Terremoto y Tsunami: Últimas imágenes del naufragio

Año 3. Edición número 147. Domingo 13 de marzo de 2011
Casas en llamas forman parte del escenario apocalíptico que dejó el paso del tsumani. Continua el temor por la posible contaminación radioactiva. (AP)

Al menos mil personas muertas, centenares desaparecidas, decenas de miles de evacuados, miles de casas, fábricas y negocios destruidos o seriamente dañados, cientos de barcos invadiendo carreteras y zonas urbanas; una decena de centrales nucleares atómicas, refinerías de petróleo y complejos petroquímicos afectados, con fugas radiactivas que han obligado al Gobierno nipón a decretar la alarma nuclear.
Japón volvió a vivir la pesadilla de los terremotos. La furia de la naturaleza se volvió a ensañar, como tantas veces antes con su archipiélago de más de 6.800 islas, en el noroeste del Océano Pacífico, donde tienen lugar cerca del 20% del total de terremotos de un nivel superior a los 6 grados en la escala Richter que se producen en el mundo.
En esta ocasión su nivel fue de 8,9 grados, el más elevado en este país que se conoce desde que hace 140 años se adoptó el actual sistema de medición, y tuvo su epicentro mar adentro, a 24 kilómetros de profundidad, en la región de Tohohu, al noreste de Japón, a 125 kilómetros de la ciudad de Sandei. Esta ciudad es parte de la isla de Honshu, la más importante de Japón, de más de 100 millones de habitantes, de la que forma parte la capital, Tokio, con una población metropolitana de más de 30 millones de habitantes.
Con sus 230.500 kilómetros cuadrados la isla de Honshu ocupa el 60% del territorio japonés; es muy montañosa, con numerosos volcanes y 5.450 kilómetros de costa. El sismo del viernes adquirió forma de tsunami, provocando olas de hasta diez metros de altura que golpearon con furia todas las poblaciones costeras arrasándolo todo a su paso. Las imágenes mostradas por la televisión japonesa y los vídeos caseros de muchos ciudadanos, parecían revivir el tsunami de 9,3 grados que en 2004 tuvo su epicentro en Sumatra, Indonesia, y que golpeó igualmente con brutal violencia a varios otros países del Océano Indico, dejando un saldo 230.000 muertos y amplias zonas devastadas que no han podido recuperarse hasta el día de hoy.
A diferencia de aquel tsunami, que se ensañó con países menos desarrollados, sin sistemas de detección temprana de tsunamis y con edificaciones carentes de materiales antisísmicos, el del viernes pasado en Japón, pese a su alto poder destructivo, provocó un número infinitamente menor de muertos. Los japoneses se crían con esa espada de Damocles sobre sus cabezas y desde niños reciben instrucciones en las escuelas y en sus hogares para saber cómo actuar ante un terremoto. Es parte de sus vidas. Las fallas sísmicas se encuentran muy cerca de sus costas, por lo que las gigantescas olas que provocan los terremotos en el mar rápidamente golpean sus costas. Japón ha hecho una gran inversión para instalar mareógrafos en sus costas y un sofisticado sistema de boyas conectadas por cable a tierra que detectan en todo momento cualquier alteración anormal en las mareas, lo que permite, como en este caso, organizar rápidamente evacuaciones masivas de poblaciones enteras.
En todas las playas y zonas costeras existen parlantes para avisar a la gente de cualquier peligro en el mar; en todos los barrios de las ciudades niponas hay previstas zonas de evacuación y en cada edificio la comunidad de vecinos tiene previstos planes de emergencia. Los edificios pasan regularmente por exhaustivas inspecciones para certificar que cumplen con las normativas antisísmicas.
En los videos que se podían ver el viernes y ayer por televisión, se comprobaba cómo altos edificios se movían, por los materiales flexibles con los cuales están construidos, pero podían resistir las fuertes vibraciones de la tierra.
A pesar de las prevenciones, la descomunal fuerza de las olas y la rapidez con la que estas arrastraban barcos, coches y todo lo que encontraran a su paso, superó cualquier previsión. Hasta Tokio, a más de 300 kilómetros de distancia del epicentro del terremoto, llegaron las ondas del terremoto y sus réplicas, provocando la paralización del transporte aéreo, ferroviario y el subterráneo, la circulación por carretera, lo que generó un gigantesco caos en la ciudad. Miles de trabajadores tuvieron que quedarse a dormir en la ciudad, en las propias oficinas y lugares improvisados, polideportivos y escuelas, ante la imposibilidad de volver a sus casas. Los supermercados quedaron rápidamente vacíos ante los temores de los tokiotas a quedarse sin suministros. Se calcula que cuatro millones de edificios de la gran amplia zona del país afectada quedaron sin suministro eléctrico, mientras la telefonía móvil quedaba bloqueada.
Durante las 36 horas posteriores al tsunami se produjeron cerca de 80 réplicas, muchas de ellas de 6 y más grados, por lo que las alarmas siguieron manteniéndose.
Según informó en una nota de prensa el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia (Ingv, www.ingv.it), como consecuencia del tsunami el eje de rotación de la Tierra puede haberse desplazado casi 10 centímetros. “El impacto de este suceso (el tsunami) sobre el eje de rotación ha sido mucho mayor que el terremoto de Sumatra de 2004 y posiblemente sea el segundo mayor de la historia, sólo superado por el de Chile de 1960”, según el Ingv.
Una de las grandes preocupaciones de las autoridades niponas, e incluso las de países vecinos, es el temor a que se produzcan fugas nucleares en sus numerosas plantas ubicadas en las zonas costeras. Más de 50.000 personas fueron evacuadas con rapidez de la ciudad de Onahama, a unos 250 kilómetros de distancia de Tokio, al comprobarse que las centrales nucleares de Fukushima I y II, distantes una decena de kilómetros una de otra, habían sufrido averías en su sistema de refrigeración, lo que tuvo como consecuencia “pequeñas averías” según sus responsables. Ayer se produjo una explosión en una de ellas, en la I y aunque las autoridades investigaban aún sus causas, aseguraban que no había sido dañado su reactor, mientras que en la II se reconocía que había dificultades para controlar la presión y la refrigeración de sus cuatro reactores.
A pesar de los llamamientos a la calma del Gobierno de Japón, que asegura que la situación está bajo control, el temor a graves fugas radiactivas y a nuevas réplicas sigue predominando entre los japoneses.
La fuerza del tsunami ha provocado de inmediato alarmas en todo el Océano Pacífico, desde países tan distantes como Rusia, China, Indonesia, Filipinas, Nueva Zelanda o Australia, al oeste, Alaska, en el Norte, y varias ciudades costeras estadounidenses del noreste, llegando hasta el sureste del Pacífico, hasta la costa de Chile, pasando por las costas de buena parte de los países latinoamericanos. El tsunami perdió, sin embargo, ayer, mucha fuerza y en la costa pacífica americana sólo Chile mantenía aún su estado de alerta.

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