La excusa formal no alcanzó a silenciar las diferencias que dispararon la ruptura. Telefónica de Argentina se sumó durante la última semana de noviembre al grupo de empresas que abandonaron la Asociación Empresaria Argentina (AEA) que conducen Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín, y Paolo Rocca, presidente del Grupo Techint. El alejamiento lo decidió Eduardo Caride antes de dejar la titularidad de la telco para ocupar un cargo regional desde donde controlará las operaciones de la firma española en Argentina, Colombia, Chile, Uruguay, Ecuador y Perú.
La decisión se precipitó con el fallo de la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal que anuló los acuerdos cerrados por Telefónica y Telecom con DirectTV para brindar el servicio de telefonía, internet y televisión digital, conocido como triple play. En la telco española desmienten diferencias con Magnetto y sólo señalan que AEA no está entre las prioridades de Luis Blasco, su nuevo presidente. En el mercado, relativizan la posición y afirman que la ruptura se produjo por el “fuerte lobby” que realizó Magnetto para abortar el negocio de las telefónicas.
La salida de la empresa española comenzó a madurar en abril, cuando la Asociación Argentina de Televisión por Cable (Atvc), que responde a Magnetto, inició la ofensiva judicial. La determinación de los jueces Jorge Argento y Sergio Fernández dio por tierra con los productos Superpack, de Telecom, y Trío, de Telefónica. A contrapelo de las compañías, que señalaron que se trataba de una sociedad donde cada firma ofrecía su servicio en un combo promocional, los camaristas entendieron que el acuerdo “constituye una vía por la que se ha intentado sortear el impedimento” –que el mismo tribunal había dictado– para que brindaran servicios de radiodifusión.
En realidad, la disputa entre Telefónica y el Grupo Clarín arrancó en julio de 2009, cuando la Secretaría de Comunicaciones le concedió a Fibertel la posibilidad de brindar telefonía. En ese momento, la telco denunció que Fibertel había dejado de ser una sociedad porque el mismo Grupo Clarín la había disuelto. Cuando el Gobierno decretó la caducidad de la licencia, el multimedios argumentó que el objetivo era beneficiar a las telefónicas. La presión de Magnetto no se detuvo y redobló sus críticas al Gobierno por autorizar la permanencia de Telecom Italia en Telecom Argentina debido a la relación que ambas empresas tienen en Europa.
Un lobby permanente. Aunque no lo digan en voz alta, los directivos de Telefónica -al igual que otros empresarios que abandonaron AEA- deslizan que Magnetto y Rocca utilizan la entidad para defender sus propios intereses. En el caso de los españoles aducen que la prohibición que les impide brindar el servicio de triple play es producto del permanente lobby que ejerce el Grupo Clarín para sostener su posición dominante en el mercado de la televisión por cable.
En los hechos, las divisiones en el seno de AEA comenzaron a profundizarse en agosto pasado, luego de que Magnetto y Julio César Saguier decidieran darle, con el visto bueno de Rocca, una profusa difusión en los diarios Clarín y La Nación a la reunión que la cúpula de la entidad mantuvo con su par de la Unión Industrial Argentina (UIA). Los cortocircuitos, sin embargo, se habían iniciado antes. Más exactamente en abril, tras la subrepticia reunión que Magnetto, Rocca, Luis Pagani (Arcor), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó) y Luciano Miguens (ex presidente de la Sociedad Rural Argentina) mantuvieron con Ricardo Lorenzetti, titular de la Corte Suprema de Justicia.
Semanas después de que tomara estado público el cónclave dejaron la entidad Petrobras, Gas Natural BAN, Loma Negra -ahora propiedad del grupo brasileño Carmargo Correa-, SanCor y TBA. Aunque ninguno de sus directivos hizo públicas las razones, las deserciones precedieron a una nueva ofensiva, conducida desde lo formal por Jaime Campos, alter ego de la dupla Magnetto-Rocca.
La avanzada se concretó mediante dos comunicados. El primero expresaba la “preocupación” de AEA por el “clima de fuerte hostilidad” hacia el Poder Judicial. Una forma solapada de expresar su interés por frenar la nueva ley de medios que había sancionado el Congreso y, más específicamente, el artículo que obliga al holding a desinvertir. La segunda gacetilla pedía “seguridad jurídica”, “previsibilidad” y “pleno respeto a la actividad privada” ante la caducidad de la licencia de Fibertel y las protestas de los trabajadores tercerizados de Siderar.
¿Nuevos abandonos? Quienes siguen de cerca los movimientos del empresariado local pronostican nuevas deserciones. Esta vez, los alejamientos tendrían como protagonistas a empresarios de sectores que se beneficiaron por el tipo de cambio competitivo y la reactivación del mercado interno. La distancia que los separa de los grupos trasnacionalizados que ganaron con la convertibilidad y la pesificación asimétrica de sus pasivos es grande y quedó expuesta con la convocatoria del Gobierno al diálogo social.
Aunque acostumbrados a limar diferencias lejos de los periodistas, las disidencias traspasaron las gruesas paredes de la entidad. Según trascendió, la propuesta del empresario textil Teodoro Karagozian (TN Platex) de gestionar una audiencia con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue rechazada de plano por Magnetto, secundado por Rocca, incluso cuando varios socios de AEA habían aceptado la idea que finalmente abortó el CEO de Grupo Clarín.
¿Hasta cuándo los objetivos del multimedios seguirán primando sobre los intereses del conjunto de AEA? ¿Podrá la entidad reconvertirse o, simplemente, se disolverá en sus propias contradicciones? Por ahora, el portazo de Telefónica parece confirmar que sus integrantes no saben, o no pueden, encontrar una solución a los dictados de la dupla Magnetto-Rocca. En este contexto, la deserción de Telefónica sumó una nueva cuota de debilidad al espacio corporativo que cultiva el CEO de Grupo Clarín para presionar contra los mandatos de un sector mayoritario de la sociedad.

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