Román, el santo y los olímpicos de Londres

Año 5. Edición número 218. Domingo 22 de julio de 2012
Idas, vueltas, marchas, contramarchas, ilusiones y desilusiones del crack, del equipo de Boedo y de nuestras esperanzas doradas.

Veinticuatro de junio de 2005. Copa de las Confederaciones, hotel Sheraton de Frankfurt. Suena el teléfono de la habitación de un colega que seguía de cerca el seleccionado. Es un jugador del equipo de Pekerman que lo saluda por su cumpleaños. Luego de unos minutos de charla, el defensor le pasa el teléfono a su compañero de pieza, Juan Román Riquelme, que también cumple años ese día, 27.
–¿Vos cuántos cumplís?, pregunta Román.
–34, responde el colega (la actual de Román).
–¡¡Nooooo!! Yo a esa edad espero estar echando panza y jugando con mis amigos al fútbol.

Querer. ¿Y si no quiere más? ¿Y si su cabeza se cansó un tiempo después de que se cansó su cuerpo?
Quizás analizándolo de esa manera, todo se volvería más simple. Tal vez intuyó que estaba arrinconado, en un vestuario que iba a estar vaciado de sus amigos, con un técnico que hubiera estado muy feliz si esto pasaba a días de su llegada y no a un año, y con un presidente que hace equilibrio porque sabe de lo que puede significar políticamente que el equipo pierda sus dos primeros partidos con Riquelme inactivo.
Tal vez la distancia, el paso del tiempo, permita ver la grandeza del jugador. Seguramente, en el podio de los ídolos más importantes del club, Riquelme fue un futbolista lleno de títulos, jugando con el ritmo y el talento que tenía el fútbol en blanco y negro en la época en que la gente va corriendo al cine a ver pelis en 3D. El tiempo también, tal vez haga entender que sus picos de rendimientos se produjeron con un técnico que llevara sus mañas, una ranchada propia en un vestuario siempre picante y un equipo que girara en torno a su manera de entender el juego.

Poder. Resulta notable cómo se maradoniaron las decisiones. Riquelme dijo que necesita hablar con sus hijos para saber si seguía, y Tinelli que los suyos le pidieron que no regrese a San Lorenzo. Tinelli fue quien motorizó durante la presidencia de Savino la llegada de jugadores con sueldos europeos que significaron el principio del descalabro del club. Muchos hinchas, sin embargo, lo ven como salida. Si el retorno de los ciudadanos a la política de la vida del país resultó uno de los factores del repunte, San Lorenzo debería espiar ese camino. César Francis, el abogado que encabeza la agrupación Volver a Boedo, lo ve así: “Que Tinelli se pronuncie adultamente respecto de lo que quiere hacer en San Lorenzo. Pero esto de andar deshojando la margarita y mantener en vilo a todos los socios representa una situación intolerable desde todo punto de vista (…) Se necesita pasión por los colores, no empresarios con ánimo de usufructo que no entienden el amor de millones de hinchas que hay
atrás”. Maravilla de síntesis.

Saber. Los juegos, por su parte, van en busca de transformar en medallas la asentada reactivación de las políticas deportivas en el país. Claro no siempre una y otra van de la mano. Un Cenard con vida, una Secretaría de Deportes todo lo cerca que puede de los atletas y el dinero que aparece a través del Enard a por el impuesto sobre los celulares para fomentar el deporte olímpico, no pueden eclipsar el atraso de 50 años de las políticas deportivas. Los resultados que se logren –y los que no– no dirán demasiado. Hay que quemar algunas etapas más. Los juegos, en este caso, suelen ser un enemigo cruel, ponen como contracara países donde el desarrollo deportivo es constante.

Promedio: 4.3 (18 votos)
Seguinos en Twitter
Print preview icon

Otras notas

  • La vuelta de Riquelme al seleccionado seguramente no va a cambiar el rumbo del mismo. No interrumpirá el camino hacia el gran objetivo, la Copa de Brasil 2014. Seguramente allí llegarán, tan destellantes como lo hicieron a Sudáfrica aquellos símbolos de esta generación de futbolistas, Lionel Messi, el Kun Agüero, Angel Di María, Gonzalo Higuaín. Quizás a esa altura, Riquelme ya sea un ex jugador o esté peleando contra sus propios fantasmas como lo hicieron muchos, hasta el mismo Maradona en sus últimos años en Boca, cuando su cabeza, su corazón y la cocaína le terminaron torciendo el brazo.

  • Un hecho que duró 15 minutos. Un entrenador (Falcioni), que le dice a su pollo (Cvitanich) “eso te pasa –salir caliente– por no jugar como te dije y hacerle caso a Riquelme”. Un capitán (Riquelme) que se entera del comentario, encara a su entrenador y le pide explicaciones cara a cara. Un par de gritos entre ambos, que inclusive escucha el Comandante Chávez desde su residencia, que concluyen cuando aparece otro jugador del riñón del DT (Erviti), que dice: “Julio, el que le pedí que juegue así fui yo”. ¡Glup!

  • El mundo deportivo mira al Barcelona y a Lionel Messi. El equipo y el jugador emblema que abonaron como pocos en la historia eso de que la efectividad y la belleza del fútbol son complementarias, no paran de hacer historia. “Pienso en el Huracán del ’73 o del ’76 y veo al Barcelona, es el mismo juego”, soltó hace unos días el Pitón Osvaldo Ardiles en TyC Sports.

  • Cambiaron el aspecto de los bares en Buenos Aires. La televisión del deporte sigue firme, pero se miran los Juegos. Continúa siendo la actividad deportiva parte fundamental del gancho de la TV. Ahora, con derechos compartidos, ya no sólo TyC Sports (lo hace por primera vez las 24 hs) y la TV Pública ofrecen los Juegos. También están en la pantalla de DeporTV, el nuevo canal de deportes de la Televisión Digital Abierta, en Espn en dos señales y en DirecTV, que lo distribuye entre seis canales propios.

  • –En este momento de tantos logros para su selección, ¿qué importancia le da usted al resultado, el éxito?
    –Bueno hombre, yo creo que solo son unas competiciones deportivas que hemos ganado. Pero también es verdad que en este momento, donde el país está atravesando una situación económica difícil con falta de alegría para lo sociedad, creo también que el éxito no viene mal.
    –¿Le pesó a usted o a sus muchachos, saber que iban a defender los colores de España en un contexto de tantas dificultades?

  • Dijo Marcelo Bielsa hace dos años en una conferencia en Puerto Montt, Chile: “Si tengo que marcar una característica que destaca el alto rendimiento de los argentinos, mencionaría un aspecto negativo: estamos mucho más dispuestos a burlarnos del derrotado que a disfrutar de la victoria y, con esa lógica, sufrimos particularmente las derrotas. Es decir, si perdemos, esa semana está vacía, estamos inhibidos, no sonreímos, no salimos, estamos avergonzados (…). No soportamos la humillación de perder. Eso nos hace doblemente competitivos”.