Ámbitos como el de la Educación y la Salud son los más sensibles a la hora de analizar el sentido de las políticas públicas. Ambos exponen con mayor claridad que una de las respuestas a la pregunta sobre “¿en qué ciudad votamos?” podría ser: “En una en donde lo público y lo privado se encuentran en una dura batalla.”
“La situación de la salud es caótica. Se sabe bien, ocho hospitales judicializados, falta de enfermeras, falta de nombramientos profesionales en áreas críticas, problemas con los insumos, problemas en Centros de Salud y Acción Comunitaria, los neuropsiquiátricos, Lagleyze…”, describe Jorge Selser, presidente de la Comisión de Salud y referente en la materia dentro de la alianza Proyecto Sur.
Para Donato Spaccavento, uno de los sanitaristas que trabaja al lado de Daniel Filmus, en el Frente para la Victoria (FpV), lo más importante del actual estado de la salud porteña es “la subejecución en el presupuesto, el desabastecimiento de recursos humanos, técnicos, tecnológicos y físicos; grandes listas de espera para cirujía, pocas camas para terapia intensiva, alta mortalidad infantil en la zona sur respecto de la zona norte”. Si bien el índice general de mortalidad en nacimientos ha disminuido apenas, la brecha entre el norte y el sur de la Ciudad es de más de dos puntos y medio por cada mil nacidos vivos, según el especialista.
“Hay mortalidad por infecciones intrahospitalarias, que son muertes evitables; la desaparición del programa de salud sexual y reproductiva en los hospitales derivó en un aumento de embarazos no deseados, de abortos y de mortalidad materna en consecuencia.” Según Spaccavento, el ataque a la salud pública durante el gobierno actual es flagrante. “Hay centros de salud en muy mal estado, falta el Hospital de Lugano (se refiere a un predio altamente equipado que reclama hace años la comuna y que hoy sólo funciona para atención primaria hasta las cinco de la tarde), hay áreas privatizadas y tercerizadas, se dan turnos a 90 días en casos de urgencia, faltan enfermeros, el hospital Ricardo Gutiérrez está en estado calamitoso. La Ciudad invierte 50 millones de pesos menos de lo que tendrían que invertir en el Garraham, según el presupuesto del 2010, y para el 2011, 90 millones menos. O sea que el Garraham se lo está cargando al hombro como puede Nación”.
Jorge Selser asegura que el área de la salud en una ciudad gobernada por el Proyecto Sur va a tener como objetivo principal el trabajo en los centros de salud periféricos. “Vamos a apostar a la prevención, a la educación para la salud y a la promoción. Para eso vamos a completar los planteles en medicina general, obstetricia, trabajadores sociales, odontólogos, psicólogos y psicopedagogos. Además habremos de comprar equipamiento y promover la instalación de laboratorios para que la gente no tenga que hacer cola en los hospitales”.
Los turnos también son una preocupación en el FpV y Spaccavento cuenta un proyecto para habilitar un sistema centralizado de turnos a través de un call center combinado (internet y teléfono), que entregará constancia a través de cajeros automáticos en la puerta de los hospitales. “El turno telefónico no funciona si no se le da un papel como constancia al paciente”, afirma Spaccavento, y agrega: “Priorizaremos nuevos nombramientos para el turno tarde para todas las áreas, así los hospitales funcionarán completamente hasta las ocho de la noche”. El FpV tiene como una de sus prioridades la descentralización de los nombramientos por concurso, para que cada director evalúe sus necesidades.
Tanto para Selser como para Spaccavento, la producción pública de medicamentos, con el polo farmacéutico incluido, es algo fundamental. La administración macrista vetó esta posibilidad en la Ciudad. Ambos técnicos explican que el veto se corresponde con la prioridad que el jefe de gobierno otorga a la tercerización y a la privatización, lo que no es exclusivo de esta área.
Tampoco es una novedad el entuerto que la actual administración tuvo con los alumnos de las escuelas de la educación media (tuvieron tomados los colegios buena parte de su gestión), ni con los problemas edilicios de escuelas primarias (sin gas en invierno y sin luz y con caídas de techos) y jardines de infantes públicos. Tanto para el legislador Francisco Tito Nenna (FpV), como para la especialista en educación de Proyecto Sur, Jackelin Cichero, los problemas más abrumadores en el área son de vacantes, de infraestructura e ideológicos. El gobierno PRO de la Ciudad no construye escuelas, sobre todo en la zona sur donde “las aulas están abarrotadas”, dice Cichero, y “tratan de hacer en estos dos meses y con los alumnos adentro, lo que se rehusaron a hacer durante cuatro años”, completa Nenna. Ambos dirigentes le apuntan a la suplantación de jardines de infantes por Centros de Primera Infancia, lo que coloca a las instituciones por fuera del sistema educativo, aplicando una tercerización y privatización encubierta de la educación.
Nenna y su equipo han elaborado un informe con el listado inmenso de obras inconclusas y, como Cichero, investigaron adónde iba a parar el dinero de la enorme subejecución presupuestaria con que es azotada el área. Cada uno por su lado han llegado a la conclusión de que esos fondos son redirigidos al sector privado mediante subsidios, “para pagar los magros salarios de los docentes en escuelas que cobran aranceles de unos 1.500 pesos”, opina Cichero.
El informe elaborado por el equipo del legislador Tito Nenna señala que en 2009 el monto asignado a infraestructura escolar disminuyó a 199 millones (en 2008 habían sido 307 millones), de los cuales fueron ejecutados el 72,1 por ciento. Y en 2010 se destinaron a infraestructura escolar 159 millones. Mientras que al sector privado se transfirió en 2008 la suma de 802 millones, y en el presupuesto del año pasado se le asignaron 807 millones que, con los incrementos salariales, sobrepasarán holgadamente los 900 millones.
