“Se burlan de nuestro trabajo”

Año 5. Edición número 192. Domingo 22 de enero de 2012
Entrevista. Gabriela Alegre. Legisladora FpV

Los vetos demuestran claramente la ideología del PRO. Mauricio Macri no veta cualquier cosa, sino aquellas leyes que tienen que ver con derechos humanos, políticas sociales e infraestructura”, sostiene la diputada porteña por el Frente para la Victoria Gabriela Alegre.
–¿Qué lectura hace de los 97 vetos?
–No es una herramienta que él está usando en una ocasión en particular sino que es su práctica habitual. Esto hace muy difícil el trabajo de los legisladores porque estamos en un marco de incertidumbre total. Los vetos no son por cuestiones técnicas, sino por temas claramente ideológicos. Puede haber alguna ley con errores, pero no en todos los casos.
–De hecho, la mayoría de las leyes vetadas fueron acompañadas por su bloque.
–Es una falta de respeto para sus propios legisladores también. El bloque del PRO acompañó casi todas las leyes vetadas; inclusive hay muchas leyes que son de su autoría. Es una tomada de pelo que atenta contra la investidura de todos los legisladores.
–¿Qué panorama ve el bloque opositor para este año legislativo?
–Antes de empezar las sesiones de este año tendríamos que hablar con mucha firmeza y generar un marco de acuerdo donde se deje en claro que debe ser respetada la voluntad de los legisladores. De seguir así, todo lo que trabajemos puede ser en vano.

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Otras notas

  • La controversia que se genera alrededor de los vetos es igual que la que provocan los decretos de necesidad y urgencia. Por más que a uno no le guste la decisión que se tome, son actos que están dentro de un marco de legalidad”, sostiene el vicepresidente de la Legislatura y miembro del bloque del PRO, Oscar Moscariello.
    –Pero si bien es constitucional, desde la oposición se considera que es un abuso del recurso.

  • La Gestión Macri ha vetado –desde que asumió el poder de la Ciudad hasta hoy más de un centenar de leyes; una verdadera “vetocracia” que dista mucho del principio representativo (que rige en nuestra Ciudad y nuestra Nación) que se basa en la equidad entre los tres poderes. Lo más grave en este caso, es que no estamos hablando de vetos azarosos, hablamos de leyes que mayoritariamente están vinculadas o dirigidas a sectores desprotegidos y que son discriminados a través de estos vetos.

  • De “vetador serial” o “capitán veto” a antidemocrático, al jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se lo llamó de todos modos a causa de su compulsión por rechazar leyes sancionadas por la Legislatura. Y los motes seguirán apareciendo, porque parece que la carrera loca de sus vetos no termina. Esta semana llegó a los 106, superando a todos los alcaldes porteños y poniendo en duda nuevamente su vocación democrática. Para colmo, como si la cantidad fuera poca, a la luz de la primera centena, las normas rechazadas constituyen un capítulo del compendio del buen neoliberal.

  • Si un año y pico atrás, ante otro escenario y clima político, se les hubiera preguntado a los porteños quién vetó más leyes, si Mauricio Macri como jefe de Gobierno o Cristina Kirchner como Presidente, la respuesta mayoritaria hubiera sido “Cristina”. El fantasma de un gobierno nacional “vetócrata” se agitó en épocas del Grupo A, especialmente luego de que Cristina sumara dos vetos importantes: el de la Ley de Glaciares y el relacionado con el 82 por ciento móvil para los jubilados.

  • El miércoles a la tarde, varios actores, músicos y escritores comenzaron a llamarse por teléfono sorprendidos. El Boletín Oficial de ese día consignaba que el proyecto que había obtenido 45 votos a favor, cero en contra y cero abstención, había sido vetado por el jefe de Gobierno Mauricio Macri. Lo que más llamó la atención de los artistas es que se trataba de un subsidio mensual y vitalicio para ganadores de diversas distinciones que el propio Ejecutivo habitualmente otorga.

  • Este martes 24, caducan 213 leyes delegadas por el Parlamento al Ejecutivo Nacional. De no haber un acuerdo entre el oficialismo y la oposición para prorrogar algunas de esas facultades, el Ejecutivo perdería herramientas clave para establecer la política económica, entre ellas, la de fijar retenciones agropecuarias.