Más de un millón y medio de personas –entre clicks en la web y personalmente– consultaron esta semana en el Banco Hipotecario para tener su propia casa, y más de 300 mil fueron los turnos que se entregaron hasta el momento. Al horario normal de atención al público, le sumaron dos horas: desde las 8 de la mañana a las 3 de la tarde.
Pro.Cre.Ar. (Programa de Crédito Argentino del Bicentenario para la Vivienda Única Familiar) tiene como meta el otorgamiento de 100.000 créditos para la construcción de viviendas para el período 2012-2013, a través de la conformación del Fondo Fiduciario –con fondos del Tesoro y de la Anses– que dará la posibilidad de otorgar créditos a 20 y 30 años administrados a través del Hipotecario, con tasas que van del 2% al 14% de interés anual. Pero, durante la última semana también se ha planteado como meta la incorporación progresiva de 100 mil créditos cada año, hasta llegar al 2016, habiendo podido financiar un total de 400.000 viviendas nuevas.
“En esta primera etapa se está atendiendo a aquellas personas que tengan un terreno propio o de un familiar de consanguinidad directa. Por ello es que la información también refiere a las exigencias que hacen a la documentación a presentar del terreno y de la obra a realizar”, cuenta Juan Manuel Cancelli, encargado de prensa del Hipotecario.
¿Qué pasa durante las primeras reuniones? “El banco brinda importante información sobre las condiciones y los requisitos personales, laborales y fiscales para acceder al crédito, así como la documentación necesaria que respalde a cada situación familiar. Les damos explicaciones técnicas, planillas para que complete el arquitecto a cargo de la obra y todo eso ya queda en la base de datos de Anses”, asegura. Tras la primera entrevista, “el siguiente paso es una nueva visita a la sucursal para entregar la solicitud del crédito en caso de que esté todo bien. Como esta línea está orientada 100% a construcción de viviendas, hace falta acreditar documentación personal de la propia situación laboral, y la vinculada al terreno en que se va a construir (los que ya lo tengan), y con el proyecto constructivo; ésos son los tres grandes temas que se piden”.
De los 311.581 turnos que se dieron, “el 51% tiene ingresos menores a $5.000, el 33% con ingresos entre $5.001 y $10.000, mientras que el restante 16% lo completan el resto de las categorías con mayores ingresos”, dice Cancelli.
Hasta el momento, la mayor cantidad de turnos otorgados se registraron en las provincias de Buenos Aires (26.270); Córdoba (17.083); Mendoza (15.604), y Salta (10.057).
Para Cancelli también es importante aclarar que los créditos pueden ser solicitados tanto por personas solteras como por parejas, y que los requisitos son los mismos para todos. La diferencia radica en que si el pedido se hace en pareja, juntos pueden sumar ingresos para obtener un mayor ingreso mensual, dado que la cuota no puede superar el 40% del sueldo.
Del otro lado. Miradas al Sur habló con dos de las trescientas mil personas que pudieron inscribirse.
Matías es docente, tiene 23 años y vive en La Matanza desde que nació. “No tengo acceso a una vivienda propia si no es por este programa”, cuenta. “Si es por circunstancias comunes, por mi salario, no puedo llegar a pagar un crédito de un banco privado para una hipoteca, con los gastos diarios es muy dificl ahorrar para llegar a comprar una casa. En cambio este programa de créditos, por el interés bajo que posee, me obliga únicamente a destinar una parte de mi sueldo que es mínima en comparación con lo que tendría que desembolsar en un privado”.
Para Juan Manuel, fotógrafo de profesión, que vive en Tandil, llegar a la propia casa tiene todos los significados. “Cuando uno pudo por fin tener su casa, es como sentir que en este mundo ya no es necesario seguir vagando. Primero, porque toda la plata que se iba con el alquiler ahora es para vos y tu familia y no para otra persona. Después porque podés empezar a proyectar a futuro con la tranquilidad de que nunca más tendrás el riesgo de no saber dónde ir dentro de dos o tres años”, dice muy entusiasmado. “Y también porque podés hacer en tu casa las cosas que antes no hacías porque no era la tuya y no ibas a poner plata en algo que después no iba a quedar para vos. Pero también está la tranquilidad que te da saber que si algo te pasa a vos, a tu familia algo seguro le va a quedar para siempre; si no es para tu mujer, puede ser para tus hijos. Es algo propio, algo de uno que puede tener con todo el gusto que uno quiere. Por más que sea humilde ahora es parte tuya: mirar tu casa es el orgullo del esfuerzo y trabajo que le pusiste encima y no sentir que por más que te guste lo que alquilaste o te prestaron siempre sabés adentro que no es tuyo y que en algún momento vas a dejar de habitar”.
Sumar soluciones. Inti Alpert es investigador especializado en economía política y coordinador de Tecnopolítica, una red que agrupa a investigadores y funcionarios, de la cual se desprende el programa “Un millón de lotes”, un plan para que todos puedan acceder a un terreno para construir su casa.
“Como el Estado puso dos cosas en paralelo –el dinero y 1700 hectáreas de tierra– y el resto se financiará desde un fondeo, es importante que pueda funcionar si se hace una actualización por el índice de construcción –tonelada de cemento, de cobre, de hierro– y a eso le pongo un índice muy bajo, para que sea realmente financiable”, afirma.
“Sabemos que el pedido por 100 mil viviendas se agotó en tres horas el primer día, pero también –porque nosotros lo relevamos– que hay un millón de familias que están en condiciones de pagar un anticipo, recibir un crédito que al ser de muchísimo menos dinero –entre 15.000 y 20.000 pesos– sí puede aceptar precios de mercado”, asegura. Aunque la intención no es objetar el plan. “Celebramos que el Estado haya censado las tierras urbanas que tiene, sabemos por fin cuántas son, además que se haya hecho un relevamiento vía Anses. Ahora, ¿qué creemos que hay que hacer con eso? Realmente, armar un programa universal”.
De la mano de su programa están trabajando con el municipio de Luján para hacer tres barrios nuevos; algo parecido también están intentando en Moreno.
–¿Cuál es la base del plan?
–Hay que romper el mito de que en Argentina faltan tierras. Promediando valores que relevamos podemos decir que en cualquiera de los más de seiscientos municipios en los que hay parcelas rurales linderas con cascos urbanos en venta y familias trabajadoras con ingresos regulares capaces e interesadas en comprar un lote para construir su casa, pero que fuera de ese radio no bajan de los 15 mil dólares. Mientras que esos terrenos linderos, agrupados en parcelas de 10 hectáreas que podrían ser el origen de trescientos lotes urbanos, tienen un precio de 30 mil por hectárea. En síntesis, el precio por el lote no cuesta más de mil dólares por unidad, más dos mil para dotarlo de servicios básicos.
–¿Se puede llegar a cubrir esa cantidad de dinero?
–Nosotros estamos planteando que si una familia puede ir a grandes cadenas de electrodomésticos a comprar televisores Lcd en 30 cuotas, tenemos que ser capaces de que esa gente se compre su terreno para tener su casa. Está claro que se puede y está claro que a esas empresas nadie les subsidia la tasa. Nosotros creemos que este mismo modelo puede ser extendido, se pueden hacer cosas cuyo costo es menor, en donde el gran aporte de los municipios es institucional. Si la gente cree que jamás va a poder acceder a una vivienda, nunca van a decir “yo quiero una”. En el momento en que empezás a registrar esa demanda te encontrás con que en Argentina hay que construir entre dos y cuatro millones de viviendas. En el censo de 2001 se expresaron 16 millones de personas que vivían en la categoria “tugurio”. Si bien el Plan Federal de Vivienda más toda la construccion privada solucionaron gran parte, la situación siguió agravándose, así que seguimos más o menos en el mismo número.
–¿Cómo se sostendría?
–La propuesta está basada en instrumentos financieros que no dependan del Estado. Como un “lazo de realimentación”, el sistema corregirá sistemáticamente y de forma institucionalizada la diferencia que exista entre los lotes ofrecidos y las cantidades demandadas. Cada intendente tendrá una obligación “de hecho” a generar suelo urbano en la cantidad que falte. Porque en Argentina hay 16 millones de personas que no viven en una vivienda digna, sumado a que hay ocho millones que viven en una vivienda digna pero no propia.

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