Al recorrer los pabellones del Hospital Borda se perciben fuertes contradicciones. Sectores clausurados por el Ministerio de Salud de la Ciudad –violentando claras disposiciones judiciales, como el pabellón 14-22, destinado a pacientes con padecimientos severos– o las alas laterales del edificio central vacías y al borde de la clausura. Al mismo tiempo, servicios en plena actividad y compromiso profesional, como los pabellones Siglo XXI y XXIII, el Hospital de Noche y el pabellón Amable Jones.
En el fondo de la cuestión, el proyecto inmobiliario diseñado por el Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad, que destina estas tierras a la creación del nuevo Centro Cívico, mudando los ministerios de la city porteña y creando pequeños manicomios en distintos barrios.
En este contexto, el corte del suministro de gas hace ya diez días –una violación a derechos personalísimos– y el abandono de las obras de electricidad emprendidas hace cinco meses confirman la peor de las hipótesis: una decisión política de vaciamiento y de cierre provocado por la falta de elementales condiciones.
Las comisiones de Salud y de Salud Mental de la Legislatura han efectuado todas las presentaciones posibles, incluso en el plano judicial. Y acompañamos, algunos legisladores, el plan de acción del personal del Hospital. Defendemos el Borda porque defendemos la salud pública y el patrimonio social, cultural e histórico de la ciudad. No vamos a permitir el cierre, vamos a exigir su refacción integral, su profunda renovación en el marco del paradigma propuesto por la legislación de salud mental.
