Se acabó el romance entre la Iglesia y la disidencia cubana
El idilio duró poco, casi un suspiro otoñal. En menos de un mes la Iglesia Católica de Cuba pasó de sacrosanta esperanza a ocupar el sitial del enemigo para los grupos disidentes dentro y fuera de la isla.
Una carta dirigida al Papa Benedicto XVI con la firma de los más destacados opositores a la revolución, incluida la del hijo de uno de los históricos Comandantes, desató un enfrentamiento con la cúpula de la jerarquía eclesiástica hasta hace poco impensable. En la misiva, la disidencia consideró “lamentable y bochornosa” la intermediación del cardenal Jaime Ortega y presidente de la Conferencia de Obispos, Dionisio García, por la liberación de los presos políticos. En otro párrafo del texto entregado en la Nunciatura habanera, los dirigentes denuncian a Ortega porque considera que en esa mediación se les debería de haber escuchado a ellos y a los grupos anticastristas en el exterior.
Desde el comienzo de las negociaciones de la Curia con el gobierno de Raúl Castro, que logró la liberación de 26 de los 53 encarcelados reclamados como prisioneros de conciencia, la oposición interna ha sido relegada de las mismas de modo tácito por las partes e incluso por el propio canciller español, Miguel Ángel Moratinos, dejando en claro que cualquier contacto o participación de ellos podría hacer naufragar el logro alcanzado.
Por otro lado, el cuestionamiento sobre que el Arzobispado contribuyó al “destierro” que dicen sufrir los liberados por tener que dejar Cuba y partir hacia España, se contradice con el pedido actual de ser recibidos en Estados Unidos. El gobierno español ha dado su visto bueno a ese cambio de destino, tal vez cansado de escuchar a los recién asilados cubanos quejándose por las condiciones de alojamiento en hoteles de segunda categoría, la mala situación económica del país y, más irritante aún para José Luis Zapatero, la gira europea que los ex presos han iniciado con representantes del Partido Popular para pedir que la Unión Europea no abandone la Posición Común contra La Habana.
En este desamor y abierta reyerta, los disidentes han tenido un traspié que los deja mal parados ante la opinión pública internacional. En la nota de reclamo enviada al Vaticano, incluyeron la firma de Juan Almeida García, primogénito del fallecido Comandante Juan Almeida Bosque, que logró salir hacia EE. UU. para recibir atención médica gracias a las gestiones de la Iglesia, que intercedió para lograr el permiso de salida que le era negado por las autoridades desde que tomó un papel opositor, luego de ser acusado por tráfico de drogas y de influencias para hacer negocios en territorio cubano. No obstante esas vicisitudes, Almeida García, al llegar a Miami, declaró no estar de acuerdo con la crítica epístola y que su rúbrica había sido estampada sin que le explicaran fehacientemente su contenido.
El desconcierto se apoderó de los corresponsales extranjeros en Cuba y hasta en el Departamento de Estado norteamericano, que creían en la existencia de canales de coincidencias más estrechos entre disidentes e iglesia. Sin embargo, contrario a su espíritu conciliador y quizá para dejar bien explícita su molestia, la revista Espacio Laical, en su último número calificó de “burda simplificación de la realidad cubana y de su posible solución universal” la diatriba opositora contra el jefe de los católicos cubanos. “Jamás ha trabajado en la construcción de un escenario para un posible diálogo político con el Gobierno cubano, más bien todo lo contrario”, reprochó el texto que bien pudo haber sido dictado por el mismo Ortega y, como tiro de gracia a las intenciones de ocupar un lugar en el escenario de una potencial transición, disparó la munición que más daño puede ocasionarles: “Los sectores que aspiran única y simplemente a derrocar al Gobierno cubano, no pueden ni deben ser los que tengan en sus manos el futuro de Cuba”.
