Para todos

Año 3. Edición número 145. Domingo 27 de febrero de 2011

Ahí estaba Vilas, con la sonrisa llena. Con arrugas, claro. Pero el paso del tiempo no deforma su estampa, ni empequeñece su gloria. Todo lo contrario. Aunque el ranking dijo lo contrario, fue el mejor. Cuando él arrancó, a fines de los ’60, al tenis lo jugaban unos pocos argentinos, mayormente ricos. Cuando lo dejó, en 1989, el 10 por ciento de la población argentina (3 millones) habían jugado al tenis. Se formó haciendo frontón en el Club Náutico de Mar del Plata. Era un pibe obstinado que hacía mucho de lo que le sugerían y nada de lo que le mandaban. Vilas tenía un ídolo al que había seguido mucho por tele, Carlos Monzón, un indio nacido sobre la tierra de un rancho en San Javier, Santa Fe. Siendo punto, se llevó toda la gloria un día de noviembre en Roma frente al Bambino de Oro, Nino Benvenutti. “Cuando Monzón peleaba se paralizaba el país delante de la tele”, suele decir Amílcar Brusa, su mentor. Días después de aquella pelea de Monzón, en diciembre de 1970, Ringo Bonavena, un porteño canchero de pies planos y corazón enorme, le puso el pecho a Alí. Perdió, pero fue más ídolo que nunca cuando piso Ezeiza. Lógico. En la historia de la televisión argentina, sólo un evento superó la marca de esa pelea (72 puntos de rating): la llegada del hombre a la Luna. Ese mismo año, Estudiantes ganó su tercera Copa Libertadores. Diría Zubeldía respecto de la mala fama de aquel equipo. “¿Sabe qué pasaba?, los partidos nuestros los daba Canal 7 y a los grandes se los repartían entre el 9, el 11 o el 13. Entonces esos tres nos mataban y de ahí viene la historia de los alfileres y las malas mañas.”
La tele dejaba de ser un bien de uso de lujo y se empezaba a transformar en una necesidad. La desmedida pasión argentina por el deporte siempre lo hizo un bien de consumo muy apetecible por los canales. La cantidad de acontecimientos que se fueron sumando multiplicaron los viejos aparatos blanco y negro (Motorola, Gramont, Zenith, Philco) en muchos hogares. Ahí se multiplicaban las peleas de Galíndez, la final del Nacional 76 entre River y Boca en cancha de Racing, toda la gloria alcanzada por el Independiente copero de los 70, las Libertadores de Lorenzo en Boca, los amistosos previos al Mundial 78, el mismo Mundial disputado en Argentina. Ya en color: el juvenil campeón con Maradona en Japón en el 1979; en paralelo, las carreras de Carlos Reutemann en Fórmula 1; las gloriosas escaladas de Vilas y Clerc en la Davis; las peleas de Sergio Víctor Palma; los amistosos del seleccionado de Menotti; el Mundial 82; Independiente copero esta vez en los ’80, igual que Argentinos Juniors con Borghi o River con Funes, Alzamendi y Alonso… y sigue la lista.
El deporte dejaba de ser la práctica, el esparcimiento del fin de semana, para transformarse en lo que la televisión reproducía del mismo. Eran las épocas en que Julio Grondona y su ladero Eduardo Deluca buscaban por los pasillos de todos los canales un productor que pusiera al menos un peso para transmitir el fútbol. El que lo vio fue Carlos Ávila. Creó así su producto estrella, Fútbol de Primera, a partir del cual edificó su imperio, Torneos y Competencias. La llegada del cable, la televisión paga, le dio un espaldarazo importante, la posibilidad de empezar a transmitir partidos los viernes a la noche y después los sábados y tener la exclusividad de los goles. Corría 1991. Años más tarde se asoció con Clarín y a los partidos de fútbol se les sumaron el básquet, las peleas, el automovilismo, el hockey, el handball, el vóley, etcétera, bajo el paraguas de una señal de cable de 24 horas, TyC Sports.
Esto trajo de la mano el estigma de que para ver deporte por tele había que pagar. En países donde la pasión es similar a la Argentina, supieron cuidar un poco más a la gente. Brasil, por ejemplo, transmite los principales partidos del campeonato carioca y paulista a través de TV abierta. También hay una situación abusiva de por medio, porque quien ostenta los derechos es solamente la cadena O Globo. Pero los acontecimientos de interés público estuvieron siempre liberados. Lo mismo en Alemania, donde se pagan paquetes especiales por ver determinados equipos, pero todos los acontecimientos deportivos de interés nacional se transmiten por televisión abierta.
El negocio tocó su techo cuando guardó para sí el pago extra al abono para televisar los partidos importantes (el codificado) y, además, los de la Selección Argentina. Ahí están como ejemplo, las Eliminatorias 2002: en vivo por el cable, en diferido por el aire. Un proyecto de ley impulsado por el doctor César Francis, uno de los creadores del Foro Social de Clubes, y apoyado por Víctor Hugo Morales, salvó a los futboleros de tener que abonarse al cable para ver los partidos de la Selección gratuitamente cuando faltaban dos partidos para cerrar la clasificación. Pero, sobre todo, la clase media ya había convertido al cable en un bien casi de primera necesidad.
Intempestivamente, la relación de Grondona con Clarín entró en un terreno fangoso, donde no estuvieron ausentes los egos personales. Como en toda familia, siempre existen los conflictos. El contrato, que revisado a simple vista resultaba nulo entre otras cuestiones por la posición dominante que ostentaban la empresas dueñas de los derechos, se terminó rompiendo por incumplimiento de una de las partes (Clarín y Torneos y Competencias) hacia la otra (la AFA). Y apareció el Fútbol para Todos.
Fue presentando erróneamente por la presidenta Cristina Fernández como una figura que daría dividendos inclusive para fomentar al deporte olímpico a través de la venta publicitaria. De la única manera que es negocio y da rentabilidad monetaria es si está descargado en el cable. Si la rentabilidad que se persigue es “social”, como afirmó la misma presidenta este jueves presentando Deporte para Todos, el panorama es otro; si consideramos al deporte eje de la cultura popular, y un derecho de todos acceder por televisión al mismo, todo cambia. Y deja de ser solamente un negocio.
Un punto no menor es que las señales de cable con el Deporte para Todos siguen siendo dueñas de los derechos y no dejarán de emitir los partidos y eventos de Copa Libertadores, tenis, rugby, básquet, hockey, etc., sino que los licitarán a la televisión abierta y compartirán con ésta la transmisión de los eventos declarados de interés público.
La Presidenta destacó la presencia de Gabriel Mariotto: “Pocas personas pueden resistir archivos como él cuando se trata de democratizar los medios”, sostuvo. Justo frente del titular del Afsca se encontraba Enrique Macaya Márquez, periodista deportivo pionero que trabajó en la televisión estatal durante casi 25 años, comentó partidos y hasta llegó a relatar peleas de Monzón para Canal 7. Luego fue parte de Torneos y Competencias, prácticamente su estrella, junto con Marcelo Araujo, también presente a pesar de su simpatía manifiesta por el menemismo, el duhaldismo y el macrismo, en ese orden. En el primer programa de Fútbol de Primera de 2009, Macaya afirmó que la “Fifa podía desafiliar a Argentina si se estatizaba el fútbol”, ante los rumores de que la AFA podía dejar caer el contrato con Torneos. Una frase que, con el paso del tiempo, parece algo desafortunada. No menos feliz fue la frase el director de TyC Marcelo Bombau, en agosto de ese mismo año: “Lo lógico es que el que quiera ver, pague”.
Con esa lógica, si Guillermo Vilas hubiese nacido 25 años después, sólo accederían a su tenis aquellos que pudieran pagar el abono básico de cable.

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Otras notas

  • Carlos Santoro, el Sapo, veía que las cosas se estaban complicando. Julio Grondona y su ladero, Eduardo Deluca, recorrían con una carpeta los pasillos de los canales de aire, tratando de ubicar un producto que no seducía, el fútbol. Para ellos era imprescindible que estuviese en el marco del crecimiento que iba a tener la TV. Corría 1985, Argentina todavía no estaba clasificada al Mundial y el técnico era Bilardo.

  • El mundo deportivo mira al Barcelona y a Lionel Messi. El equipo y el jugador emblema que abonaron como pocos en la historia eso de que la efectividad y la belleza del fútbol son complementarias, no paran de hacer historia. “Pienso en el Huracán del ’73 o del ’76 y veo al Barcelona, es el mismo juego”, soltó hace unos días el Pitón Osvaldo Ardiles en TyC Sports.

  • Lo puede atestiguar cualquier persona que haya vivido en la pampa gringa. Aquellos futboleros que concurrieron a ver partidos de ligas del interior en los ’60, ’70 y en los ’80. Los hinchas, entusiastas, iban masivamente a ver los partidos en los pueblos, en las ciudades, en los parajes. Es cierto que los estadios no se quedaban sin entradas ni mucho menos, pero la desolación no existía en la cancha del equipo del barrio, del pueblo o de la ciudad.

  • El 21 de agosto de 2009, comenzó una nueva etapa. La primera emisión de Fútbol para Todos devolvía al dominio público una de las pasiones constitutivas de la identidad de los argentinos. Por primera vez en la historia de nuestro país, todos los partidos de la máxima división de la AFA podían verse en forma gratuita. No más pagar para ver, no más la condena de tener que ir a un bar cuando la cuota del cable se hacía inalcanzable, no más narices frías contra el vidrio para los que ni siquiera llegaban a la consumición mínima.

  • Antes de que el marketing deportivo tuviera espacios en el subte y en la TV, ya había tipos que estaban en tema. Alberto J. Armando dijo a mitad de los ’60 que Boca era la “mitad más uno” del país. Nunca registró el slogan, de lo contrario hubiese cobrado un buen dinero. De hecho, pasaron 45 años y a ningún publicista se le ocurrió una manera mejor de definir la popularidad de Boca. En esa misma época, el Puma vio que había mucho tiempo entre la finalización de un torneo oficial y el arranque del siguiente, y visualizó en la Costa el lugar para jugar al fútbol en verano.

  • El consumo de televisión está fuertemente condicionado por hábitos, costumbres y fidelizaciones que se construyen durante años y van más allá de la calidad de las propuestas. Un programa que es un éxito en los canales de gran rating invariablemente sufrirá una dispersión drástica si pasa a uno de los menos convocantes. El fenómeno inverso sucederá con un producto de una señal que no es líder si desembarca en Telefé o Canal 13.