Sobre policías y sindicatos

Año 5. Edición número 216. Domingo 8 de julio de 2012
Santa Cruz. Los policías acuartelados reclaman una recomposición salarial.
Del reclamo salarial a la protesta corporativa: ¿un nuevo actor político armado?

Al cierre esta edición, el gobierno de Santa Cruz negociaba con cuarenta delegados de la policía provincial el levantamiento de la huelga que desde el lunes dejó sin custodia a gran parte de la provincia. Luego de marchas de familiares y de un acuartelamiento que –según denunciaron los medios de prensa– provocó el aumento de robos, la discusión está puesta en los porcentajes salariales. Por la medida fueron sancionados un comisario y un oficial. El primero fue puesto a disponibilidad y el oficial fue trasladado a otra comisaría como represalia. Desde entonces, los amotinados pidieron, también, la renuncia del jefe y subjefe de la fuerza, “por las presiones aplicadas a los policías y sus familiares” que participan de la protesta.
Los policías santacruceños habían tomado una medida similar en 2010. En Misiones, en febrero, la tropa se autoacuarteló por mejoras salariales y para pedir la reincorporación de cinco cesanteados, separados de la fuerza luego de un intento de sindicalización. Entre otras medidas, tomaron la jefatura de policía y amenazaron con hacer lo mismo con la casa de gobierno. En abril y mayo del año pasado, los policías de Tucumán protagonizaron escenas similares: además de autoacuartelarse, hicieron piquetes y movilizaciones junto a varios de sus familiares.
En diciembre del año pasado, en la provincia de Buenos Aires, un sector de la policía bonaerense se acuarteló luego de que dieciséis efectivos de infantería fueran sancionados por reprimir a militantes de La Cámpora que presenciaban la asunción del gobernador Daniel Scioli y el vice Gabriel Mariotto.
Si bien en nuestro país está prohibido que la policía se sindicalice, en algunas provincias hay asociaciones profesionales y sindicatos ilegales. En la provincia de Buenos Aires hubo –y hay– varios intentos. Un precursor en la materia es el ex comisario Edgardo Mastandrea, hoy detenido por crímenes de lesa humanidad. Uno de esos grupos –que en la semana contó con una muy pequeña columna en la movilización de la CTA reclamando por los salarios– intentó llamar a un acuartelamiento policial, imitando a Santa Cruz. La convocatoria no tuvo repercusión.
Otro de los “sindicatos” funciona en Santa Fe, donde –como informó Miradas al Sur la semana pasada– las denuncias por corrupción, torturas y negociados son más que frecuentes. Allí, hace dos semanas tres jóvenes denunciaron haber sido torturados con picana y submarino seco en una comisaría. La respuesta de la “Unión de Trabajadores Policiales de Santa Fe” fue inmediata: fueron hasta la localidad para respaldar a sus compañeros, que como única sanción habían sido trasladados. “No vamos a permitir”, dijeron desde su página de internet, “que ninguna persona quiera limpiar sus vestiduras en esto de hacer politiquería barata, ensuciando a la familia policial; le vamos a poner un freno a los que vociferan contra nobles trabajadores que en el ejercicio de sus funciones sólo hacen cumplir la ley y resguardar los bienes del resto de la sociedad”.
Mientras desde algunos sectores se dice que los policías son “los trabajadores estatales más precarizados”, quienes se oponen a la sindicalización esgrimen como argumento que ejemplos como el de Santa Fe o la provincia de Buenos Aires, demuestran que sería un arma de doble filo. “En la matriz policial argentina”, reconoce un hombre de una de las fuerzas más numerosas del país, “sería imposible escapar de la extorsión. Se le estaría dando un cause institucional a una política en la que la población termina de rehén. Por ejemplo, en Santa Cruz, se registraron varios robos: ni siquiera mantuvieron las prestaciones mínimas”.

Policía y política. Pero, más allá de lo salarial y la defensa corporativa, otros plantean un debate de fondo: el rol político de las policías en una época en la que los ejércitos dejaron de ser un factor de poder. La alerta la dio Ecuador, en 2010. La huelga policial por mejoras salariales terminó en un intento de golpe de Estado. El presidente Rafael Correa estuvo secuestrado y, si logró salir vivo de allí, es porque miles de personas se movilizaron para rescatarlos. Desde entonces, el concepto se repite.
En Argentina, quien lo expresó de forma más clara fue Raúl Zaffaroni. En una entrevista con el periodista Martín Piqué, en Tiempo Argentino, habló sobre la criminalización de la protesta y la relación de ésta con la policía. “El discurso de no criminalizar la protesta social no es un discurso progresista”, dijo el juez de la Corte Suprema. “Es un discurso de legítima defensa de todo Estado y de todo gobierno más o menos progresista”.
–¿Por qué legítima defensa? –preguntó el periodista.
–Porque criminalizar la protesta social o, mejor dicho, reprimir la protesta social es directamente una trampa. Se lo hace para que en la represión haya unos cuantos muertos. Y que eso provoque Kosteki y Santillán, y que con eso se tenga que ir Duhalde, que eso provoque los muertos de la Plaza de Mayo, y que con eso se termine de voltear a De la Rúa. Hoy los golpes de Estado los dan las fuerzas de seguridad, no los dan los ejércitos. No son golpes de Estado tradicionales, son golpes de Estado desestabilizadores. Con los ejemplos que damos, no creo que tengamos que ir a pensar en Ecuador. Entre una coalición de medios masivos de gran difusión, un sector policial disconforme (porque no necesita ser toda una fuerza), generalmente por razones no muy confesables, y algún segmento político interesado en desestabilizar, sí pueden dar un golpe de Estado. Tranquilamente. Pero esto que digo no es ninguna novedad. En América latina hace ya quince años que lo voltearon a Nilo Batista en Río de Janeiro: lo volteó una organización de esta naturaleza, con combinación de la Red Globo. ¿Por qué? Porque no había querido eximir a la Red Globo de algunos impuestos estatales.
El motín policial en Bolivia duró una semana y comenzó con un reclamo salarial al que se le sumaron quejas por las sanciones disciplinarias, que incluyeron un incendio. En una crónica desde el lugar de los hechos, la Revista Anfibia contó la escena: “Los amotinados querían tomar el edificio donde se guardan sus legajos, sus fojas de servicio. Y hacer una fogata con ellos”. Más adelante: “Sin resistencia aparente, el edificio del Tribunal Disciplinario se entregó al fuego y a una violencia cada vez más deliberada, cada vez menos atemorizada, de los rangos bajos de la policía. Desde afuera, desde la plazuela, desde el atrio de la iglesia, a través de las ventanas, se veían las llamas que avanzaban sobre las oficinas”.
Luego de levantada la huelga, el vicepresidente boliviano, Alvaro García Linera, denunció que detrás de los amotinados había un intento de golpe de Estado. Señaló a dos partidos de la oposición –Unidad Nacional (UN) y Movimiento Sin Miedo (MSM)– como instigadores de los hechos más violentos y señaló una serie de elementos –el ataque a instituciones públicas, agresiones contra la prensa, parálisis del sistema financiero y llamados abiertos al golpe– que hacían suponer que en la trastienda había una intencionalidad oscura.
Quizá, como en el resto de América latina, la protesta policial había puesto en manifiesto la poca distancia que, en manos de la policía, hay entre el reclamo salarial, el corporativo y el convertirse en un actor armado en la política de nuestro continente.

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Otras notas

  • La huelga policial en Santa Cruz logró su objetivo estratégico: instalar la sensación de que esa provincia es ahora una enorme zona liberada. Y lo hizo sin que haya crecido la actividad delictiva. Sólo bastó que, por falta de custodia, los bancos y las dependencias oficiales hubieran limitado o suspendido sus horas de atención para así trastocar los ejes de la vida cotidiana. Pero no exclusivamente en el sentido burocrático. Es que el plan de lucha de los uniformados también se vale del miedo civil y del contagio.

  • La ministra de Comunicación de Bolivia y portavoz presidencial, Amanda Dávila, dijo esta semana, que al margen del acuerdo en el conflicto con los policías de baja graduación, “se hará una reforma profunda” de esa fuerza, porque durante las negociaciones, los mismos representantes de los uniformados “denunciaron a algunos sectores internos con afanes golpistas”.

  • Roberto Andrada es un trabajador que, desde siempre, vive en Villa Gesell. Nunca sospechó que en su ciudad le podría pasar lo que le pasó. La noche del 17 de febrero, mientras se bañaba luego de una jornada de trabajo, oyó que llamaban a la puerta. Apenas tuvo tiempo para la sorpresa de ver a dos policías uniformados (una mujer y un hombre). “Me empujaron hacia adentro y me empezaron a pegar, me pedían dos mil pesos y el celular”, dice Andrada. Una vez que lo ataron, cuenta, el policía sacó su arma reglamentaria y procedió a un simulacro de fusilamiento.

  • En los prefectos y gendarmes que protestan en Puerto Madero y Retiro se pudo advertir cierta predisposición por el espontaneísmo. Ello lo constató el prefecto general Norberto Venerini, quien el miércoles protagonizó una dramática salida del Edificio Guardacostas al ser atacado a patadas y puñetazos por el personal en lucha. “¡Devolvé la guita, chorro hijo de puta!”, le gritaban. La escena fue transmitida en vivo por todas las señales de noticias.

  • Hubo una época -no muy lejana-, en la que Estados Unidos recurrría a generales, brigadieres y almirantes para perpetrar los golpes de Estado en América Latina. En aquella época se hicieron famosos los apellidos Videla, Trujillo, Pinochet.

  • Jonathan Alí tenía 19 años y murió el lunes 31 de octubre en una cama del hospital Fiorito. La historia que terminó con su vida empezó en la madrugada del 10 de octubre, cuando Alí fue detenido con una herida de bala en la espalda, acusado de haber asaltado a un comisario de Mercedes que estaba de pesca en la localidad bonaerense de San Pedro. Una semana después, el joven fue trasladado al Hospital Fiorito, en Avellaneda, para hacerle una intervención quirúrgica compleja. La operación salió bien.