“Si hay 20 películas en el año, creo que las 20 las tengo que protagonizar yo”
Empezó en tele presentando películas con Natalia Lobo. Después vino el éxito con Montaña Rusa , de la mano de Cris Morena. Desde entonces, hizo decenas de películas, entre ellas Nueve Reinas y la premiada Iluminados por el fuego. Volvió a la televisión en el 2003 para hacer Ser Urbano , un ciclo periodístico que, además de representarle reconocimiento y premios, le trajo nuevas inquietudes y la necesidad de otros horizontes: fue ahí que dejó de “ser urbano” para pasar a “ser humano”.
Su propia productora de televisión –Rosstoc– es responsable de las ficciones más prestigiosas de la pantalla chica ( Todos contra Juan y Ciega a citas ) y además genera otros ciclos relacionados con causas justas y cuentas pendientes como derechos humanos, infancia, salud, educación y ecología. Desde hace seis años tiene una fundación, La Casa de la Cultura de la Calle, donde se dan clases de teatro, de música, pintura y escultura.
Después de una vida vertiginosa y alocada, hoy es padre de Muna y está en pareja con la actriz Agustina Cherri. Gastón Pauls reflexiona y duda, pero nada lo detiene.
–¿Cuándo te diste cuenta de que te hiciste grande?, ¿te diste cuenta, no?
–Te contesto en la próxima nota. Todavía no lo descubrí, todavía me sigo sorprendiendo de mi inconsciencia o de esa falta de madurez… Me siento tan inexperto. Por ahí hay una sola cosa donde me doy cuenta…
–¿Qué? ¿Te emborrachás más rápido?
–No, no veo una gota. Hace dos años y siete meses que dejé todas las adicciones. Muy raro. Sólo por hoy.
–Noté que en muchas de las últimas entrevistas haces mención a este tema de las adicciones. ¿Sos vos o los periodistas?
–Lo dije una vez en una nota con Majul y después me lo empezaron a preguntar en todas. Respondí un montón de cosas que sirvieron para cargadas en algunos programas. Una parte de la sociedad, y hasta una parte de los medios mismos, que no está preparada para que uno hable seria y honestamente sobre las drogas. Es muy difícil explicarle a alguien que a veces el porro te pega bien, está buenísimo, y es gracioso, pero hoy no lo elijo. La sociedad está preparada para condenar la droga, pero no para analizarla. El análisis de la droga que se hace en nuestro país y en el mundo en general es muy pobre. “La droga es mala”, ¿te pega?, ¿te hace algo? Es como un análisis mucho más profundo y habría que ver por qué la mayor cantidad de gente de este planeta se droga, algunos con alcohol, otros con porro.
–¿Cuándo dejó de “servirte” la droga?
–Yo empecé a consumir porro y alcohol porque era muy tímido. Después se me fue de las manos y empecé a tener situaciones poco agradables y a pasarla como el orto. Ahora pude salir: sólo por hoy. Es como un momento de orden en un momento extremo de desorden. Cuando uno llega a ciertos lugares de desorden, de perdición, de no encontrar dónde está la puerta… y pude encontrar la puerta, salí un segundo y necesito recordar, por lo menos ahora, que la puerta estaba. En realidad necesitás ordenarte y eso también tiene que ver con…
–¿Crecer?
–Y… sí.
–¿Qué opinás de la ley de despenalización?
–Creo que es necesario aceptar que eso está, primero. Hay que debatirlo socialmente hasta el fondo. Hay muchos pros y muchos contras. Está bien despenalizar pero con un proyecto concreto de valoración de la vida principalmente, si no es como despenalizar algo y dejarlo libre… Me parece que tiene que formar parte de un proyecto a largo plazo. Creo que se viene una muy dura y también creo que no somos conscientes.
–Entre la desnutrición, la falta de educación y el paco...
–Hay toda una generación que va a empezar a actuar y a tener importancia en el desarrollo del país en cinco o diez años que está quemada. Entrás a algunos barrios y están todos quemados, tienen las neuronas quemadas … Creo que debe haber un debate profundo y eso exige que la gente se haga cargo. Hay mucho desconocimiento. Hay gente que dice que con la despenalización inmediatamente se terminaría el narcotráfico. Yo no tengo muy clara mi posición frente a la despenalización. Porque la pasé. No tengo ganas de volver a ser cuestionado. Estoy como mínimamente resentido.
–Hace cinco años abriste tu productora, Rosstoc, y lo primero que hiciste fue Humanos en el camino . Siempre me dio la sensación de que en ese momento hubo un quiebre en vos, en tu manera de comunicar y en tus necesidades. Se notaba que querías hacer algo más que buscar “impactos televisivos” o golpes bajos. ¿Cómo te sentías cuando hacías rating con alguien que la estaba pasando mal?
–Pasé por muchos estados distintos. Pasé por renunciar al tercer capítulo de Ser Urbano . Una vez en la Isla Maciel fue tan claro como esto… Hacía 45 grados de temperatura, estaba viendo a unos nenes que estaban jugando en el barro, la situación era bastante fuerte y me pasó a buscar una combi con aire acondicionado. Salí del calor, de unos nenes que no tenían agua potable, me subí a la combi y miré por la ventana y dije: “¿Cómo es esto? Esto es una estafa, es una mentira. Vengo un ratito, grabo las imágenes, sé cuál es el momento más efectivo de la charla y ya está”.
–Acaba de terminar la segunda temporada de Todos contra Juan , que te valió muchos premios...
–Sí. Y una deuda que no te digo. Todavía la estoy pagando.
–A veces cuanto mas pagás, más aprendés: ¿qué aprendiste de Juan Peruggia, el protagonista?
–Con este programa pude decir un montón de cosas que pienso del medio en tono de comedia. Me involucré en el proceso de comienzo hasta el fin. Es la primera vez que me involucré en todo, empezando por el armado de todos los capítulos con Gabriel Nessi. Juntos decidíamos qué queríamos contar. Con respecto a lo que pude decir, esta segunda temporada se termina hablando de la importancia del éxito, por dónde pasa el éxito claramente, sobre todo en un medio como éste donde un año que no estás laburando creés que te olvidaron. A mí me pasa, es algo que le pasa a Gastón, no a Juan Peruggia. Todos terminan teniendo que ver con el éxito porque otro de los análisis tiene que ver con el premio, qué es ser premiado en este medio. En la temporada pasada Juan estaba nominado a un premio que era “El águila de plata” por mejor publicidad en cable y él estaba feliz. Estaba nominado con el Facha Martel y con un perro. También se trata de quién nos premia cuando nos premian.
–¿Encontraste algún otro punto en común con él?
–Juan tiene envidia del éxito del otro. Él no entiende cómo llaman a Pablo Rago para protagonizar algo y no a él. A mí me pasa. Veo que llaman a Sbaraglia, Echarri, Arana, ¿por qué no a mí? Y si hay 20 películas en el año, creo que las 20 las tendría que protagonizar yo. No entiendo por qué llaman al otro, hasta con la imposibilidad física porque no me daría el tiempo. Capaz el personaje no me gusta, es una mierda, pero igual me tendrían que haber llamado y yo dicho “no, gracias, pero no”. Esa demagogia, egocentrismo y falta de humildad es humana y esta muy presente en este medio.
–Vos fuiste capaz de hacer declaraciones muy polémicas sobre Adrián Suar y te atreviste a hacer jugadas, quizás, demasiado arriesgadas. Tu pelea con Villarroel el año pasado, el desembarco en América donde no cumpliste el contrato… ¿Cómo lo explicás vos?
–En realidad haberme ido a Telefe fue el proceso del desfasaje financiero de mi productora. Yo armé un programa que me costaba… en general los productores están bastante calientes conmigo porque digo los números.
–No les gusta, son caretas… o no están al día con Afip.
–Es que es algo medio privado. A mí me costaba 200 mil pesos hacer cada programa de Todos contra Juan y con Telefé, en la primera temporada, yo había arreglado de palabra que me pagaban 90 mil. Yo ya estaba 110 mil abajo por capítulo. Con la venta de publicidad y la internacional capaz lo recuperaba. Cuando Telefé no me saca al aire yo ya tenía grabados ocho capítulos y no cobraba ninguno. No podía más y dije “me voy de acá”. Me fui a América pero ahí me pagaban 10 mil por capítulo, estaba 190 mil abajo y en un canal donde podés vender mucha menos publicidad y la que vendés te la pagan mucho menos. Perdí mucha guita. Sentí que me habían cagado, pero bueno, dije “pierdo”. Cuando estoy empezando a pensar la segunda temporada, me dicen en América que me iban a pagar sólo 30 mil.
–¿Y? ¿Les pediste piedad?
–Sí. Por suerte me liberaron. Y ahí me llamó Suar.
–A quién le habías dicho cosas muy duras unos años antes...
–Lo gracioso de eso fue que yo nunca lo nombré. Una vez me preguntaron y dije que algunos productores empapelan su casa con la piel de los actores. Al otro día dijeron “Gastón habló mal de Adrián”. La cuestión es que me llama para llevar Todos contra Juan a Canal 13. Ahí me pasó algo que es muy personal. Más allá de que yo me había quedado muy caliente con Claudio y con el canal, no me parecía muy coherente irme al 13 sin avisarle a Claudio. Lo llamé y me dijo: “No, pero esperá, dejame, quiero reconocer un error, me equivoqué, creo que era un mal momento del canal y me daba miedo porque era novedoso en cuanto a su humor”. Entonces volví a Telefé.
–En este negocio siempre con un canal, o un gerente, o un sponsor... ¿Con qué cosas no tranzás? ¿Cuál es el límite?
–Me parece que es como una relación carnal. Decís “bueno, voy hasta donde me vaya gustando la situación. Comemos, hablamos, salimos, caminamos, nos besamos, cogemos y está todo bien”. El problema es cuando te quieren meter una silla en el orto... todo bien con el dedo, un poco de lengua... Pero hay un límite. En este tipo de relaciones en general, sobre todo cuando la empresa mía es más chica, el placer es unilateral. Las condiciones son: “Vos ahora te agachás, te das vuelta y yo te meto un objeto contundente en el orto, te reís y no gritás”. Y en lo económico casi siempre perdí porque las condiciones realmente las pone el que está del lado más poderoso. Saber hasta dónde ceder es casi intuitivo, de piel. Todos tranzamos con algo. Es supervivencia, porque si no estaríamos todos viviendo en la montaña sin tocar un billete...
–Hablando de medios y negociaciones, ¿qué expectativas tenés con la Ley de Medios de Comunicación Audiovisual?
–Me parece una ley fundamental. También tendría que haber sido tratada, planteada, hablada hace 20 años y de otra manera. Ojalá dé el espacio que tiene que dar, que se abra realmente el juego a la diversidad de expresión. Con esto también soy crítico. Voy a ser más exigente con lo que viene: que se garantice la pluralidad y la posibilidad de muchos de acceder a los medios.
–¿Tenés tus dudas? ¿Inquietudes?
–Me parece que hay que estar alerta. Lo que nos enseña la ley es a estar alerta sin creer sólo en una voz. Por eso mismo, llevémoslo hasta el final, vayamos escuchando todas.
A mí me apasionó el debate. Tuvo momentos brillantes y otros bochornosos, que terminaron de sepultar a determinadas personas o medios. Fue un momento histórico que se da, además, en un momento histórico.
–Hablando de momentos históricos... ¿cómo viste toda la discusión en torno a la nueva Ley de Matrimonio Igualitario?
–La verdad es que a esta altura me parece tan triste ver cómo somos parte y víctimas de las propias imposiciones, de nuestras propias leyes. Las leyes nos terminan condicionando. Yo estoy a favor de la libertad, de que cada uno haga de su vida lo que quiera hacer y de que las leyes sirvan, además, para igualarnos y no para seguir separándonos. Con respecto al rol de la Iglesia, me parece que la movida política, todo el mundo político y religioso, son como elefantes en medio de un partido de fútbol. Tienen un tamaño tan grande... A veces la Iglesia tiene posiciones anticristianas. Cristo era un revolucionario y la Iglesia es conservadora.
–El estar de acuerdo con el modelo de país que plantea este Gobierno, coloca a las personas debajo de “la demoníaca letra K”. ¿Te molesta?
–No. Sobre todo en los últimos tiempos me hice todavía más cargo. Pasa que ante lecturas facilistas, que vos estés de acuerdo en algo significa estarlo en todo. Eso no pasa nunca. En una relación, vos estás en pareja y hay cosas con las que no estás de acuerdo. Yo apoyo una manera de llevar adelante un país pero en algunas cosas seré lo crítico que tenga que ser. No me preocupa que se me tilde de “K” ni de nada. Además, es un rótulo bastante pobre.
–Vos insistís en que todavía no creciste, o que no te diste cuenta, pero te recuerdo que hace un año y cuatro meses fuiste padre de Muna. ¿En qué te modificó?
–Se potenció mi culpa, por ejemplo cuando llego tarde a casa. Está todo dirigido ahí. Tiene que ver con la dirección de mi mirada. Yo me sigo mirando al espejo y sigo siendo yo, pero ella siempre está en algún lugar en ese espejo. Ya no escribo solo. Es como una mirada, es como un Gran Hermano de mi vida.
–Cuando decidiste poner una productora no sabías en la que te metías. Cuando decidiste ser padre, ¿te fue mejor?
–Yo no sabía que una mujer se ponía como se pone cuando está embarazada.
–¿Rompequinotos?
–Esteban Prol, un gran amigo, dice que, durante el embarazo, el escroto del hombre se estira más que la panza de la mujer y que es mucho más elástico y resistente. Agustina (Cherri) no se daba cuenta, pero yo no sabía que una mujer se ponía en ese estado. Tampoco sabía que después del parto era peor aún. No tenía la menor idea. Yo no sabía que iba a plantear diez veces el “separémonos, terminemos con esto, por Dios”. Nadie me lo había dicho.
–Igual, en el momento del parto no podés creer lo que está haciendo esa persona y ahí la perdonás.
–Claro. Me reenamoré. Creo que no sé si alguna vez voy a poder dejar de estar enamorado de ella. Por eso es tan potente la situación de concebir algo de a dos y de, por ende, tener algo que une de por vida aunque te desunan un montón de otras cosas. Increíble.
–Increíble que lo quieras hacer otra vez.
–Sí. ¡Y te juro que quiero!... Y eso que a veces te descubrís mirando a tu bebé que no se duerme con ganas de matarlo, diciendo: “¿quién es este monstruito?”. Con la paternidad superas todo: el embarazo, el asco, el horror.
–Hemos hablado de tu crecimiento profesional, personal, de tu postura frente a la vida, de tu paternidad... retomemos las reflexiones de tu personaje Juan Peruggia, ¿qué es, finalmente, el éxito para vos?
–Mirá, hoy puedo decir que me siento exitoso porque estoy encontrando un equilibrio entre lo que quiero expresar profesionalmente y lo que quiero expresar en mi casa, en las cuatro paredes de mi casa con mi mujer y mi hija. Hoy puedo tener un sueño profesional sin tener por qué abandonar otros sueños que uno puede tener. Y además, el no creer que estar en determinado lugar me habilita a hacer lo que quiera o a hacerlo gratis. Es una trampa que te pone todo el tiempo este medio, la pérdida de parámetros y de valores. En ese sentido me siento exitoso. Vos me preguntaste si me sentía más grande. El crecimiento tiene que ver con el reconocer una serie de errores relacionados con la soberbia. Poder dejarla de lado, reconocer que la pifiaste y pedir perdón. En eso también me siento exitoso.
Gastón es un hombre cuyo incentivo es la búsqueda constante. La búsqueda de respuestas, de equilibrio, de nuevas causas y proyectos... aunque no le guste la palabra, también la búsqueda de su propio crecimiento y, por qué no, la del éxito. Un éxito que ya tiene. Aunque, por suerte, no se la crea.
Agradecemos al Restaurante del Jardín Japonés, donde se realizó la entrevista y la producción de fotos.
