Al igual que en las elecciones de 2009, el mapa político argentino ser perfila con tres grandes corrientes para la votación de octubre. No se trata de tercios, porque una de las vertientes, el kirchnerismo, tiene casi la mitad de los votos. Las otras dos –Alfonsín y Macri– pelean, cada una, por llegar al 20 por ciento. De todos modos, el escenario reabre el debate sobre el bipartidismo local y la vigencia –o no– de las profecías sobre el fin del peronismo y el radicalismo. Miradas al Sur consultó al respecto al politólogo, investigador del Conicet, Miguel De Luca.
–¿Argentina camina hacia un sistema de tres partidos?
–Hay antecedentes en la región. Chile, antes de Pinochet, en la elección que ganó Allende, tuvo un sistema de tres: Jorge Alessandri, por derecha; Radomiro Tomic, por el centro, y Salvador Allende, por izquierda. También Uruguay, hasta hace poco, fue así: el Frente Amplio, los colorados y los nacionales. Ahora se polarizó en dos bloques. Se puede decir lo mismo de la última elección en México, donde estuvieron el PAN, el PRI y el PRD. El tema es que toda la bibliografía sobre estos esquemas dice que no son estables en el tiempo; un ejemplo de eso es lo que mencioné sobre Uruguay.
–¿Por qué no son estables?
–Las reglas del juego electoral, como el ballottage, hacen que en algún momento queden sólo dos competidores y eso tiende a que el sistema político termine organizándose en dos grandes bloques.
–La fractura del peronismo vuelve a reabrir el debate sobre su división definitiva, ¿qué piensa de eso ?
–Decir que el peronismo está fracturado es discutible. Es un partido que tiene muchas similitudes con el PRI, que siempre contó con corrientes internas muy diferentes. El PRI tuvo presidentes de centro izquierda y de centro derecha. Yo, por lo menos para los próximos tiempos, no comparto la hipótesis de que el peronismo terminará dividido por cuestiones ideológicas. Cada vez que hay una fisura –como el grupo de los 8 en los ’90 por izquierda– se reaviva esa idea. A mí me parece que la política argentina sigue teniendo una impronta muy fuerte de dividirse entre peronismo y no peronismo. Es más consistente que el cruce ideológico. Con esa divisoria, se puede identificar más claramente al electorado y cómo se agrupan los dirigentes.
–Si el cruce no es ideológico, ¿qué diferencia a estas dos vertientes políticas que usted plantea?
–No tienen que ver con la posición socioeconómica, donde sería más fácil decir si uno es de derecha y otro de izquierda. La diferencia está en los modos de hacer política. En la tradición peronista, la resolución de los problemas es más importante que la forma. La eficacia de resultados es lo que pesa. En la cultura no peronista prima el apego a los procedimientos. De hecho, el eje del discurso opositor, los últimos tiempos, fue ése. Esto también tiene antecedentes en otras partes. Los debates en Francia entre el degaullismo (por Charles De Gaulle) y el no degaullismo eran similares. Yo creo que este cruce seguirá siendo el más importante de la política argentina por muchos años.

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