En el mundo de las Relaciones Exteriores se suele señalar como virtuosos a aquellos diplomáticos de carrera que hacen del bajo perfil y los buenos modos un arte casi exquisito. El ex embajador en Venezuela, Eduardo Alberto Sadous, abogado, nacido el 9 de octubre de 1945, “canciller” –esto es largo– de la Asociación de Caballeros Argentinos de la Soberana y Militar Orden de Malta, cumplió con excelencia con esas virtudes. Hasta que saltó a las primeras planas de los diarios por el tema de las presuntas irregularidades que existirían en las relaciones comerciales entre Venezuela y Argentina. Por debajo de todo ese ruido, todavía en mayo de este año Sadous recorría pequeñas ciudades argentinas para darse el gusto con dos aficiones propias de un hombre de la diplomacia: los estudios genealógicos dedicados a familias de linaje y las altas destrezas del ceremonial. Más trascendentes que esas aficiones, son los datos sobre la red de poder de la Orden de Malta y ciertas triangulaciones que van del Vaticano a Buenos Aires, con escala en Caracas.
Los principios fundacionales de la Orden de Malta se resumen en el lema: “la defensa de la Fe y el servicio a los pobres y necesitados”. Sin que pueda saberse qué hizo por los necesitados, Sadous bien puede congratularse de haber ganado el título de Consejero y “Caballero de Gracia Magistral”. Así se lo presenta en la web de la Orden, unas líneas arriba de Su Eminencia Reverendísima, monseñor Martín Elizalde, obispo de 9 de Julio, en un orden jerárquico que termina con el nombre de otra eminencia –al menos en la jerga de la Orden–, Antonio Manuel Caselli, embajador de la Soberana Orden de la Cruz de Malta en Buenos Aires desde los tiempos de Fernando de la Rúa.
Antonio es el hijo y heredero de cargo y de contactos de Esteban Cacho Caselli, quien fuera embajador de Menem ante el Vaticano, hombre de excelentísimas relaciones con los sectores más conservadores de la Iglesia argentina y el Vaticano. Caselli hijo compartió con Sadous el 20 de junio de 2008 una conferencia sobre La Orden de Malta como sujeto de derecho internacional. Así como existió ese encuentro, tuvo otro aún más magnífico con alguien de mayor poder, “el hombre que puso voz al Papa Juan Pablo II durante sus últimas semanas de vida”, según definición de La Nueva España, un diario español cuyos orígenes tienen que ver con el falangismo. Ese hombre es un viejo conocido de su padre. Se trata de Leonardo Sandri (nacido en Buenos Aires en 1943), alguna vez número tres del Vaticano, tras el Papa Juan Pablo II y su secretario de Estado de entonces, el cardenal Angelo Sodano. Sandri, desde 2007 y la era Benedicto XVI, es cardenal de la Iglesia y prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, lo que implica una jurisdicción que va del Líbano a Irán, Irak, Egipto, Grecia y los países de la antigua Europa comunista. Hay más movimientos aún.
De Roma a Venezuela. Como hombre viajado, Sandri, que para la Orden de Malta ostenta el título de Capellán Gran Cruz Conventual, parece haber estado en muchas partes. Pero quizá la misión que más llame la atención es esa que aparece reseñada por Antonio Caselli en las páginas digitales de la Orden. El día en que se reunió en Buenos Aires con el cardenal, Caselli lo calificó como “un vivo ejemplo de la excelencia profesional, intelectual y personal que caracteriza a los miembros de la que, con justicia, ha sido llamada ‘la diplomacia más antigua del mundo’”. Al recordar la “destacada trayectoria al servicio de la Santa Sede y del Romano Pontífice”, Caselli hijo, ex aspirante a presidir el Club Atlético River Plate, recordó “las importantes funciones de Asesor y Nuncio Apostólico” del cardenal Sandri en Venezuela, la tierra en donde se desempeñó como embajador Eduardo Sadous, caballero de la Orden y de gracia magistral.
De Caselli padre –también interventor de Somisa durante el menemismo– se recuerda la acusación que le hizo por fraude electoral el diputado de centroizquierda italiano Fabio Porta –Año del Señor 2008– para obtener su banca en el parlamento de Roma como representante de los italianos que viven fuera de su país. Quien también mantiene muy buenos vínculos con la cúpula eclesiástica argentina es Elisa Carrió, la líder del espacio de donde salieron las más furibundas críticas y denuncias en torno de las relaciones entre Argentina y Venezuela.
El embajador ingresó al Servicio Exterior de la Nación a mediados de los ’70. Desde 2002 a 2005 fue embajador en Venezuela, designado por Eduardo Duhalde. Néstor Kirchner lo removió en mayo de 2005. En el oficialismo suelen vincular a Sadous con la Coalición Cívica. También recuerdan algo rigurosamente cierto: el ex embajador en Caracas fue el secretario privado de Domingo Cavallo cuando éste fungía como canciller de Carlos Menem, en los primeros años de gobierno del impulsor de la Revolución Productiva. Sadous también estuvo cerca de Cavallo cuando el Mingo asumió el Ministerio de Economía.
Etiqueta y dictadura. Por debajo de los escenarios tormentosos que acompañaron ya sea las gestiones de Duhalde o de Menem/Cavallo, Sadous nunca dejó de dedicarle tiempo a su pasión por la genealogía y el ceremonial. Ya en 1981 editó una obra titulada Los Castex. Y el año pasado publicó a través de la editorial Armerías un precioso volumen de 705 páginas, con 43 fotografías, llamado Quince genealogías. Se trata de una obra dedicada a reconstruir la historia de familias distinguidas: los Alcaraz, Armellini, Aubain, Balda, Bidart, Castex, Duffy, Fervor, Gabastou, Garabalino, López Feito, López Rosende, Magallanes, Maldonado… y Sadous.
El ex embajador hizo la presentación de ese libro en mayo pasado en una bonita ciudad, cuna de un tradicionalismo más bien conservador: San Antonio de Areco. También se paseó por el salón Blanco del Concejo Deliberante de la ciudad de Campana para presentar una publicación oficial de la Academia Argentina de Ceremonial, Ceremonial II. Sadous se ganó en buena ley el privilegio: fue presidente de esa academia.
En el curriculum de Sadous hay otros aspectos a destacar: fue profesor de las universidades Católica de Salta, del Salvador, de La Plata y de Luján. Más interesante: fue un destacado colaborador del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales (Cari).
El Cari es una institución académica con una trayectoria más que fértil. Fue creada en una fecha sugestiva, el 15 de junio de 1978, y hoy se define como un espacio destinado a “estimular el estudio y debate de los problemas internacionales desde un enfoque nacional”. Es en la propia página web del Cari que se recuerda que en el acta constitutiva de la institución se designaron para integrar el primer Comité Ejecutivo a personalidades de apellidos llamativos: Nicanor Costa Méndez (ministro de Relaciones Exteriores de Onganía, y de Galtieri durante el conflicto con Malvinas), Fernando de la Rúa, Mariano Grondona, el brigadier Eduardo McLoughlin (canciller de Lanusse), entre otros. Entre los fundadores destacan los apellidos de figuras o ministros de todas las dictaduras, desde la Libertadora, pasando por el Onganiato, hasta el Proceso: Juan Ramón Aguirre Lanari, Roberto Alemann, Alcides López Aufranc, Jorge Wehbe y Osiris Villegas. Otros nombres ligados al Cari: Reinaldo Vanossi, Carlos Pedro Blaquier, Oscar Camilión.
Sobre los dichos de Eduardo Sadous primero ante el juez federal Julián Ercolini y luego ante los diputados, los funcionarios de Gobierno vienen subrayando que jamás Sadous, exceptuando algunas comunicaciones internas, hizo alguna denuncia judicial en los cinco años en que ocupó su cargo como diplomático. El ministro de Planificación, Julio De Vido, lo acusó de haber sido “colaborador y anfitrión de los grupos que derrocaron en el año 2002 al presidente Chávez”. Sadous explicó que no pudo ser así ya que el intento de golpe contra Chávez se produjo en abril de 2002 y él llegó a Venezuela en octubre.
