Putin enloquece a Washington

Año 5. Edición número 199. Domingo 11 de marzo de 2012
Tensión entre occidente y oriente.

Olviden el pasado (Saddam, Osama, Khadafi) y el presente (Assad, Ahmadineyad). Se puede apostar una botella de Pétrus 1989 (el problema es la espera de seis años para recibirla) por el futuro previsible; el máximo espíritu diabólico de Washington –y de sus socios de la Otan y sus diversos socios de los medios de comunicación– no será otro que el presidente ruso Vladimir Putin. Y que no quepa la menor duda: a Vlad Putin le encantará. Ha vuelto exactamente adonde quiere estar: comandante en jefe de Rusia a cargo de las fuerzas armadas, la política exterior y todos los asuntos de seguridad nacional.
Las elites angloestadounidenses todavía se retuercen ante la mención de su legendario discurso de 2007 en Munich cuando criticó al gobierno de George W. Bush por su agenda imperial obsesivamente unipolar “mediante un sistema que no tiene nada que ver con la democracia” y su continua violación de las “fronteras nacionales en casi todas partes”.
Por lo tanto, Washington y sus acólitos ya están avisados. Antes de la elección del pasado domingo, Putin incluso publicó su hoja de ruta. Lo esencial: no a la guerra en Siria; no a la guerra en Irán; no a los “bombardeos humanitarios” ni a las “revoluciones de color”, todo integrado en un nuevo concepto: “Instrumentos ilegales de poder blando”. Para Putin el Nuevo Orden Mundial diseñado por Washington no tiene futuro. Lo que vale es “el principio consagrado de la soberanía de los Estados”.
No es sorprendente. Cuando Putin considera Libia ve las consecuencias gráficas, regresivas, de la liberación por parte de la Otan mediante “bombardeos humanitarios”: un país fragmentado, controlado por milicias vinculadas a Al Qaeda; la atrasada Cirenaica separándose de la más desarrollada Tripolitania; y un pariente del último rey llevado para gobernar el nuevo emirato, para delicia de esos demócratas modélicos de la Casa de Saud.
Más elementos esenciales: no a las bases que rodean a Rusia; no a la defensa de misiles sin una admisión explícita y por escrito de que el sistema nunca tendrá a Rusia como objetivo; y una creciente cooperación con el grupo Brics de las potencias emergentes.
En su mayor parte, esto ya estaba implícito en la anterior hoja de ruta de Putin, su documento “Un nuevo proyecto de integración para Eurasia: el futuro en gestación”. Fue el ippon de Putin –adora el judo– contra la Otan, el Fondo Monetario Internacional y el neoliberalismo de la línea dura. Ve una Unión Eurasiática como “unión económica y monetaria moderna” que se extienda por toda Asia Central.
Para Putin, Siria es un detalle importante (no sólo por la base naval rusa en el puerto mediterráneo de Tartus que a la Otan le encantaría eliminar). Pero el meollo del asunto es la integración de Eurasia. Los atlantistas enloquecerán en masa cuando invierta todos sus esfuerzos en la coordinación de “una poderosa unión supranacional que puede convertirse en uno de los polos del mundo actual y un eficiente vínculo entre Europa y la dinámica región Asia-Pacífico”.
Putin encabezó casi en solitario la resurrección de Rusia como mega-superpotencia energética (el petróleo y el gas representan dos tercios de las exportaciones de Rusia, la mitad del presupuesto federal y un 20% del producto interno bruto). Por lo tanto, hay que contar con que el Ductistán siga siendo clave.
Y estará centrado sobre todo en el gas; aunque Rusia representa al menos un 30% de los suministros globales de gas, su producción de gas natural líquido (GNL) es menos de un 5% del mercado global. Ni siquiera es uno de los diez productores principales.
Putin sabe que Rusia necesitaría mucha inversión extranjera en el Ártico –de Occidente y sobre todo de Asia– para mantener su producción de petróleo de más de 10 millones de barriles diarios. Y necesita llegar a un complejo y exhaustivo acuerdo de billones de dólares con China centrado en los yacimientos de gas de Siberia Oriental; el ángulo petrolero ya se ha cubierto mediante el oleoducto Espo (siglas en inglés de Siberia Oriental-Océano Pacífico). Putin sabe que para China –en términos de asegurar la energía– este acuerdo es un contragolpe vital contra el tenebroso pivoteo de Washington hacia Asia.
Una vez más, Putin enfrentará otra hoja de ruta de Washington, la no exactamente exitosa Nueva Ruta de la Seda. Que no quepan dudas. Tras la interminable satanización de Putin y la miríada de intentos de deslegitimar las elecciones presidenciales de Rusia, se encuentran algunos sectores muy encolerizados y poderosos de las elites de Washington y angloestadounidenses.
Saben que Putin será un negociador ultraduro en todos los frentes. Saben que Moscú aplicará una coordinación cada vez más estrecha con China: en la frustración de bases permanentes de la Otan en Afganistán; en el apoyo a la autonomía estratégica de Pakistán; en la oposición a la defensa de misiles; en garantizar que no se ataque a Irán.
Será el demonio predilecto porque no podría haber un oponente más formidable a los planes de Washington en el escenario mundial, se llamen Gran Medio Oriente, Nueva Ruta de la Seda, Dominación de Espectro Completo o Siglo Pacífico de Estados Unidos. Señoras y señores, preparémonos para el estruendo.

Promedio: 4.7 (23 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • No caben dudas de que Rusia se enfrenta a una gran amenaza estratégica en Ucrania. ¿Cuáles son las opciones reales de Rusia? Lo único seguro es que entre estas opciones no se encuentra la buena voluntad de Washington.

  • En algunos de mis artículos he explicado que la Unión Soviética servía como dique de contención del expansionismo norteamericano. El golpe de Estado que derrocó el socialismo realmente existente en la URSS dio rienda suelta a las fuerzas neoconservadoras para imponer en todo el mundo la hegemonía de EE.UU. La Rusia de Putin, China e Irán son actualmente las únicas barreras de contención del avance ultraconservador-neoliberal.

  • No somos una república bananera. Este no es un país moroso”, con esta elocuente frase, el empequeñecido presidente de Estados Unidos, Barack Obama, respondió furioso este viernes a los republicanos para evitar que por primera vez en su historia Estados Unidos caiga en una suspensión de pagos.

  • Vladimir Putin se hace fotografiar por sus asesores de prensa en una jornada de caza y pesca donde luce un torso musculoso y pétreo. La agencia de noticias oficial Russia Today epigrafea la imagen aludiendo que el jefe de Estado ruso no holgazaneó en sus minivacaciones, sino que “invirtió su tiempo en practicar sus hobbies favoritos”. El ex agente de la KGB en Alemania del Este y número uno del Kremlin pretende informar al mundo que el timón de Moscú está conducido con manos firmes y seguras.

  • Cada vez que un ciudadano europeo prende una hornalla de la cocina o llena el tanque de su auto, el gobierno de Vladimir Putin sonríe. Ocurre que más de un tercio del mercado energético del Viejo Continente, con matriz en hidrocarburos, está provisto por el gigante estatal ruso Gazprom. Además, en este vínculo económico entre Moscú y la eurozona, Ucrania acapara el 27% de las importaciones de gas natural ruso. Es más, el 80% de los gasoductos que transportan el gas que Putin le vende a Europa pasan por territorio ucraniano.

  • La jugada con la que Vladimir Putin y su ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, han logrado frenar –por el momento– el inicio del ataque militar estadounidense contra el régimen sirio, parece haber sido ensayada junto a los mejores campeones de ajedrez con que cuenta Rusia. Nada permitía prever que alguno de los actores de este conflicto bélico iniciado hace dos años y medio pudiera proponer a estas alturas una opción que no hubiera sido hasta ahora ni siquiera contemplada.