En La idea fija, la obra del coreógrafo, músico y actor Pablo Rotemberg, lo que impresiona es el despliegue multiforme de la sexualidad sin palabras. Porque el sexo, más allá de las muecas del porno estandarizado traducido al español de Galicia, del replique en la intimidad de un remachado fraseo copular globalizado (“oh, baby, Dios, yes, yes, chupamelá”) es onomatopéyico y estrictamente físico. Pero sobre todo, solitario.
A través de cinco actores/actrices-bailarines, el amplio escenario de El Portón de Sánchez (Sánchez de Bustamante 1034, sábados 21 hs) se colma de ansias libidinales, acompañados siempre por una banda de sonido kitsch y una iluminación mefistofélica y tecno, preciso trabajo de Fernando Berreta. En La idea fija el encuentro entre dos cuerpos está en el orden de las utopías. Hay una orfandad fagocitadora que se juega entre la mecanización fordista, el onanismo voyeurizado (porque en primera instancia, unx coge con unx mismx) y la repetición de una pulsión simia, selvática...
El bailarín que descuella en la primera escena, el mendocino Alfonso Barón, se habría merecido ser el partenaire de Natalie Portman en El cisne negro. La expresividad que logra parece la de un fauno de la era hipertecnológica: sin solución de continuidad, conjuga notablemente el primitivismo con una cualidad de androide. Juan González, por su parte, expresa un cuerpo transexual con una plasticidad más femenina que la de una mujer. Las bailarinas Rosaura y Vanina García portan un humor antisolemne radicalizado, sobre todo cuando juegan un partido de tenis con sus tetas como amarillas pelotitas. El rol naif de Mariano Kodner envuelve la obra y a sus compañeros de una pátina de delirio rosado, cuando la ontología sexual del mundo alrededor se derrumba en cascada.
La obra fue seleccionada para representar a la Ciudad de Buenos Aires en la XXVI Fiesta Nacional del Teatro 2011 (San Juan, Argentina); participó en el XV Festival de Danza de Nuevas Tendencias (Mendoza, 2010); recibió cuatro Nominaciones Premios Teatros del Mundo (2010) y fue nominada en tres categorías de los Premios Trinidad Guevara (2011).
