No es de extrañar que la iniciativa del Banco Central sea resistida por los grandes bancos privados y, en especial, los de capital extranjero. En la city porteña, sea por conveniencia o convencimiento, predomina la visión neoclásica, según la cual el nivel de ahorro es determinante para disparar el proceso de inversión. Según la hipótesis, los bancos serían simples intermediarios; en consecuencia: si el nivel de ahorro es el adecuado y el proyecto rentable, los empresarios encontrarán financiamiento.
La cuestión, sin embargo, es más compleja. Las denominadas “fallas de mercado” son evidentes, y la mano invisible no siempre se hace presente. Los trabajos de Joseph Stiglitz –por mencionar un economista famoso– admiten que los mercados financieros pueden no ser eficientes al asignar recursos. Según Stiglitz, los bancos, muchas veces, prefieren acotar el crédito porque desconocen a sus solicitantes, a la vez que optan por los proyectos más riesgosos si las ganancias son elevadas. La solución: una intervención estatal amigable con programas de capacitación para pymes y bancos.
Un tercer enfoque transita por reconocer las “fallas de mercado” sin dejar de lado la necesidad de una intervención estatal decidida que, más allá de la tasa de ahorro óptima, oriente el crédito en función de los cambios estructurales deseables desde un punto social y económico. La cuestión, entonces, pasa por inducir el financiamiento con intervenciones selectivas, según sea el perfil productivo que se quiere apuntalar o las inversiones en nuevas actividades que se quieran impulsar. De allí la necesidad de dotar al Estado de herramientas para actuar sobre los intermediarios financieros.
Desde 2003 a la actualidad, más allá de las fluctuaciones, las pymes exhibieron una fuerte expansión impulsada por la consolidación del mercado interno y un tipo de cambio competitivo. Sostener ese dinamismo es esencial. El desafío no es menor. Las restricciones al financiamiento afectan el nivel de inversión, comprometen la posibilidad de crecimiento de las empresas y restringen las ganancias de productividad. En síntesis: la distribución del crédito bancario, pero también su accesibilidad, son esenciales para las pymes y, en consecuencia, para al desarrollo del país por el arraigo local y la generación de empleo que generan.

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