“Proceda”

Año 4. Edición número 186. Domingo 11 de diciembre de 2011
“Proceda”

Quizá podría ubicarse la génesis de la política de derechos humanos de las dos gestiones kirchneristas en una palabra: “¡Proceda!”. Fue la orden que escuchó el ex jefe del Ejército Roberto Bendini, la mañana del 24 de marzo de 2004. Se la había dado el entonces presidente Néstor Kirchner. Se sabe: Bendini acató y descolgó los cuadros de los dictadores Videla y Bignone del Colegio Militar. Kirchner pidió perdón “en nombre del Estado” por las atrocidades de la dictadura. Lo hizo en un lugar emblemático, la Esma, transformado por orden suya en museo de la memoria. Esos símbolos marcarían lo que vendría después. Y lo que vino después fue –entre otras cosas– promover en el Congreso la nulidad de las leyes del Perdón, ampliar las políticas reparatorias para las víctimas y apoyar el juzgamiento de los crímenes cometidos por el terrorismo de Estado. Los juicios, hay que destacar, fueron tomando envión y mayor desarrollo en la gestión de Cristina.
Resabios de dictadura también siguen dominando vastos sectores del poder judicial. Los buenos, por suerte, son más, y hay como hongos decenas de juicios orales en todo el país. Ex militares, policías y civiles son juzgados por sus jueces naturales, en procesos orales y públicos, con las garantías del debido proceso. Hace dos meses, justamente, se produjo una condena esperada: traje a rayas y cárcel común a 16 represores que actuaron en la Esma. Los datos de la unidad fiscal de coordinación y seguimiento de causas de derechos humanos son contundentes: 265 represores condenados y 807 procesados, la mitad de ellos cumple prisión preventiva. Los juicios ya son, como lo señaló Ricardo Lorenzetti, presidente de la Corte Suprema de Justicia, “parte del contrato social de los argentinos”.
El día de su asunción, Kirchner había reconocido que formaba parte de “una generación diezmada, castigada por dolorosas ausencias”. Horacio Verbitsky recordó hace unas semanas en Página/12 que el ex presidente le dijo: “La única política de mi gobierno será memoria, verdad y justicia”. Esos tres principios son, desde el 25 de mayo de 2003, políticas públicas del Estado argentino. La experiencia de memoria y justicia argentina es analizada en el mundo. Sin embargo, sigue habiendo dificultades. Una de ellas: cómo acelerar y reordenar los juicios. Otra es la referida a la situación de los testigos que declaran en juicios de lesa humanidad. El Estado debe redoblar esfuerzos para garantizar su seguridad. El caso testigo es el de Jorge Julio López, desaparecido hace cinco años. Una herida que sigue abierta.

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Otras notas

  • El juzgamiento de los autores de los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura terrorista no nace –como sostienen los epígonos del terrorismo de Estado– de un deseo de odio y venganza ni, como dicen sus aliados encubiertos, de una política que sólo mira el pasado en lugar de asentarse en el presente y el futuro. Estas deliberadas falacias tratan de encubrir sus reclamos de impunidad para los autores de aquellos aberrantes delitos.

  • En un ex centro clandestino de detención y en un antiguo pozo de agua de tres metros de diámetro y unos cuarenta de profundidad, en Tucumán, hay restos de desaparecidos que esperan ser identificados. Uno de ellos ya fue reconocido por el paciente y complejo trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Se trata de Guillermo Vargas Aignasse. Un senador que había sido secuestrado por orden del dictador Antonio Domingo Bussi la misma noche del golpe del 24 de marzo de 1976. Trece días después fue desaparecido. Los muertos demandan a los vivos. Y los vivos demandan justicia.

  • El abogado Pablo Parenti es coordinador de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de causas por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. Estuvo en Tucumán por dos motivos centrales: para participar como panelista de la instancia nacional del certamen interuniversitario “Víctor Carlos García Moreno” de Procedimiento ante la Corte Penal Internacional. Y para seguir de cerca el juicio por delitos de lesa humanidad al represor Luciano Benjamín Menéndez.

  • En una comunicación telefónica con Miradas al Sur, el general retirado Roberto Bendini evocó el momento en el que, durante la mañana del 24 de marzo de 2004, bajó los cuadros de los ex dictadores Videla y Bignone. Y lo hizo con las siguientes palabras: “Como jefe del Ejército comprendí que había llegado la hora de cerrar heridas”.
    Este semanario, en su edición del 6 de noviembre de 2010, había relatado la historia de aquella acción simbólica.

  • Con tono sereno y a la vez tajante, el presidente Néstor Kirchner pronunció la siguiente palabra: “¡Proceda!”. Aquellas siete letras bastaron para que el jefe del Ejército, general Roberto Bendini, se subiera a un banquito para descolgar los retratos de los dictadores Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone, los cuales resaltaban junto con los cuadros de otros jerarcas militares en una especie de Salón de la Fama instalado en el primer piso del Colegio Militar. Era la tarde del 24 de marzo de 2004.

  • PESE A LA FERIA JUDICIAL
    Siguen este mes las audiencias por la Esma