La reforma del Consejo de la Magistratura que obtuvo media sanción de la Cámara de Diputados esta semana, llegará al Senado recién en agosto. “La situación es compleja, pero vamos a trabajar en construir consensos”, admitió Gerardo Morales, jefe de la bancada radical en la Cámara alta.
La polémica iniciativa necesita mayoría calificada para convertirse en ley por lo que su destino en el Senado es incierta, ya que tiene un fuerte cuestionamiento del oficialismo. El proyecto contempla el aumento de número de miembros de 13 a 18 y le otorga el voto del desempate al presidente de la Corte Suprema de Justicia.
“Si se toman en cuenta los objetivos que debemos tener de mejora permanente y de control permanente sobre el funcionamiento de los órganos judiciales de la Argentina, es un retroceso claro en lo institucional. Es una locura que el presidente de la Corte tenga la posibilidad del desempate. La reforma de 1994 tuvo una base política pero también un soporte teórico que, centralmente, se basaba en que la función judicial era más importante que el Poder Judicial y que había que dotar de independencia externa a la Magistratura, pero también de independencia interna. En ese entonces, se pretendía una horizontalidad en las decisiones y la vuelta de la Corte es un retroceso, aún mayor por el doble voto para su titular”, subrayó el diputado nacional por el Frente por la Victoria (FpV) Alejandro Rossi.
Desde el Acuerdo Cívico y Social, el diputado Ricardo Gil Lavedra señaló que “la presidencia del Consejo tiene una relevancia institucional. Sus facultades son acotadas y su voto se habilita nada más que en casos de empate o cuando haga falta alcanzar una mayoría calificada. Yo creo que esta reforma aporta mucho al funcionamiento del Consejo de la Magistratura y a la transparencia”.
En el mismo sentido se expresó la diputada del PRO y miembro informante por la oposición en la Cámara baja, Laura Alonso: “El presidente de la Corte llega a desempatar sólo en casos excepcionales. Todo el diseño de la reforma está preparado para que sea un primus inter pares , que va a estar muy controlado por los miembros de los distintos estamentos en el Consejo”.
Los tres meses de trabajo que le llevó a la oposición conseguir el consenso para, primero emitir un dictamen de mayoría en Comisión, y luego lograr la media sanción podría derrumbarse en el Senado. Los 37 votos que necesita la reforma para ser aprobada en esa Cámara se pueden transformar en una misión imposible. Por ahora, el Frente para la Victoria conserva su unidad, lo que le asegura un piso de 35 votos. En tanto que el antikirchnerismo comienza su construcción desde unos peldaños más abajo. En este escenario volverán a tomar protagonismo los representantes de la Pampa Carlos Verna y María Higonet; la santafesina Roxana Latorre, y el riojano Carlos Menem, ninguneado por el Peronismo Federal.
Ante esta difícil realidad numérica, la estrategia impulsada por el radicalismo es postergar el debate hasta después del receso invernal y, de esta manera, darle tiempo al Peronismo Federal para que seduzca, por los menos, a tres de los cuatro legisladores no alineados con el kirchnerismo.

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