Opinión. Una de Don Corleone

Año 3. Edición número 151. Domingo 10 de abril de 2011

Cada tanto se pone en discusión la supremacía de algún derecho sobre otro. Así, se plantean acríticamente falsas disputas que ya, a esta altura de la conciencia universal, no debieran darse. En verdad, lejos del sano debate de una sociedad que discute sus libertades, se presenta éste como una disputa por la agresión al incontaminado derecho de los vecinos de parte de los sectores más vulnerables. Esto, no es más que una antinomia forzada para manipular la opinión pública en favor de los más poderosos. De tal modo, fue moda contraponer la libre circulación de los ciudadanos, contra los violentos trabajadores e indigentes que se atrevían a cortar calles o rutas, construyendo una falacia que amenazaba derechos.
Frente al conflicto gremial de Clarín, los medios hegemónicos y las voces interesadas, vuelven con las falacias: presentan la agresión a un derecho como si fuera el único afectado, la libertad de expresión. Nadie va a cuestionar el valor de la libertad de expresión como derecho fundamental; ahora bien, se somete a interpretación desde su posición más escuálida que es la libertad de prensa, y niega que en la libertad de expresión encontramos el origen de la libertad sindical. Vemos absortos, como pretenden oponer a un derecho fundamental de la primera generación, otro de igual raigambre constitucional, ocultando que en la violación de la libertad de expresión de los trabajadores se encuentra el origen del conflicto.
El Estado de Derecho actual asume el conflicto social como ínsito a su razón de ser, y reconoce derechos y garantías que actúan sobre él. La huelga, como una forma de acción directa y garantizada por el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, en sus diversas manifestaciones, es la exteriorización de un conflicto y tiene como finalidad, visibilizar una situación que obligue al patrón renuente a negociar. Esta garantía constitucional, legitima el daño: impedir el ingreso el acceso al establecimiento, mediante piquetes es una medida de acción directa tan antigua como las luchas obreras del siglo pasado. El derecho de huelga y las medidas complementarias son formas de la libertad de expresión.
Como un giro del largo conflicto, el morbo mediático expuso a un delegado al avieso artilugio de una cámara oculta con la intención de socavar su credibilidad pública. Más allá de la ilegal maniobra, que pone al abogado de la patronal violando el código de ética profesional, en tanto mantiene conversaciones conciliatorias con el cliente de otro sin su presencia; lo que omite deliberadamente el medio es que el despido de un representante sindical y el incumplimiento de decisiones judiciales y administrativas firmes son ilícitos graves, y que si bien la ley habilita la reinstalación del delegado despedido, permite que ese daño causado por el ilícito pueda ser reparado económicamente. Más allá de su pertinencia, es lo que la ley dice; e indigna como laboralistas, que se utilicen estos mecanismos para demonizar trabajadores, eludiendo la responsabilidad que posee el grupo monopólico de desinformación, sobre los repetidos ilícitos laborales cometidos.
Lejos de cualquier antinomia, lo que surge evidente es que hay poderosos intereses de los patrones que a la usanza de Don Corleone, primero rechazarán, luego intentarán seducir, luego sobornarán, con la tecnología lo filmarán y por último, por último, es necesario escribir otro final.

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  • Los argentinos tenemos una tradición de libertad de opinión que nace con la Patria, en aquel 1811 que se dicta el Decreto sobre la libertad de imprenta, que se inicia de esta manera: “Tan natural como el pensamiento le es al hombre la facultad de comunicar sus ideas”. Es ésta una de esas verdades que más bien se siente que se demuestra.

  • El martes pasado, Día del Periodista, se conoció la primera declaración pública de Comuna (Comunicadores de la Argentina), una asociación de trabajadores de prensa, que cuenta con la adhesión de más de 400 periodistas, docentes de comunicación, estudiantes y blogeros. Aquí, algunos párrafos de la declaración:

  • El gobierno macrista, una vez concluida la feria judicial, iniciaría una demanda sin precedentes contra ocho trabajadores del Teatro Colón (siete son delegados) por $ 11 millones por supuesto daño económico al haber tenido que levantar la temporada 2010 por los conflictos laborales. Pero sumaron unos $ 44 millones más, en concepto “de daños futuros y potenciales”. De esta manera, profundiza el conflicto, penaliza la protesta, criminaliza a los representantes y ejerce persecución ideológica, política y gremial.

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  • El periodismo argentino se enfrenta en su aniversario a una nueva encrucijada. Si la última dictadura implicó para los periodistas desprenderse de la censura estatal del régimen autoritario, hoy el desafío pasa por independizarse de los grupos concentrados que restringen la pluralidad de voces y subordinan el trabajo periodístico a la lógica de sus intereses. Honrar la profesión de la libertad de expresión y el ejercicio de la crítica o reproducir como escribas los lineamientos del propietario del medio. Esa es la cuestión.