Soñar, organizar, transformar y seguir soñando

Año 3. Edición número 155. Domingo 8 de mayo de 2011
(TELAM)

Cuando Cristina Fernández de Kirchner llamó el jueves pasado desde el conurbano bonaerense a organizarse desde abajo, no para recibir, sino para transformar la realidad, entendimos que estaba dando una clave de sol para afinar los instrumentos que dispone el pueblo en este tramo de la historia argentina.
El sueño inaugurado con Néstor Kirchner amaneció de apuro, a borbotones, a dentelladas.
Cristina pareció decir: llegó la hora de organizarnos como pueblo para entrar en una etapa de transformaciones profundas y así, poder seguir soñando con un país cada vez más justo, más inclusivo, más libre, más bello.
En el mientras tanto, todo transcurre en simultáneo.
El pueblo y sus expresiones más representativas se muestran en plena ofensiva cultural y democrática, en todos los terrenos donde juega su destino.
Los opositores, en cambio, retroceden en chancleta, abandonando víveres, editoriales y recursos humanos en la estampida.
La exitosa presentación de Zonceras, el libro de Aníbal Fernández, en la Feria del Libro y el nutrido encuentro organizado por Carta Abierta en el mismo lugar, la presentación decadente y abrumada del escritor Vargas Llosa y la delegación de la SIP en Buenos Aires, la aparición pública, emotiva y contundente de Victoria Montenegro y de Victoria Moyano Artigas, la movilización festiva y masiva de los 500 mil trabajadores convocados por la CGT en la Avenida 9 de Julio y el acto en el Luna Park de la CTA, ambos eventos en homenaje al 1º de Mayo, la sanción de la ley que regula la medicina prepaga y las sanciones judiciales contra Techint parecieran episodios dirigidos por la batuta de la historia.
Y quizá lo sean.
Las condiciones objetivas están, las subjetivas también. Y al que le quepan dudas, que observe y aprecie la insurgencia pacífica y constructiva de esta nueva generación de jóvenes que llegó para quedarse.
En este marco se entiende mejor la deserción opositora.
Si la de Pino Solanas demuestra que el centroizquierda del escenario político le pertenece por entero al kirchnerismo, la deserción de Macri expresa la fortaleza del Gobierno y, en consecuencia, la debilidad de la derecha.
La de ellos no es una “opción inteligente” por la Capital. Es, simplemente, una caída libre.
Este cuadro de situación plantea la necesidad de rehacer varias tesis políticas, reescribir categorías de la sociología, manuales de estilo y hasta las recetas de doña Petrona C. de Gandulfo.
Habrá que saber leer correctamente las consecuencias del agujero negro que provocará la extinción de la “estrella” del PRO.
Se desmoronó la hipótesis de una pugna electoral entre quienes representarán al modelo nacional y popular, de un lado y Macri del otro.
Ese escenario ya no estará. Salvo que Magnetto se presente sobre el filo del reloj electoral.
¿Entonces? ¿Habrá que barajar y dar de nuevo en el oficialismo? ¿O todo sigue más o menos igual? ¿A quién le hablará el kirchnerismo de aquí en más? ¿Dónde y cómo quedan ubicados los que fueron abandonados por sus falsos profetas? ¿Qué fue y será de los bienintencionados que pensaban votar a Solanas para apurar “por izquierda” al Gobierno Nacional o “por derecha” votando al pejota federal?
Los interrogantes inquietan cuando son sinceros.
La deserción más canalla de los dirigentes opositores es con sus potenciales votantes. Pero no parece preocuparles. Sólo piensan en ellos, no en la gente que los seguía.
Desde esa lógica de superestructura absoluta, arman y desarman sus asociaciones.
En tal delirio dirigencial no importa cómo piensa el otro, porque nadie piensa de verdad. Hacen suma y resta cuando lo que tendrían que hacer es literatura de borrón y cuenta nueva.
Demuestran que no tienen proyecto de país sino apenas un mal proyecto de mercado.
Si lo hubiesen tenido, van al ruedo a ganar o a perder. Que de eso se trata la vida en democracia cuando se tienen convicciones, principios, valores y proyectos colectivos.
Esta oposición es la borra del último café de la vieja política.
Esos dirigentes no sobrevivieron para reformular las formas y el contenido de sus propuestas de acuerdo con las demandas de la sociedad.
Quedaron como estatuas de sal, como ese ejército de terracota de la dinastía china o como el barco encontrado en el fango de las obras de Puerto Madero.
Enteros en apariencia, pero no bien les entra aire o los bañan de realidad, se deshacen entre los dedos frágilmente. Son lo que fueron. Sin conciencia de sí ni para sí.
El vacío que deja esta oposición en retirada debiera ser llenado por las propuestas de país que viene desarrollando el kirchnerismo desde el 2003.
Ése es el salto cualitativo al que deberá atreverse el oficialismo en todos sus niveles.
Ya no debería hablarle sola y exclusivamente a los seguidores. Con los leales de siempre deberá salir al ruedo a conversar con quienes quedaron abandonados en el campo de disputa.
¿O acaso el anacrónico Duhalde o un actor de reparto enviado por Solanas los podría representar, siendo como son parte del mismo naufragio opositor?
El kirchnerismo hoy expresa no una ficha partidaria, sino un proyecto de país.
Es el modelo de desarrollo inclusivo que encabeza Cristina el que les da representación genuina a todos los argentinos.
Y si con este modelo nadie queda afuera en términos sociales, culturales y económicos ¿por qué razón deberían quedar desamparados en términos de representación política?
Razonar así es agrandar la cancha, siempre. Razonar así es dar cuenta de que hay un proyecto nacional en marcha y no tan sólo un proyecto electoral.
En este entendimiento, las fuerzas del campo popular deberían consolidar el espacio transformador que les es propio y ocupar, por mandato de la historia, todo el campo de batalla contra el atraso, contra las heridas que nos quedan, contra la desocupación y la pobreza que aún persisten, contra el olvido y la impunidad, contra la vieja política, contra el monopolio mediático del Grupo Clarín.
Si, en definitiva, transformar para seguir soñando es lo que da sentido a la vida.

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Otras notas

  • Hay varias cuestiones para analizar, tratando de entender lo que nos viene pasando.
    El sistema político argentino estalló en diciembre del 2001.
    Lo admiten todos los dirigentes partidarios y mediáticos, de la boca para afuera.
    Pero resulta que el movimiento nacional y popular, primero de la mano de Néstor Kirchner y después de Cristina, fue el único espacio social que logró reconstruir su tejido, interpretar el momento histórico y transformar la realidad.
    Los demás sectores y actores, sin excepción, siguen volando por el aire sin poder dar pie con bola.
    Otra cuestión.

  • Néstor Kirchner acaba de ganar su última batalla. La batalla que él sabía era la más difícil, la que construye sentido común, la que hace historia, la que tenía más enemigos: la batalla cultural.
    Lo hizo a su manera. Con el sacrificio de su propia vida, con épica militante, con multitudes en la Plaza despidiendo al guerrero, con miles de jóvenes cerrando ese círculo en espiral que fuera abierto por aquella gloriosa juventud de los setenta a la que Néstor Kirchner perteneció.

  • La elección de hoy en Buenos Aires es otra estación rumbo a los comicios nacionales de octubre y por eso mismo, atravesada por la tensión entre los dos proyectos de país en pugna.

  • Una vez, hace mucho tiempo, Néstor Kirchner reflexionó casi por lo bajo: “De Perón y Evita hay que acordarse cuando se gobierna”.
    Alguien lo escuchó y llevó la frase a un paredón de pueblo, a un cartel, a una consigna, a una canción de amor.
    Néstor y Cristina lo llevaron a la práctica desde el gobierno.
    Es injusto e incorrecto comparar tiempos históricos. Ya no calzan zapatos de charol nuestras mujeres en el barrio, ni los caballeros usan polaina para ir al café.
    Cada época tiene su propio lenguaje, sus códigos, sus modas, su forma de entenderse.

  • El 14 de abril de 2002 el comandante Hugo Chávez fue rescatado por su pueblo y por su ejército de los oscuros calabozos del olvido y el destierro al que lo habían confinado los golpistas cívico-militares venezolanos.
    Fue un punto de inflexión para la nueva democracia latinoamericana.
    Como se habrá notado, no decimos venezolana, solamente.
    Sin embargo, el golpismo continuó trajinando el continente con su afán desmoralizador, despolitizador y ajustador de cuentas.
    Allí están para demostrarlo los gobiernos populares de Bolivia, Ecuador, Honduras y Paraguay.

  • La victoria de Cristina viene cargada de futuro. Como la poesía. Esta primera definición nos lleva a un mensaje quizás más rudo: llegó la hora de pasar al ataque.
    Si la solidaridad es la ternura
    de los pueblos, es ella la que pasa
    al ataque contra el egoísmo de los grandes grupos mediáticos que apuestan al fracaso argentino, a
    la subestimación colectiva, a la humillación permanente, al pesimismo generalizado. Desde ese lugar compartido, es imprescindible organizarse para limpiar el cielo con una lluvia de ideas, un aguacero de palabras nuevas, un viento que aclare el horizonte.