No se olviden de Bonafini

Año 4. Edición número 174. Domingo 18 de septiembre de 2011

En una patética nota publicada en la última edición de Noticias, una periodista que pasó de Clarín a esa revista remata su entrevista con Sergio Schoklender preguntándole, insinuando una venganza: “¿Teme las consecuencias de lo que le dijo a esta revista?”, como si el objetivo de darle prensa a quien traicionó a Hebe de Bonafini anticipara que alguna de las Madres –que pasaron los ochenta años de edad, además de haber buscado por décadas a sus hijos– fuera a tomar un arma y darle unos tiros al estafador, desconociendo su demostrada vocación no violenta para reclamar memoria, verdad y justicia. Esta vez, para Noticias, que tanto marketing hizo con el lema “No se olviden de Cabezas”, la construcción del acontecimiento periodístico es la obscena Kawasaki de Schoklender y no la histórica lucha de las Madres de Plaza de Mayo.
Muchas veces tratamos de excusar a los comunicadores que se prestan a cumplir las misiones sucias de algunos empresarios de medios. La verdad es que es hora de terminar con la hipocresía. Cuando Joaquín Morales Solá anticipó un muerto que nunca existió, ni La Nación ni Canal 13 le llamaron la atención por semejante brulote. Y seguramente Morales Solá no necesitaba que le escribieran el libreto porque había hecho una relación estrecha con los genocidas desde que conoció al general José Villarreal en Tucumán y éste lo recomendó a Clarín. Pero Mariel Fitz Patrick, la entrevistadora de Schoklender, no tuvo ninguna relación con los criminales de la dictadura. Es más, hasta hace muy poco, colaboró con Miradas al Sur, editando artículos en la sección Política. Eso sí, su firma nunca apareció en nuestro medio, posiblemente porque ella no quería entrar en conflicto con sus empleadores de Editorial Perfil. No hay que pensar que Fontevecchia le acercó un papelito a Fitz Patrick sugiriéndole que convenía armar una intriga sobre las consecuencias de hablar con Noticias. Tampoco hay que creer que esta mujer desconoce lo que pasó en Argentina. Quizás, cambiándole sólo una letra de lugar a Marshall McLuhan cuando decía que el medio es el mensaje, en este caso el miedo es el mensaje. Los periodistas que ofician de mensajeros de esos intereses editoriales se amoldan, como el agua, al recipiente que los contiene. Hay que aceptar que muchos creen que el objetivo de la vida es ganarse la confianza de quienes ponen la línea editorial. Pero, más importante que eso, es reconocer que los parámetros morales y éticos son muy distintos entre personas distintas. Y es lógico que a muchas personas no les interese un comino cómo le va a afectar a las Madres esta campaña insidiosa. Sería bueno que algunos de los periodistas que se tomaron la molestia de ser boy o girl scouts de esta campaña sucia se detengan a mirar las fotos de Hebe de Bonafini de antes del 27 de mayo y las de la actualidad. La fecha propuesta es porque ahí empezó a brotar la cloaca. De paso, si tienen tiempo, sería conveniente que se detengan a mirar las fotos de Jorge Omar y Raúl Alfredo Bonafini, los hijos desaparecidos de Hebe.
Si pasan por esta prueba, podrían ir algún día los jueves a la Marcha de la Plaza de las tres de la tarde.
En la edición impresa de Perfil del sábado, en la página 4 un periodista que firma como E.S. plantea que “la periodista Mariel Fitz Patrick se enfrentó a Schoklender”, cosa que no se nota de ninguna manera (y no se trata de una confusión a la hora de editar, como supuestamente fue en La Nación con Mariano Obarrio y sus títulos en franco desacuerdo con el texto de la nota). Pero, unas líneas después, la indignación abre todas las heridas cuando la propia Fitz Patrick relata los pedidos de Sergio Schoklender para dar el sí a la entrevista: “…aceptaba la nota con la condición de que no haya opiniones y que no se interpretaran sus declaraciones”. Y no se hizo, por supuesto. La pregunta que abre esta nota y remató la de Fitz Patrick: “¿Teme las consecuencias de lo que le dijo a esta revista?” no es una opinión. Más bien parece una declaración de esos extraños principios morales a los que acostumbran el presidente del Grupo Perfil, Jorge Fontevecchia, y sus periodistas funcionales.

Promedio: 4 (159 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • El martes, los trabajadores de la Misión Sueños Compartidos del obrador de Castañares, cortaron la General Paz. El jueves, los cortes de calle se repitieron en Tigre y cuatro trabajadores fueron a Plaza de Mayo, donde tuvieron un cruce con Hebe de Bonafini. “Lo que pasó –explicó a Miradas al Sur un vocero de la Fundación Madres de Plaza de Mayo– es que los pagos de la segunda quincena de junio se atrasaron cuatro días. Ya están todos depositados ahora, lo mismo con el aguinaldo, que se está pagando en estos días.

  • Un reality show parlamentario –la visita de Sergio Schoklender en Diputados– que terminó mal para la oposición. Una pericia caligráfica que parece darles la razón a las Madres cuando dicen que fueron estafadas. Y por si esto fuera poco, un fiscal federal, Jorge De Lello, que en lugar de darle credibilidad a las acusaciones de Schoklender en el Congreso sostiene que no existe ninguna evidencia de que fondos de las Madres hayan sido usados en campañas electorales. “Schoklender se encamina a cometer un tercer parricidio. Lo del Congreso fue un show y una bajeza institucional.

  • El viernes, Miradas al Sur se acercó a la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, en el barrio de Congreso, con la intención de charlar con alguna de ellas. En la planta baja del edificio, alumnos, turistas y particulares poblaban las mesas del comedor, la librería y los pasillos; al tiempo que los empleados, muchos de ellos de los barrios de Lugano, Mataderos y Quilmes, donde funcionan los obradores, trabajaban detrás del mostrador, en la cocina y en las distintas oficinas. Era un día como cualquier otro.

  • En coro, los comunicadores del viejo país agroexportador se indignan con la Unidad de Información Financiera (UIF). Dicen que su titular, José Sbatella, fue lento para llevar a los tribunales una denuncia sobre manejo irregular de fondos por parte de Sergio Schoklender. En coro, los comunicadores del viejo país agroexportador silencian que la Sala II de la Cámara de Casación Penal encontró una pirueta para que siga sin establecerse la identidad biológica de Felipe y Marcela Noble Herrera. Dos casos argentinos.

  • Olvidar que Hebe de Bonafini no es Sergio Schoklender es una operación política que nadie, ni siquiera el/la más acérrimo/a defensor/a de la cacerola batiente siempre y cuando la golpee “la chica que limpia en casa, pobrecita”, podía suponer. Pero se aproximan las elecciones presidenciales, y lo que hasta ayer parecía imposible, con el correr de los días se torna tan real como el terror a que los hilos del poder se sigan alejando de las manos de quienes los detentaban hasta no hace mucho tiempo. Entonces, las operaciones se hacen moneda corriente.

  • En los pasillos de la Fundación Madres de Plaza de Mayo la noticia se sabía desde principios de mes. Sergio Schoklender, durante años el principal referente y apoderado de los proyectos de Madres, había dejado su puesto. El alejamiento se hizo en silencio: la construcción de cientos de viviendas para familias de bajos recursos no quería verse empañada con un cimbronazo mediático. La noticia se filtró casi veinte días más tarde. Durante la semana, los medios apuntaron a las extravagancias de Schoklender, y el tema trepó ayer a la tapa de Clarín y La Nación.