“Muchas visitas al museo son por razones de xenofobia”

Año 5. Edición número 233. Domingo 4 de noviembre de 2012
“Recibimos cerca de 30 mil jóvenes por año, además de los visitantes que ven luz y entran. Cuando un docente pide un horario trae cuál es su preocupación.”
Entrevista. Graciela Jinich. Directora del Museo del Holocausto.

Graciela Jinich estuvo mucho tiempo al frente del Museo del Holocausto. Y vuelve a estarlo. “Van hacer 10 años de este regreso –dice–, pero en realidad soy la directora fundadora, no como comisión directiva. Deseaba transmitir el holocausto y buscaba de qué manera y cómo encararían esto de la trasmisión. Para no olvidar y que no se repita. La misión tan marcada que tiene este museo. Gané aquel concurso en el año 1993. En el ínterin hice varias cosas. Fui la primera subsecretaria para el tema del Inadi, con Víctor Ramos. Dirijo la fundación de Steven Spielberg, la Fundación Shoah. Y he vuelto a la dirección de este museo hace diez años para seguir trabajando en la difusión”.
–¿Qué significa para la comunidad judía el hecho de haber convivido con una nutrida comunidad nazi?
–Nos significan varias preguntas y respuestas. Sobre la cantidad de judíos desaparecidos durante la última dictadura, lo define el historiador Yehuda Bauer, creo que el número uno entre nosotros. Vive en Jerusalén, y estando aquí dijo que ese porcentaje es porque el judío ha sido siempre militante. Esto molesta a cualquier dictadura. Había cantidad de jóvenes militantes, y no podemos olvidarnos de todos aquellos que figuraban en las agendas de búsqueda. Los nombres de los nombres. En relación a mi militancia y mi interés por los derechos humanos, yo fui muchos años la directora del Instituto Bethel. Yo gané el concurso para ser la directora de esa escuela porque me interesaba profesionalmente, pero ellos vieron también el interés que tenía para desarrollar y adentrarme en estos temas. Recuerdo profundamente a Magdalena caminar por la institución, a las enormes señoras del pañuelo. Y hoy día, pasados tantos años, puedo decir que en Bhetel y sus paredes sentís la fuerza de la historia y los derechos humanos. También la presencia de Marshall en la imagen del rabino Daniel Goldman.
–Cuando uno camina por el Museo siente el impacto de la historia porque son datos vivos. ¿Cómo se organiza un museo para dejar testimonio, hacer docencia, que cada uno se forme la imagen que quiere y lograr que esto no dé miedo?
–Hablemos desde la docencia. En determinados temas uno tiene que aproximarse al relato en determinados límites. Uno puedo contar la historia pero no hay que traspasar el límite de lo que puede dejarnos del otro lado. Y el otro lado es que el miedo te tumbe y no quieras saber más de estos temas. Como trabajamos con adolescente tenemos que ser muy cuidadosos. Nosotros contamos qué pasó, no inventamos. Tenemos que trabajar contra mucho negacionismo. Traemos a los sobrevivientes para que nos cuenten qué padecieron, qué vieron y qué escucharon. Aun cuando aquello que cuentan no tenga nada que ver con lo que les pasó, porque esas cosas que pasaron quedan adentro del cuerpo, del alma y de la cabeza. Recordando aromas y el propio miedo, contamos para que los jóvenes sepan que esto sucedió y puede volver a pasar. Bauer también dice quién ocupará el lugar, en otro momento histórico, que ocuparon los judíos en el holocausto. Por eso hay que enseñar. Tenemos muchos docentes que nos acompañan en esta transmisión. Ese es el deseo de aquella primera comisión directiva para transmitir y luego la posibilidad que abrió este museo, en este lugar, en esta casa que fue de la Compañía Italo Argentina de Electricidad. Una casa que el Estado otorgó para la creación de este museo.
–Cuando uno habla del holocausto, habla de una comunidad vulnerada como la judía europea. Sin embargo, el nazismo golpeo a otras comunidades. ¿Cómo ven ustedes esos crímenes de lesa humanidad que, al mismo tiempo, vulneraron a toda una comunidad?
–Nuestro eje fundamental es el holocausto. Pero a la vez poder contar no solo qué pasó con las distintas minorías y el régimen nazi sino traer en el recuerdo otros genocidios, como el armenio, para no quedar encapsulados. Nosotros trabajamos con personas así que en el recorrido mismo, en las visitas guiadas, que están hechas por docentes de mucha experiencia para poder ir viendo qué es lo que va surgiendo en cada grupo. Porque el grupo camina y escucha pero también trae sus preocupaciones, sus preguntas y conocimientos.
–Me quedó marcado eso que usted mencionaba: el negacionismo. ¿Cómo trabajan ustedes cuando hay una familia que no conoce bien su historia familiar, quizá porque los abuelos no quisieron contar y luego los hijos preguntan?
–Quien se encargó de recuperar las historias de las familias es la fundación de Steven Spielberg. Esto fue proponer a los sobrevivientes y testigos del holocausto, para poder tomar a las distintas minorías, testimonios videograbados. Están grabados esos videos en un robot en Los Ángeles y distintos países. A través de Internet se están viendo. Aquello fue motivar a la gente que vivió la Segunda Guerra Mundial en Europa y que en forma directa o indirecta vivió o fue testigo visual del holocausto. Hace algunos meses se acercó un señor que había visto en un listado de nazis su apellido y era su abuelo. El señor nos vino a ver para saber cuál era la posibilidad de sacar ese nombre del listado. Pero no es algo que nosotros podamos resolver. Lo que estuvimos hablando con este señor era no borrar el nombre sino poder trabajar con su familia, que había chicos y que llegaran a este museo y vieran el nombre en el listado de nazis. Este tipo de cosas es que tratamos de ir trabajando, de qué importante es poder contar la verdad en una familia. En los proyectos educativos de Alemania dicen que aquellos fueron culpables, nosotros somos responsables. Esto se va trasmitiendo en todo momento.
–Percibo que en Europa hay un resurgir de una derecha donde la condición de sentirse superior aparece en capas. ¿Cuál es su percepción?
–Quiero referirme acá cuando un docente llama y dice que quiere venir con sus alumnos. Recibimos cerca de 30 mil jóvenes por año. Aparte del visitante que ve luz y entra. Cuando el docente pide un horario trae cuál es su preocupación. Puede ser que esté estudiando el tema en su currícula. Pero, en general, surgen muchas visitas al museo por cuestiones de xenofobia en la escuela, el barrio, en el aula, violencia entre los propios alumnos. Son más veces los pedidos de visita por estos temas que por lo curricular. No es exactamente antisemitismo por lo que se acercan pero creo que nosotros, los periodistas comprometidos y todos aquellos que están trabajando en educación, tenemos que estar atentos. Para todos, para tomar conciencia de que acá se puede venir. Que un día que se arma un partido de fútbol y aparece uno con una cruz gamada porque le dijeron que el tío era alemán, que venga acá antes de pelearse con ese pibe. Una vez, un jugador de rugby, de los primeros profesionales que tuvimos, que vivía en el Gran Buenos Aires, fue a jugar a Francia. Decía que era militarista y admirador del ejército alemán. Sus compañeros de equipo lo llevaron a conocer un museo. Y cuando conoció el museo comprendió que el rugby podía hacer mucho para entenderse con los frágiles. Hoy, este muchacho tiene un equipo con los indios Qom.

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