“No permitiremos que se cierre”

Año 3. Edición número 154. Sábado 30 de abril de 2011

Al recorrer los pabellones del Hospital Borda se perciben fuertes contradicciones. Sectores clausurados por el Ministerio de Salud de la Ciudad –violentando claras disposiciones judiciales, como el pabellón 14-22, destinado a pacientes con padecimientos severos– o las alas laterales del edificio central vacías y al borde de la clausura. Al mismo tiempo, servicios en plena actividad y compromiso profesional, como los pabellones Siglo XXI y XXIII, el Hospital de Noche y el pabellón Amable Jones.
En el fondo de la cuestión, el proyecto inmobiliario diseñado por el Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad, que destina estas tierras a la creación del nuevo Centro Cívico, mudando los ministerios de la city porteña y creando pequeños manicomios en distintos barrios.
En este contexto, el corte del suministro de gas hace ya diez días –una violación a derechos personalísimos– y el abandono de las obras de electricidad emprendidas hace cinco meses confirman la peor de las hipótesis: una decisión política de vaciamiento y de cierre provocado por la falta de elementales condiciones.
Las comisiones de Salud y de Salud Mental de la Legislatura han efectuado todas las presentaciones posibles, incluso en el plano judicial. Y acompañamos, algunos legisladores, el plan de acción del personal del Hospital. Defendemos el Borda porque defendemos la salud pública y el patrimonio social, cultural e histórico de la ciudad. No vamos a permitir el cierre, vamos a exigir su refacción integral, su profunda renovación en el marco del paradigma propuesto por la legislación de salud mental.

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Otras notas

  • Decir que la gestión macrista es una cosa de locos, a esta altura, es un chiste que ya ha sido ampliamente superado por la realidad. El hospital de salud mental José T. Borda (sus casi ochocientos pacientes, el personal médico, el profesional, el de enfermería y el de mantenimiento) poco a poco fue quedándose sin los servicios básicos y ya lleva diez días sin gas.

  • A fines de abril del año pasado se cumplían 10 días de que el hospital de salud mental José T. Borda estaba sin gas. Azoraba la falta de corazón de la gestión de Mauricio Macri, se achacaba con eso de que los locos pobres no votan ni consumen, se advertía que el macrismo había caído en la propia trampa de la desinversión de la salud pública y se anunciaba el primer paro de los profesionales de la salud porteña; pero nadie, nadie, pensaba que semejante situación pudiera mantenerse durante el invierno que se avecinaba.

  • Desde el 20 de abril, los internos del Hospital José Borda sufren problemas con el suministro de gas. Fueron cien días de desamparo en que el viejo y helado edificio del neuropsiquiátrico le hizo sentir a los internos (que, no es en vano decirlo, aunque no voten son personas) todo el poder helado de sus paredes, un frío endemoniado que fijó a sus huesos la humedad del gigante, tan cruel como un político malo.

  • Hay muros y rejas sobre la calle Ramón Castillo 375 del barrio de Barracas. Los locos saltan el muro y rompen el cerco mediático para hacer correr la voz. Los candados, los muros, las prisiones, el hospital todo se cae cuando se prende la luz roja que indica “en vivo”. Para llegar al patio, hay que pasar unos pasillos casi interminables de paredes descascaradas. El estudio de la radio está decorado con espejitos de colores.

  • Tener la razón otorgada por la ley ya no alcanza en la ciudad de Buenos Aires. Y como muestra alcanza con revisar la situación altamente conflictiva que se vive en el Centro de Salud Mental N°3 “Arturo Ameghino” generada desde el Ministerio de Salud porteño y que llevó, el miércoles pasado, al corte de calles en la puerta del hospital, ubicado en avenida Córdoba y Agüero, con una asamblea abierta en reclamo de la restitución del Dr. Rubén Slipak como director, la plena vigencia de la Ley 448 de desmanicomialización progresiva y un sistema de concursos que sea legal y legítimo.

  • No hay luz, no hay agua, no hay teléfonos. La situación en los pequeños Centros de Salud y Acción Comunitaria (Cesac) que el Gobierno de la Ciudad tiene a su cargo para atender urgencias en barrios vulnerables están al borde del colapso y durante el año pasado sólo recibieron el 5 por ciento del presupuesto de salud. El acceso a la salud por parte de los sectores más necesitados de la población está en coma profundo. La muerte de Humberto Ruiz luego de que una ambulancia del SAME se negara a entrar a la villa 31 refleja una situación habitual y muestra la peor cara de la ausencia del Estado.