Soberanía y tecnología

Año 3. Edición número 154. Sábado 30 de abril de 2011
El acuerdo con Brasil para construir dos reactores de investigación avanza en la integración latinoamericana y posiciona a la Argentina en el complejo mercado mundial de radioisótopos

El año pasado, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recuperó para el calendario de feriados nacionales el Día de la Soberanía. Al encabezar los actos que conmemoraron la batalla de La Vuelta de Obligado, rescató la importancia de un concepto que parecía haber quedado en el olvido tras las tempestades provocadas por el neoliberalismo: soberanía. Aunque existen diferentes acepciones sobre el concepto, todas coinciden en indicar que un Estado soberano es aquel que “tiene el poder de decisión, de dar leyes sin recibirlas de otro, de controlar sus recursos sin la coerción de otros Estados o naciones”.
Entre los recursos con que cuenta un Estado están los naturales y los tecnológicos. Ambos han subsistido en nuestro país a pesar de la aplicación sistemática de un plan de desguace y desaparición. Semanas atrás, la flamante Presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, se reunió con su par argentina para ratificar convenios firmados con Lula Da Silva, y de esta manera fortalecer las relaciones bilaterales, potenciando el Mercosur y la Unasur.
Entre los 14 puntos rubricados destaca el firmado por el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, para que la Comisión Nacional de Energía Atómica (Cnea) y la Comisión Nuclear de Energía Nuclear (Cnen) construyan dos reactores nucleares de investigación multipropósito de 30 Mega Watts (MW), que tendrán como principal función la producción de radioisótopos.

Tecnecio 99: El radioisótopo más utilizado en medicina nuclear. En la medicina moderna, un radioisótopo se destaca sobre el resto, el Tecnecio 99 (Tc99), por ser el más utilizado para la medicina nuclear en el mundo. El Tecnecio 99 es, a su vez, un derivado del Molibdeno 99, y se calcula que este isótopo se utiliza diariamente en más de 80.000 imágenes médicas en todo el planeta. En la actualidad, sólo existen 5 países en condiciones de producir radioisótopos: Francia, Canadá, Sudáfrica, Australia y… ¡Argentina!
En nuestro caso, se utiliza una tecnología “única en el mundo” desarrollada por los trabajadores de la Cnea, que desde 2002 se las ingeniaron para producir blancos de uranio al 20% para obtener Molibdeno 99 y de esa forma esquivar las complejidades de tener uranio enriquecido al 90% (que es el utilizado por la industria bélica). Todo esto se produce en el reactor RA-3, de 10MW, que la Cnea tiene en su Centro Atómico Ezeiza.

Argentina: Maradona, asado, dulce de leche y reactores. El RA3 es el reactor que desde hace años abastece el mercado local de radioisótopos. Este reactor fue repotenciado en 2003 por una, entonces, arriesgada decisión, del Ministerio de Planificación, pasando de 5 a 10 MW. Los resultados están, ahora, a la vista: desde hace más de un año el RA-3 duplicó su producción, proporciona un tercio del mercado brasileño y más del 5% del mercado mundial. Todo eso con un reactorcito de 10MW.
La Cnea tiene una vasta experiencia en la construcción de reactores. En 1958 Argentina puso en marcha el primer reactor nuclear de Latinoamérica, el RA1, de apenas 40 Kw (menos de medio MW) que le permitió acumular la experiencia y conocimientos necesarios para concretar otros emprendimientos de mayor envergadura. El sector nuclear argentino también computa la “expertise” obtenida tras la construcción de las centrales Atucha I, Embalse, Atucha II y el Carem 25, la primera central nuclear de potencia 100% argentina, proyecto al que el Ministerio de Planificación le ha otorgado un especial empuje y sobre el cual desde el 2007 la Cnea viene avanzando a pasos agigantados.
Desde 1958, entonces, se desarrollaron los reactores de investigación RA0, RA2, RA4 y RA8; se construyeron los reactores argentinos RA-3 y RA-6 (en el Centro Atómico Bariloche), y se exportaron a Perú (RP-O y RP-10), Argelia (NUR), Egipto (Etrr-2), y Australia (Opal).
El Opal es un reactor que Argentina vendió y construyó para Australia. En 2000, Imvap, armado con los conocimientos nucleares que el país había acumulado en más de 50 años, ganó una licitación internacional en la que también se habían presentado empresas especializadas de Francia, Canadá, Inglaterra y Estados Unidos, entre otros. Con la empresa Invap (Sociedad del Estado, propiedad de la Provincia de Río Negro, administrada conjuntamente con la Comisión Nacional de Energía Atómica) a la cabeza, el sector nuclear argentino montó en Sydney el Opal, un reactor de 20 MW que no sólo satisface la demanda local de radioisótopos sino que apunta a sumar puntos en el mercado mundial al que ahora provee el 5%.

El aporte nuclear a la soberanía. El RA-10 es de un diseño más avanzado que el Opal y junto con la versión brasileña tendrá capacidad para acaparar cerca del 40% del mercado mundial de radioisótopos. Sin embargo, esto no es lo más importante, sino apenas consecuencia de aquello. Lo realmente trascendente es que la Argentina vuelve a recuperar, tras años de ostracismo neoliberal, los metros perdidos en la carrera tecnológica y vuelve a posicionarse entre los países de mayor desarrollo nuclear del mundo.
Argentina es uno de los selectos países que produce radioisótopos, pero también construye los reactores nucleares para esos fines, diseña sus propios combustibles nucleares y controla el ciclo de combustible al manejar la minería y el enriquecimiento de uranio. Además, está por terminar su tercera central nucleoeléctrica, ya está evaluando las mejores propuestas para construir su cuarta central y avanza aceleradamente en el desarrollo del Carem 25, una solución nuclear perfecta para los países en vías de desarrollo.
No cabe duda que estas herramientas tecnológicas suman a la hora de “alcanzar tanto en la política como en los negocios un mundo multipolar como otra forma de afianzar las relaciones entre países”, según manifestara en más de una oportunidad la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner; además de ser claros indicios de que Argentina vuelve a ser artífice de su propio destino.

Los Radioisótopos
Los isótopos radioactivos, o radioisótopos, se caracterizan principalmente por tener un núcleo atómico inestable y emitir energía. Son utilizados en la industria del agro y, principalmente, en la medicina. En la medicina los radioisótopos detectan enfermedades a tiempo y salvan vidas. Se utilizan esencialmente para el diagnóstico temprano de tumores cancerígenos; también, en los estudios de perfusión cardíaca (“cámaras gamma”) y en diferentes exámenes de tiroides, huesos, vesícula, pulmones, cerebro y riñones. Se calcula que, en total, cerca de 35 millones de personas usan Tecnecio 99 cada año, moviendo un mercado de U$S 2.500 millones.

Mega Watts
La potencia de los reactores de investigación, así como también los de generación eléctrica, pueden medirse por su potencia, expresada en watts o vatios.
Los reactores que Brasil y Argentina acordaron construir tendrán una potencia de 30 millones de watts o 30 MW; Atucha I es una central de generación eléctrica de 335 MW, Embalse de 600 MW y Atucha II 700. Además, la Cnea, tras el relanzamiento del Plan Nuclear en 2006, retomó la construcción del Carem, el primer reactor de diseño y construcción 100 % argentino, que en su versión de 100 MW podría satisfacer la demanda energética de una ciudad de 400 mil habitantes.

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Otras notas

  • Los acuerdos firmados con Brasil tras la visita de su presidenta, Dilma Rousseff, a su par Cristina Fernández de Kirchner, para la construcción de 2 reactores nucleares de tecnología argentina son la consecuencia del trabajo que desde hace años el ministro de Planificación, Julio De Vido, encargó, particularmente, a la Cnea.

  • La tragedia japonesa reabre el debate mundial sobre la controversia del uso de energía nuclear derivada del uranio como sustituto de las no renovables. El uso de la energía nuclear tuvo una gran aceptación desde que en diciembre de 1951 se puso en marcha el primer reactor y que alcanzó la cúspide durante la crisis del petróleo de 1973. Luego, fue perdiendo la aprobación inicial con el accidente de Chernobyl de 1986 para retomar su impulso a finales del siglo pasado debido a nuevos argumentos como el calentamiento global y las disputas por la potestad del petróleo.

  • El primer día del desastre de Fukushima, la firma Tepco informó que los reactores 1, 2 y 6 operaban con normalidad cuando ocurrieron el terremoto y el tsunami y que los otros tres reactores no contenían barras de combustible debido al mantenimiento periódico. Luego, el reactor 3 estalla y se quema. Dicho reactor, que funciona con combustible plutonio-uranio MOX, fue construido por Toshiba y dicha empresa tiene una cooperación internacional con Westinghouse para construir plantas nucleares. La filtración del reactor número 3, por lo tanto, es responsable de la filtración de plutonio.

  • La actual crisis nuclear en la planta nuclear Fukushima Daiichi de Japón después de un terremoto y un tsunami está causando revuelo en la política energética de casi todos los países que utilizan energía nuclear. Las repercusiones de Fukushima se sienten con fuerza dentro y fuera del país, tal como las réplicas siguen sintiéndose en el norte de Japón, incluido Tokio.

  • Hoy más que nunca Chile está buscando opciones para diversificar la matriz energética. Las centrales nucleares son las más usadas para generar energía en Europa, Norteamérica y países asiáticos. Entonces, la discusión se centra no sólo en las consecuencias medioambientales que tienen los reactores, sino también, en los peligros de instalarlos en zonas de terremotos y tsunamis como en Chile.

  • La actividad nuclear es controvertida. Despierta en general más antipatías repentinas que simpatías profundas. Y sus conflictos dialogan tanto con los miedos y los mitos, como con el desarrollo y la alta tecnología. Ante accidentes como el de Japón, o Chernobyl se vuelve una actividad piantavotos, sumado a que en su origen están las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Como en otras controversias, más allá de los beneficios muchas veces reconocidos, el vínculo entre el mundo nuclear y la sociedad tiene en la problemática de la seguridad, y la aceptación de los riesgos, su hilo más delgado.