A “ojito” no se puede más

Año 5. Edición número 200. Domingo 18 de marzo de 2012
Opinión.

El fracaso de la primera paritaria, la Paritaria Docente Nacional y las dificultades en algunas paritarias docentes provinciales, deja una lección: que negociar colectivamente todos los años no es lo mismo que hacerlo cada 20 años, como venía sucediendo en Argentina hasta 2003.
Cuando se negocia cada 20 años, los desequilibrios y los desfase son tan grandes que todo se hace "a ojito", por aproximación. Pero cuando se negocia anualmente, ya no es posible calcular a ojo. Porque un desfase del 2% no es nada cuando se trata de 20 años, pero es muchísimo cuando se comienza a arrastrar año tras año.
Para negociar anualmente hay que saber con precisión dónde está cada uno, empleadores y trabajadores, recaudación y salarios. Esto está faltando. Saber exactamente, por ejemplo, dónde está el salario real de los docentes. Con respecto al PBI, con respecto al Presupuesto Nacional y a los provinciales, con respecto a los demás salarios, con respecto al costo de vivir. Y estimar a mediano plazo la evolución salarial docente. Esto es una falta de las provincias, del Gobierno Nacional y también de los sindicatos docentes.
Pero también es cierto que el Estado argentino (nacional, provincial y municipal) ha logrado un hito histórico al lograr que la inversión en educación sea el 6,4% del PBI, es decir de toda la economía nacional. En otras palabras, los argentinos, de cada 1000 pesos que ganamos, estamos poniendo 64 pesos en la educación de nuestros niños y jóvenes. Un notable avance si se tiene en cuenta que hace apenas siete años, el diario La Nación títulaba en tono de alerta: "La Argentina, en el puesto 67 en gasto educacional", cuando la inversión era del 4,3% del PBI (LN, 09-10-2005). Con el porcentaje actual de inversión, la Argentina se ha ubicado entre las 10 naciones que más invierten en educación en todo el mundo.
Pero también es urgente saber dónde está la educación argentina, no sólo en cantidad, sino también en calidad. Es indispensable que los estudiantes argentinos reciban en todas partes una educación de calidad pareja, al menos tan buena como la privada y al menos tan buena como los países que invierten una cantidad de dinero similar.
Estas son las cosas que se deberían discutir y monitorear anualmente. Debió hacerlo la Paritaria Docente Nacional, una conquista histórica de los sindicatos docentes lograda en 2008, que permitió instalar un ámbito único para todo el país y para todo el sistema educativo, público y privado. La Partitaria Docente Nacional es una institución que permitió también neutralizar la fragmentación educativa que impuso el neoliberalismo y su criterio mercantilista de la educación donde los docentes, las escuelas, los municipios, las provincias -y hasta los países- deben competir para pujar por los recursos que obtendrá cada uno.
Los sindicatos docentes debían preservar a toda costa la Partitaria Docente Nacional, y al parecer no han podido hacerlo. Al cerrarse sin tratar los temas relacionados con la calidad docente, retorna la fragmentación educativa y las decisiones sobre ese tema crucial quedarán en manos exclusivas de las provincias y la Ciudad de Buenos Aires, en muchos casos dominadas por tecnócratas más o menos ligados a las pautas del Banco Mundial que llevaron a la decadencia de la educación pública argentina, señalada desde todos los sectores. La decisión de Macri de excluir a los sindicatos de los sistemas de calificación y de cerrar más de 100 grados, muestra los peligros de no contar con un marco nacional capaz de preservar un mínimo de coherencia y garantizar la presencia de los docentes en las decisiones.
Se trata ni más ni menos del futuro inmediato de nuestros habitantes, de su formación como ciudadanos y trabajadores, de la economía argentina, de nuestras empresas, del desarrollo que tendremos en las próximas dos décadas, de nuestra democracia y su grado de inclusión. Y por lo tanto también del salario y de la dignidad del trabajo docente, que no está ni podría estar desvinculado del desarrollo del país en su conjunto.
Las paritarias anuales son una institución excepcional para que los trabajadores sean parte de las decisiones estratégicas de la economía y el desarrollo. Pero para que puedan ser aprovechadas realmente exige que los sindicatos no discutan a ojito y sean capaces de definir las variables económicas con precisión. Hay que saber exactamente dónde se encuentra cada variable, si la dirección cada año ha sido ascendente o descendente, y en qué proporción. A ojito no se puede discutir anualmente y menos se pueden discutir los números y las decisiones cruciales que tienen que ver con el desarrollo y la economía argentinas. Esto exige también, para sindicatos y empresarios, dejar de comportarse como puro grupo de presión sectorial, para evaluar y orientar el modelo socioeconómico como un todo.
En un año internacionalmente complicado, las paritarias docentes dejan una lección que debiera ser aprendida. A ojito no se puede más.

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