La poeta Clara Muschietti (autora de La Campeona de nado, 2007) dijo que una de las frases que más se escuchan es “yo de poesía no entiendo nada”. Entonces, ¿por dónde circula la literatura, qué textos circulan, quién lee literatura después de la escuela?
“Hay una desinformación muy grande. La mayoría de las personas se sienten discriminadas por la poesía. Yo me siento discriminada por la matemática, pero lo mío tiene una base sólida, estudié matemática durante los 12 años de mi escolaridad, supe qué era despejar x y supe que no era para mí. Pude elegir”, dice Muschietti. Y ahí es cuando habla de la necesidad de acercar la poesía a lo cotidiano, a la escuela. Pero con cuidado: “Aprender poesías cursis y feas de memoria a los 8 años es un modo de tortura”.
Marisa Negri y Alejandra Correa, docentes de literatura y poetas, son las organizadoras del Festival de Poesía en la Escuela (www.poesiaenlaescuela.blogspot.com), un proyecto que acerca libros de poesía a los establecimientos escolares y hace que comunidades educativas enteras den sus primeros pasos en la escritura creativa. Poetas de generaciones y estéticas distintas visitaron los colegios y compartieron libros, poesías y anécdotas con los estudiantes. La dinámica se extendió y gracias al entusiasmo de los participantes, un grupo de chicos del Liceo 1 tomó la posta y fue a leer poemas a escuelas de Villa Celina y Tapiales. Por su parte, en otros países como Chile y México ya empezaron a replicar la experiencia argentina.
Las organizadoras del festival resaltaron la importancia de la existencia de políticas públicas que apoyen estos emprendimientos que trabajan con la palabra: “Estamos viviendo una época de resurgimiento de proyectos colectivos, de personas que con un interés común se organizan y resuelven problemáticas o responden a demandas sociales, educativas y culturales. En ese sentido, el festival que llevamos adelante ayuda al surgimiento de ciudadanos con una voz propia”.
El primer libro de la editorial independiente La Funesiana fue, en 2007, Escolástica peronista ilustrada, del escritor Carlos Godoy. La Funesiana es la tercera editorial más chica de Latinoamérica. Publica 50 ejemplares de cada título en un formato pequeño, encuadernado a mano, de diseños artesanales. Lucas Oliveira, alias Funes –radical de pura cepa, no gorila, como se proclama–, dice que La Funesiana tiene un plan pero necesita que el Estado se ponga las pilas. Funes enseña el oficio para que en cada ciudad haya un sello como el suyo, que rompa la estructura del mercado editorial. “Aprender o saber más hace rato que es un problema. Revertir eso llevará un tiempo; pero no hay que aflojar. Hay que proponer lecturas, escritores fuera del canon, espacios de lectura no convencionales. Y eso, por suerte, sucede hoy en día. Incluso a pesar de los gobiernos que se empecinan en clausurar los lugares donde se suceden esos espacios de reflexión y ardua tarea de enseñanza”, dice Funes. “Perón se equivocó al dibujar a su Evita en el Manual del Alumno Bonaerense; si hubiera mandado hacer a Simone de Beauvoir, sabés lo que seríamos ahora, ¡qué quilombo!”, bromea Oliveira y remata: “Además del Estado, hay muchas personas más que creen que a través de la literatura se crea un mejor ciudadano; sea o no conocido el autor que se usa para tal fin”.
Por otro lado, el fácil acceso a los libros pareciera no garantizar demasido. Nada indica que los estudiantes de colegios privados que tienen los recursos económicos para ir a comprar un libro cuando se lo piden en clase, se transformen en ávidos lectores. Cecilia Fanti da clases de Letras en colegios privados de Belgrano y a la vez forma parte del proyecto educativo del Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), de las Madres de Plaza de Mayo. Allí se dan una serie de talleres con la idea de “transformar el espacio”. Fanti tiene un taller de narración oral, en general para estudiantes de distintos puntos del conurbano, la mayoría del partido de La Matanza. “La escritura definitivamente no funcionaba porque los pibes traían un déficit comunicativo enorme. La oralidad logró subsanar un poco todo eso y les resulta más divertido. En general tienen un contacto nulo con la lectura. Incluso, en muchos casos, las escuelas ni siquiera tienen biblioteca disponible”, contó.
Sol Fantin es poeta, agitadora cultural –es una de las organizadoras del Slam de poesía (http://www.wix.com/sebakis/slam argentina), torneo de poesía ¡inspirado en el box! que se hace en el Pachamama, uno de los centros culturales casi secretos de la ciudad junto a La Usina–. Fantin también es docente de Letras y trabaja en distintas escuelas llevando adelante novedosos y tentadores proyectos en donde los chicos terminan jugando y aprendiendo las posibilidades del libro.
“Hasta que a los maestros no se les pague como profesionales, previendo como trabajo real el tiempo que el propio diseño curricular supone que se debe destinar al preparado de las clases, ningún plan, ningún material, por excelentes que sean, pueden mejorar la calidad educativa en ninguna de las áreas”, señaló Fantin, quien también consideró que el ingreso de la tecnología digital en las escuelas, con la provisión de las netbooks, abre un campo de posibilidades ilimitado para el acceso de materiales de lectura.
Para 5º grado de la Escuela 5 del D.E.14, ella misma desarrolló un proyecto de poesía donde los chicos exploran distintas formas poéticas –desde el caligrama, pasando por Girondo o Darío hasta el haiku– y producen una antología conjunta, editándola ellos mismos o en un blog del grado. Actualmente, está llevando adelante un proyecto de Poesía Oral. El editor Matías Reck, de Milena Caserola, lo llama “el Slam de los chicos de 5°”. Y formaron la Primera Orquesta Infantil de Poesía Oral Abracadabra.
Estos chicos no aprenden poesías feas cursis de memoria. Y es muy probable que no repitan el mantra del principio: “Yo de poesía no entiendo nada”.
