*Guerra mediática, militantes y lobbistas:
En el actual escenario, donde el Gobierno y el Grupo Clarín están enfrentados de manera feroz, el tratamiento del tema Marcela y Felipe Noble Herrera es parcial según los intereses políticos del medio que informa. Hay un sólo norte en esto: debe conocerse la verdad y para eso es necesario que los jóvenes se hagan los estudios de ADN. Pero hay algo alarmante: en esta guerra mediática, ya no importa si lo que se informa es cierto, importa cómo impacta en el otro, cómo lo afecta. En esta dinámica de impactar contra el otro, de un lado tiran con el ADN y del otro con Schoklender. Hay una suerte de pelea entre militantes y lobbistas. El compromiso ético de cualquier periodista, más allá de su ideología o de los intereses del medio para el que trabaja, es con la verdad. Cuando se vulnera ese compromiso, está haciendo otra cosa, no periodismo. Si tu ideología te lleva a omitir una información para no afectar a tal o cual político, si tus simpatías políticas te hacen criticar a otros o si cambiás la agenda periodística o preparás un informe a pedido del gerente comercial para favorecer los intereses de la empresa para la que trabajás, no estás haciendo periodismo. Una persona puede ser militante y hacer periodismo, pero no puede hacer periodismo militante. Un militante defiende una idea, no la cuestiona. Y para mí el periodismo debe controlar siempre al poder. Ojo, no sólo al poder político –eso es fácil–, sino también al poder económico que muchas veces tiene más poder que el Gobierno.

Tiempo argentino

