Moyano en su propio laberinto

Año 5. Edición número 217. Domingo 15 de julio de 2012
Repensar el voto. Moyano aludió a la inseguridad para mostrar su preocupación por cuestiones que exceden la agenda sindical. (TELAM)
En el acto en Ferro, el camionero puso en marcha su tan anunciado salto a la política en el momento de mayor cuestionamiento a su liderazgo en el movimiento obrero. Sus rivales confían en que más gremios saltarán el cerco.

A partir del acto eleccionario del jueves pasado y con el discurso que brindó posteriormente en el campo de juego de Ferro, Hugo Moyano puso en marcha lo que tantas veces había anunciado: que el movimiento obrero no se limite únicamente a reclamar medidas reivindicativas y que a través de su liderazgo pase a tener un mayor protagonismo en las decisiones políticas nacionales. Sin embargo, el actual contexto político y sindical, consecuencia en buena medida del camino que decidió transitar el dirigente camionero en estos últimos meses, desnudan las limitaciones con las que se encuentra para llevar adelante aquel objetivo. El hecho de haber logrado convocar apenas un poco más de la mitad de los congresales que lo eligieron –incluida la utilización de acciones discutibles– y el escaso impacto que generó en el arco político su invitación a “repensar el voto en 2013”, así lo reflejan.
A lo largo de su larga historia, en el movimiento obrero se ha dado siempre un debate entre aquellos que entienden que para mejorar las condiciones de vida de la clase trabajadora es necesario tomar el poder y los que creen que los sindicatos deben funcionar como un factor de presión para conseguir aquellos objetivos. La actual fractura de la CGT se explica, en parte, a partir de esta diferencia de criterios. No es casualidad que desde el antimoyanismo acusen al camionero de querer convertir la CGT “en un partido político”.
Ser un líder indiscutido del movimiento obrero debería ser el primer paso para dar el salto a la política y lo cierto es hoy, Moyano está más lejos que hace cuatro años de encontrarse en esa condición. Cuando fue reelecto en 2008 al frente de la CGT, sólo sufrió la deserción del sector liderado por Luis Barrionuevo, quien fundó la testimonial CGT Azul y Blanca. Pero además, logró un amplísimo quórum de congresales para que lo ungieran en el secretario general de la central obrera. En esta ocasión, se valió de la incorporación casi instantánea de 47 gremios que aportaron 240 congresales. Una cifra que casi duplica la cantidad de electores que pueden aportar los gremios más numerosos como Municipales o Comercio. Sin ese aporte, el moyanismo no podría haber logrado el quórum necesario en un congreso que manejó a su antojo.
Desde su entorno, siempre argumentaron que uno de los aspectos que marcó el proceso de transformación abierto en 2003 es la aparición de nuevos actores en la clase trabajadora y que la CGT tiene la obligación de contenerlos. “Yo estoy con las grandes organizaciones, no con las organizaciones grandes”, suele ser una de las muletillas preferidas del camionero. Sin embargo, será difícil liderar al movimiento obrero con una central obrera que no incluya a sindicatos tradicionales como la UOM o la Uocra, que no solamente tienen una historia claramente ligada a la CGT, sino que además también han sido revitalizadas a partir del proceso que inauguró el kirchnerismo.

Optimización de recursos. Ante la diáspora de dirigentes que vino sufriendo, Moyano debió hacer un sutil equilibrio a la hora de conformar el Consejo Directivo de su CGT. Flaco de sindicatos de peso, buscó encumbrar a los que aún le responden, en desmedro de sus dirigentes más fieles. Así se explica la designación del titular de la Asociación Bancaria, Sergio Palazzo, como secretario institucional y la del Momo Venegas en la de Interior. La elección del petrolero Guillermo Pereyra como secretario adjunto obedece más a su estratégico lugar en el directorio de YPF y la posibilidad de tender canales de diálogo con el Gobierno (ver entrevista) que al peso específico de su gremio. En una segunda línea quedaron los moyanistas puros como Juan Carlos Schmid (Relaciones Internacionales), Omar Plaini (Prensa y Comunicación) y Julio Piumato, quien renovó en la Secretaría de Derechos Humanos. Dentro de este sector hay un debate interno entre quienes comparten la radicalización asumida por el camionero y los que entienden que ingresó en un camino sin retorno. Por ejemplo, la ausencia del diputado Héctor Recalde en el acto en Ferro –si bien participó del Congreso en el microestadio– obedece a los contactos que estaría estableciendo con viejos dirigentes ligados a la CGT de los Argentinos para iniciar un proceso de reconfiguración a la central obrera. Es el mismo sector que ve con preocupación la ida de figuras como el titular del Sindicato Argentino de Televisión, Horacio Arreceygor, o el líder de los docentes privados, Horacio Ghillini. Se trata de dirigentes que acompañaron a Moyano desde los tiempos del MTA y que decidieron no participar del Congreso en Ferro.
Tampoco queda claro cómo transitará Moyano su salto a la política. Algunos como Schmid recordaron los contactos que tuvo Moyano antes de las elecciones presidenciales con Hermes Binner y Pino Solanas. Sin embargo, la poca afinidad de estos dirigentes políticos con el peronismo tradicional hace poco factible una alianza de ese tipo.
Para Francisco Barba Gutiérrez –intendente de Quilmes y dirigente de la UOM– el salto de Moyano a la política lo puede llevar a una dirección errada. “Fue muy claro cuando dijo que había que revisar el voto del año que viene, advirtiéndolo que lo pondrá en otro lugar. Me parece que comete un gran error. Basó su discurso en algunas reivindicaciones para proponer a los trabajadores votar otra opción… no dijo cuál… tal vez con Macri”, sugirió ante Miradas al Sur.

La ofensiva antimoyanista. Envalentonado por la impugnación que determinó el Ministerio de Trabajo al congreso del jueves, el heterogéneo frente antimoyanista apunta todos sus cañones al congreso del 3 de octubre, donde elegirán las autoridades de su propia CGT. Con el argumento de que cuentan con la mayoría del Consejo Directivo elegido en 2008 –el único que toman como válido– se reunirán el próximo miércoles para aprobar la prórroga de dicho cuerpo hasta la elección de octubre. “De acá a esa fecha vamos a hacer todo lo necesario para que haya una unidad real, con un esquema colectivo de funcionamiento y borrando el estilo personalista que Hugo le imprimió a la CGT”, le aseguró a Miradas al Sur uno de los dirigentes comprendido en el sector de los gordos.
Para este espacio, el lapso de tiempo que dista hasta la realización de su propio congreso servirá para que se sumen aquellas organizaciones que quedaron afuera de la central moyanista pero que aún no saltaron el cerco. “No quieren que les peguen el mote de traidor”, asegura la fuente, para explicar que el pronunciamiento de esos sindicatos será cercano a la fecha del congreso.
Para el 3 de octubre, el antimoyanismo estima que estará en condiciones de convocar a 1.200 congresales. En este sentido, entienden que el congreso del jueves pasado estuvo viciado ya que hay gremios que no pueden explicar su aumento de electores entre un congreso y otro. “Cómo puede ser que la Uatre pase de tener 40 y pico de electores en 2008 a más de 200 en el del jueves”, argumentan. De todos modos, no presentarán ninguna objeción ya que entienden que es innecesario al haber sido impugnado el cónclave. “Como el congreso es inválido, no es necesario impugnar estas maniobras. Porque por la teoría de los actos propios, terminás impugnando algo que ya es inválido”, argumentan.

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  • El discurso que brindó el miércoles pasado Hugo Moyano en el acto en la Plaza de Mayo desnudó las contradicciones que hoy están instaladas en el seno de su espacio y que ponen en tela de juicio la intransigencia desplegada por el líder de la CGT para canalizar sus reclamos ante el Gobierno.

  • El próximo Día del Trabajador encuentra al movimiento obrero al borde de una situación inédita y paradójica en los últimos nueve años. La puesta en marcha del modelo económico inaugurado por el kirchnerismo volvió a darle al sector sindical una centralidad política que había perdido desde los noventa. Sin embargo, su dinámica interna ha llevado a que una de las centrales obrera –la Central de Trabajadores Argentinos– se encuentre fracturada.

  • La disputa por la conducción de la CGT sigue subiendo de temperatura y cada vez aparece más lejana la posibilidad de mantener la unidad dentro del mundo sindical bajo una sola central obrera. Los encuentros producidos durante esta corta semana que pasó sirvieron no sólo para medir fuerzas de uno y cada lado, sino también para descubrir cuáles son las estrategias de cada sector para dirimir la interna.

  • Crónica de un final anunciado. Lo que tanto se vino pronosticando desde hace meses en el ámbito sindical, se concretará materialmente esta semana: la fractura de la CGT. El viernes, el Ministerio de Trabajo dio lugar a la impugnación presentada en su momento por el sector de los “gordos” y anuló “por falta de quórum” la reunión del Consejo Directivo realizada el 24 de abril, que convocaba al congreso del próximo jueves para renovar autoridades en la central obrera.

  • Tal como lo expresó Juan Carlos Schmid en la entrevista que acompaña esta nota, el resultado del congreso de junio que renovará el Consejo Directivo de la CGT presenta una incertidumbre inédita en los últimos años. Está claro que Hugo Moyano no cuenta con el consenso que supo tener cuatro años atrás cuando los congresales le dieron un amplio apoyo para seguir al frente la central obrera. En aquella ocasión, solo y casi en un papel testimonial, el gastronómico Hugo Barrionuevo osó hacerle frente y terminó fundando la CGT Blanca y Azul, con la que no logró arrastrar a ningún gremio de peso.

  • El variopinto de organizaciones que integran el espacio que se opone a la continuidad de Hugo Moyano al frente de la CGT va limando algunas diferencias a la hora de convertirse en una verdadera alternativa. En la reunión que se celebró el miércoles pasado en al sede de la Unión del Personal Civil de la Nación, el sector de los “gordos” y los ex aliados de Moyano –liderados por el taxista Omar Viviani– decidieron apoyar públicamente la candidatura del metalúrgico Antonio Caló, quien ya contaba con el aval de los “independientes”.