Luz como sinónimo de fotografía. De una imagen que refleja un fragmento de la realidad según la iluminación –según el filtro– del artista. Espacios compuestos por una multiplicidad de unidades bajo el lente de la subjetividad de quien las observa al momento de perpetuarlos y de cada quien observa la obra. Las imágenes también son expresiones de las oscuridades: aquello que no es elegido para entrar en el cuadro; y también aquello que es oscuro y que se transmite a través de la luz.
Este año, en su 16ª edición, el Festival de la Luz propone como eje una temática tan universal como antigua: las migraciones. Bajo el título dentidades en tránsito, comprende más de cien Encuentros Abiertos en 31 ciudades del país. Todos ellos, al igual que las charlas debate, las proyecciones cinematográficas y las presentaciones de libros y concursos, con entrada libre y gratuita.
“Hace dos años empezamos a organizar el festival y nos dimos cuenta de la coincidencia con el Bicentenario de nuestro primer gobierno patrio; de allí surgió la idea de homenajear estos 200 años con un tema que hace a nuestra identidad, como es el de las migraciones”, cuenta la directora del Festival Elda Harrington.
De la convocatoria para exponer –abierta, gratuita y por Internet–, 330 fotógrafos de todo el mundo se hicieron eco. Y de esta selección de material resultaron 90 muestras colectivas e individuales. Las otras muestras fueron originadas a partir de otras dos vías: las selecciones de los curadores y la elección de portfolios realizada por Harrington junto a la directora artística del festival, Silvia Mangialardi, a partir de haber viajado a distintos países para conocer artistas locales.
Para traer a los artistas extranjeros y sus obras es necesario un trabajo coordinado con las embajadas, fundaciones y universidades de los distintos países. “Cuando encontramos un artista que nos interesa, nos acercamos a la embajada a fin de solicitar el pasaje del artista y el traslado de la obra; y el festival se hace cargo de la estadía del artista. En algunos casos tenemos éxito y en otro nos remiten a instituciones o fundaciones con las que hacemos la gestión”, cuenta Harrington. Sobre las complicaciones en este sentido, ejemplifica con el caso de Estados Unidos: “La embajada nunca nos acompaña, y esto tiene que ver con su política de no apoyo a la cultura. Esto no nos sorprende, porque al gobierno federal de Estados Unidos la cultura no le importa; que no tenga Ministerio de Cultura es un signo muy claro. Sí nos manejamos muy bien con las universidades y fundaciones. En cada caso vamos viendo la manera de hacer realidad la muestra que nos proponemos”.
Cuando hace 22 años nació el proyecto, se trataba de un encuentro entre fotógrafos. Pero desde 1998, los Encuentros Abiertos se convirtieron en el Festival de la Luz, con un concepto abierto a todo el público. Con el ánimo de sacar el arte a la calle y encontrarlo con quienes no tienen la costumbre de acercarse a museos y galerías, esta edición cuenta con intervenciones urbanas en la Ciudad de Buenos Aires, Mar del Plata y Neuquén. El objetivo es sacar las obras de su circuito natural para mostrarlas en un ámbito más cotidiano, entrecurzando el arte con el diario ir y venir de la gente, logrando así una interacción espontánea y singular entre obra y espectador.
Dos de estas intervenciones provienen del archivo fotográfico del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. La de Plaza San Martín se centra en las mujeres que viven en exilio, y la de calle Reconquista sobre la problemática del desarraigo en los niños. También la Av. 9 de Julio fue intervenida gracias a los archivos cedidos por el Museo de Inmigrantes. Y hoy, en Av. de Mayo al 500, se llevará a cabo la exposición participativa Nuestros abuelos inmigrantes, en la que los visitantes pueden colgar fotografías de sus propias familias.
–¿Cómo fue hasta el momento la receptividad del público?
–Estamos contentísimos porque todas las inauguraciones fueron multitudinarias. La apertura de la muestra de Brassaï en el Bellas Artes estuvo repleta. Hay gente que está viajando de todos los países limítrofes para ver esta exposición, que nunca antes se expuso en la Argentina. Esta retrospectiva, con las cinco series que la componen, ni siquiera estuvo en el Moma. La inauguración general del festival, realizada en el Centro Cultural Borges, estuvo repleta también. Y así fue todos los días. El día que estuvo Josef Koudelka, el fotógrafo checo residente en París, tuvo que limitarse la entrada.
–¿Cuál es su mirada de la fotografía actual en la Argentina?
–Creo que la fotografía argentina, a partir de la globalización y desde el advenimiento de Internet –que permitió un gran intercambio–, es una mirada internacional. Las miradas localistas ya quedaron atrás; pertenecieron a los ’80 y ’90. Son muchos los artistas argentinos que viajan y muchos los extranjeros que vienen para acá. Todo ayuda a que en el mundo haya una mirada más internacional, más allá de los localismos, y de que el artista exprese lo que siente y lo que vive. Si el fotógrafo es documentalista va a retratar su mirada del exterior; si es más expresivo va a mirar hacia adentro, pero en cualquier caso va a mostrar lo que vive. Entonces, en la medida en que las realidades son distintas, ésa es la diferenciación que hay en cada mirada.
