia macro, la de los mayores recursos dedicados al financiamiento de la educación. En 2003, los $14.500 millones invertidos implicaban el 3,86 por ciento del PBI. En 2010, el salto a 94,3 mil millones explica el 6,46 por ciento del PBI señalado más arriba. Se trata de un 523 por ciento de incremento.
De allí también se desprende la posibilidad de haber llevado adelante una estrategia de recomposición salarial para el sector docente. En 2002, la masa de recursos dedicada a salarios de la educación común y la universitaria era de 385,2 millones de pesos. En 2010 habrán sido 2.039 millones. El aumento en el ciclo analizado equivale a 430 por ciento. La suba se hace aún más notoria cuando se trata de salarios de docentes universitarios. En lo más alto de la pirámide, un profesor titular con dedicación exclusiva y máxima antigüedad pasó de cobrar 2.259 pesos en diciembre de 2003 a 11.500. Sin antigüedad, el docente que cobraba 1.042 pesos, hoy recibe 6.275, un aumento del 435 por ciento, contra un incremento en el costo de vida que, según los datos consignados por el ministerio, fue del 71,08 por ciento en el período. Otra pauta es la del financiamiento universitario en general. Contra la cifra del 2003 de $1.962.000.000 (el 0,52 por ciento del PBI), en 2010 fueron $12.330.000.000, el 0,88%. El incremento es del 528%.

No muerden. Desde 2004 hasta 2010, el ministerio de Educación distribuyó más de 30.000.000 de libros de texto, de literatura y otros, además de millones de publicaciones en espacios no convencionales: canchas de fútbol, terminales de ómnibus, transportes. Esos programas parecen tener la impronta de lo hecho por Daniel Filmus desde que fue ministro de Educación en la Ciudad de Buenos Aires, primero (y pensar que tuvimos a Abel Posse por unos días…), y de la Nación, después.
Lo mismo sucede con los programas de becas que se multiplicaron de manera exponencial. En 2010 las becas escolares se subsumieron en la Asignación Universal por Hijo hasta beneficiar a 3.996.878 chicos, con una inversión de $2.025.769.690. Respecto de la AUH, ya se publicaron en este diario algunas cifras sobre su impacto en la educación: 250 mil pibes que volvieron al sistema escolar, por ejemplo. Específicamente en lo referido a becas universitarias, se pasó de las 2.756 del 2003 a 49.920. 32.345 de ellas corresponden al programa Becas Bicentenario, 15.575 al plan nacional de becas y 2.000 a lo relacionado con las nuevas tecnologías de la información. Si en 2003 se invertían $6.890.000 en becas universitarias, en 2010 fueron $208.250.000, un incremento de 2.922 en el período. La inversión total en becas universitarias en el período 2003-2010 fue de $592.287.300.

• El retorno de las escuelas técnicas
La ley de Educación Técnica 26.058 sancionada en 2005 permitió generar instrumentos para la mejora de la calidad de la educación técnico-profesional y –según lo explica un documento de trabajo del ministerio de Educación– “instituyó un mecanismo de financiamiento para permitir que las instituciones de la modalidad pudieran alcanzar las condiciones que garantizaran una educación de calidad”.
Ese instrumento es el Fondo de Mejora mencionado en la nota central de estas páginas. Sus recursos provienen de aportes del Tesoro Nacional a partir de una suma anual equivalente al 0,2 % del total de los ingresos corrientes previstos en el presupuesto anual del Estado. Los recursos se distribuyen en las provincias según una fórmula polinómica. Trasladado a números concretos, el presupuesto destinado por el ministerio de Educación al sistema de las escuelas técnicas pasó de los 6,7 millones de pesos destinados en el 2003 a 595 millones en el 2010 y a los casi 813 millones previstos para el año que viene.
El año bisagra fue precisamente aquel en el que comenzaron a llegar los fondos previstos por la ley, el 2006, cuando se invirtieron 270 millones. A partir de entonces, el total de lo ejecutado fue de alrededor de 2.000 millones de pesos distribuido entre 2.547 establecimientos técnicos. El destino del dinero tiene que ver con la capacitación docente, políticas de igualación de oportunidades, proyectos de articulación con instituciones de Ciencia y Técnica y del sector socioproductivo, “prácticas profesionalizantes, equipamiento, certificación de condiciones de Higiene y Seguridad, acondicionamiento edilicio, conectividad a internet y bibliotecas técnicas especializadas”.
Entre 2006-2009 se distribuyeron 42.000 becas de estímulo para estudiantes de carreras técnicas de nivel secundario, con una inversión de 165,6 millones de pesos. También se editaron y distribuyeron entre los estudiantes dos millones de ejemplares de 20 publicaciones sobre Ciencias Naturales y Matemática, elaborados por docentes universitarios, investigadores y becarios del Conicet. Además, se produjeron seis series de televisión con un total de 57 programas en coproducción con el canal Encuentro. Las copias de esos programas, acompañadas con guías didácticas, llegarán a todos los establecimientos de la educación técnica.

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