Cuando Albert Camus visitó la Villa Ocampo en 1949, dijo que el ambiente estaba impregnado de “un gran lujo antiguo, en el estilo de ‘Lo que el Viento se llevó’”. Pues si en la pampa húmeda de San Isidro supo campear el afrancesamiento en los salones literarios, hace un centenario también hubo alrededor del Sena parisino, antes que Camus, franceses argentinizados. Aquellos que como Roger Caillois se fascinaron con la haute culture rioplatense. En el firmamento de esa relación, brilla con anteojos propios la dueña de casa, la Venus del Sur, Victoria Ocampo, que supo albergar cual mecenas irresistible a varios franchutes bohème bourgois, congregados bajo el ala protectora de André Gide y otros aliados en la Nouvelle Revue Française (NRF).
La conexión San Isidro-París se revela en una pequeña pero muy sugestiva muestra sobre la historia de la más famosa editorial independiente de Francia y del mundo entero, que culmina mañana. La exhibición Gallimard, 1911-2011: un siglo de edición… y de amistades franco-argentinas, curada por Alban Cerisier en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes (Rufino de Elizalde 2831), contiene rastros documentales de aquella relación tan íntima. Pero no sólo se presentan manuscritos de Borges y Cortázar, publicados tempranamente en Francia por Gallimard, sino una atractiva memorabilia de cultura que va desde el primer argentino publicado, Ricardo Güiraldes y su Segundo Sombra, hasta manuscritos de Jean-Paul Sartre o Michel Foucault.
La editorial centenaria cuenta en su haber con más de 40 mil títulos. Sus tapas de color marfil fileteadas en rojo y negro han albergado primeras ediciones de Breton, Malraux, Saint-Exupéry, Michaux, Bachelard, Canetti, Nabokov, Pirandello, Weil, Faulkner, Hemingway, Steinbeck, Sartre, Ionesco, Duras, Yourcenar, Kerouac, Baudrillard, Le Clézio, Kundera, Oz, Steiner y las pequeñas firmas siguen.
Sus representantes se ufanan en advertir, con justísimo derecho, que hablar de la historia de la literatura francesa es hablar de la editorial que llevó a cuestas Gaston Gallimard (desde 1911 hasta 1975) y luego su hijo y su nieto, sorteando dos guerras mundiales, una guerra friolenta, el advenimiento de un mundo digitalizado… y las luchas familiares por la sucesión.
Justamente, Cerisier, que es secretario general de la editora y encargado de la conservación del patrimonio y de su puesta en valor, se ocupa de la digitalización de aquel tesoro moderno. También historiador de la editorial, compartió con Miradas al Sur esas historias de amor, de locura y de muerte que giran alrededor de esas minorías intensas, individuales, que cincelan la materia gris del mundo.
–Un vínculo que une fuerte el lazo franco-argentino en Gallimard es Saint-Exupéry.
–En los años 30, Saint-Exupéry es nombrado para encargarse de la línea aeropostal en la Argentina. Acá escribió Vuelo nocturno, su segundo libro. Este libro es más importante que el primero, y la prueba de esa importancia es que el prefacio lo escribe Gide, que hace una suerte de manifiesto para una joven literatura francesa. Una literatura que integra un nuevo heroísmo, el contacto con los elementos naturales, un humanismo que se contrasta con los hechos, de los hombres de oficio, del riesgo, como si hubieran descubierto de repente un nuevo realismo. Desde hacía mucho tiempo, la NRF estaba buscando una novela que rompiera con su modelo de clasicismo moderno en novelas políticas. Que crease un nexo entre el orden de las cosas y el espíritu.
–¿Esa novela le va a dar notoriedad al joven Saint-Exupéry?
–Por supuesto. Y a la vez, es el comienzo de muchas dificultades, porque desde el momento en que lo publica, la Aeropostale se va a ir cayendo –por un escándalo político-financiero– y la prensa de la extrema derecha en Francia lo va a atacar reprochándole traicionar la causa de los aviadores. Esas críticas lo paralizaron. Entonces escribe pequeños fragmentos de aventuras pasadas para los grandes semanarios de la época, como la crónica L'episode Guillaumet, un relato del accidente de Guillaumet, y su caminata por Los Andes en Laguna de Diamante, que se convertirá en un texto mítico para los franceses, y que será estudiado por todos los alumnos en la escuela.
–En la Argentina no es conocido masivamente.
–En Francia, la primera imagen que tienen los chicos sobre la Argentina es ese relato. Es Saint Exupéry y no Güiraldes.
–¿Qué es lo que cuenta?
–La Argentina es descripta como el escenario donde la naturaleza lanza permanentemente desafíos al hombre. La nieve, la montaña… la frecuentación del riesgo de la muerte. La Argentina revelaría al hombre la capacidad de superarse a sí mismo, que está encargada en el personaje del piloto, que cae en Los Andes y tiene que caminar hasta sobrevivir. Guillaumet le dice a Saint-Exupéry cuando se encuentran, “lo que hice, no lo podría haber hecho ningún animal”. Ése es el humanismo del siglo XX.
