“Militancia y gestión no siempre coinciden”

Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012

La principal diferencia entre nuestra generación y las anteriores tiene que ver con el contexto en el que empezamos a involucrarnos en política. En los ’60 y ’70, con gobiernos dictatoriales, faltaban canales de participación. Eso generó una práctica que se constituyó desde la resistencia, muchas veces armada, y que, necesariamente, se reflejó en la lógica política de esas organizaciones. La construcción en la clandestinidad llevó a una radicalidad muy fuerte”, señala Francisco D’Alesssio, dirigente de Nuevo Encuentro. Su visión avanza sobre los años ’80 para señalar que, a partir de ese momento, la construcción cambia radicalmente. “Algunas organizaciones se construyeron con la recuperación democrática. Sin embargo, el fracaso de la política de derechos humanos y la imposición de los grandes grupos económicos marcaron la década. Eso llevó a la resignación y desmovilización, lo que a su vez devino durante los ’90 en una generación que pensaba que la política no tenía capacidad para transformar la sociedad. Se dejó de cuestionar y se comenzó a gestionar para los factores económicos más concentrados. El grupo Sushi es un claro ejemplo de esa resignación”, dice D’Alessio.
–¿Qué dejó la crisis de 2001?
–La crisis y la gestión presidencial y política de Néstor Kirchner condujeron a la revalorización de la política. Quedó demostrado que desde el 22% de los votos se puede construir legitimidad. Que el Estado puede plantarse ante los grupos de poder y reivindicar lo nacional en un contexto de prácticas democráticas. Esto, a su vez, nos permitió una mayor democracia en nuestras organizaciones, hacernos cuestionamientos que en otras épocas no los podíamos realizar.
–¿Cómo interpretás demonización que se hace de la militancia juvenil desde algunos medios de comunicación?
–Si uno lee los diarios Clarín y La Nación, o lee el libro de Laura Demarco, parece que La Cámpora y las organizaciones kirchneristas son el cuco, una banda de arribistas que lo único que quieren es llegar al Estado para tener dos blackberrys y un chofer. En verdad, cuando uno camina los barrios y las facultades advierte que esa juventud criticada por los medios hegemónicos tiene ideales, está comprometida, que hay militancia para mejorar las condiciones de la sociedad.
–¿Por qué Nuevo Encuentro y no otra organización, como el Partido Justicialista?
–Porque Martín Sabbatella es la persona con la que me identifico en términos inmediatos. Como espacio político somos parte del kirchnerismo y reconocemos en Cristina Kirchner a nuestra líder. En los ’90 todo era impostura. Cristina, en cambio, transmite la mirada de país que quiere y está construyendo. Genera una identificación afectiva. Nos está marcando el camino. Hay que seguir construyendo un país con derechos, trabajo y Justicia con la participación activa de la población, sea a través de organizaciones estudiantiles, políticas, sindicales o sociales.
–¿Cómo se concilia la gestión y militancia juveniles?
–Son lógicas de construcción que difieren. Cuando se milita, se expresa a una parte de la sociedad. Cuando se gestiona se lo debe hacer para todos. Eso no significa gestionar en forma neutra. Sin duda, se trata de una temática que requiere reflexión y aprendizaje. La lógica de la gestión no siempre coincide con los reclamos de la militancia de base. Todas las organizaciones pensamos que la forma de cambiar la sociedad es siendo parte del Estado, pero nos debemos una discusión muy profunda para ver cuáles son las prioridades, cómo se debe gestionar y cuáles son las formas de acceder a esos espacios de gestión. Debemos estar alertas para no convertirnos en aparatos de gestión. Tenemos que ser organizaciones de militancia y de construcción de una sociedad más justa. Hay que buscar un equilibrio entre ambas exigencias.

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