Conocí a Sábato a los 14 años, en un libro de la biblioteca de mi padre, y me sumergí en la alucinación neurótica de un túnel que me pareció maravilloso.
A la salida, llevado por la lógica que tenía aquella biblioteca, me esperaban La Náusea y el existencialismo de Sartre.
Recién después leí Sobre héroes y tumbas y no me gustó, aunque me pegó fuerte el manejo del coloquial en algunos personajes.