En una vieja fábrica donde alguna vez se produjeron tintas, los colores volvieron a ser protagonistas. Porque hace 28 años, un grupo de vecinos del barrio de La Boca tuvo la idea de formar un grupo teatral. Hoy, esa ex fábrica es un teatro con 300 butacas, camarines, un taller de realización, un taller de vestuario, un depósito. Ese espacio del grupo Catalinas Sur es la sede central del IV Festival Internacional de Títeres al Sur, que comenzó ayer y se extenderá hasta el 31 de julio.
Se trata del festival más importante en su género y, en esta ocasión, reúne a 23 elencos de todo el mundo. La selección resultó de una convocatoria que atrajo 120 propuestas. El resultado: 100 funciones que permiten acercarse al mundo de los títeres de países tan lejanos y distintos como Rusia, Kenia o México. Y el 60 por ciento de ellas, con entrada libre y gratuita.
A la hora de pensar el festival, los organizadores tuvieron en cuenta tres ejes: “Uno es el aspecto cultural, la excelencia y la calidad en los espectáculos. Otro es la variedad. Queremos que el público pueda tener un paneo de lo que es el mundo de los títeres, y no se quede con la idea de que el títere es ese muñequito que sale y grita ¿por dónde se fue?, o la marioneta de hilo… Es un género que tiene muchísimas formas. Entonces buscamos contar con diferentes técnicas. El último eje tiene que ver con lo social, con que todo el mundo pueda participar”, cuenta Ximena Bianchi, directora del grupo de títeres, quien forma parte de Catalinas Sur desde sus inicios, cuando tenía sólo diez años. En este sentido, Ximena cree que “muchas veces la gente no participa no solamente por razones económicas; podés hacer un espectáculo gratis y es muy probable que la gente no vaya porque no tiene la costumbre”. Por eso, si Maoma no va a la montaña, el grupo se acerca a distintos espacios en vez de esperar que vengan a ellos. Así, el comedor Los pibes de La Boca, el centro comunitario Santa María de Luján en la Villa 20 o la Biblioteca Popular Sociedad Luz se vuelven escenarios, y los vecinos empiezan a sentir el movimiento como propio.
Acá es allá, allá es acá. Sombras, títeres de guante, de plastilina, incluso títeres con partes del cuerpo son algunas de las variantes del género que se podrán ver a lo largo del festival. Una de las obras destacadas es la de un grupo de cuatro hermanas iraníes que utilizan una técnica que sólo pertenecía al territorio masculino en su país. El crisol que puede aportar la participación de culturas tan distintas al mismo tiempo permite reconocer que, en general, los conflictos y las cosas que pasan, son comunes a todos en todo el mundo. “Las obras de otros países son sin texto, o con situaciones comunes, entendibles más allá del idioma. Toda obra tiene un conflicto, que bien podría suceder en Villa Tesei o en Irán. Se trata de conflictos universales y con un lenguaje popular”, explica Gonzalo Guevara, titiritero de Catalinas Sur y organizador del evento.
El primero de los festivales, cuatro años atrás, empezó como una idea para resolver un conflicto. “Todos los grupos de Catalinas son muy numerosos, es imposible irnos de gira o a un festival con tanta gente. Además, cuando vamos, lo hacemos con la familia. Entonces nos propusimos inventar un festival nosotros. Así surgió ese deseo. Primero, pensamos en un mini encuentro, con un par de elencos amigos, con idea de ir de a poco. Pero como todo en Catalinas, se empieza chiquito y termina grande”, cuenta Gonzalo. Tan grande que al cierre de esta edición, la apertura del festival prometía un desfile de más de 200 artistas en las calles de La Boca, con candombe, marionetas y un recital de la Orquesta Atípica de Catalinas, que encuentra a 60 músicos sobre las tablas de su teatro. Gonzalo resume el espíritu del festival mediante la invitación: “La consigna es recuperar el espacio público; que estemos todos en la calle es la única manera de mejorar la seguridad, no poniendo más policía”.
Cumpleaños feliz. En 2011, el grupo de teatro comunitario Catalinas Sur cumple 28 años de vida. Pero para sus integrantes y para los vecinos que lo conocen, Catalinas Sur es más que eso. Lo que nació como una serie de fiestas teatrales en las plazas tras casi ocho años de dictadura militar, hoy es una compañía de 300 artistas, un centro cultural que brinda variados talleres y un espacio de encuentro y reconocimiento de vecinos. Aunque desde hace mucho trascendió el barrio, el anclaje con el sur de la Ciudad es un aspecto fundamental para la compañía. Más allá del Teatro de la Ribera, que es oficial, y el Circuito Cultural Barracas, se trata de una zona donde no hay teatros, cines, ni lugares de música.
Sobre las obras del grupo, Gonzalo cuenta que en general están basadas en tres ejes: memoria, identidad y territorialidad. Todas resultan de una creación colectiva. “La obra El Fulgor Argentino, por ejemplo, no pretende tener una mirada del revisionismo histórico, sino mostrar lo que un grupo de vecinos cree que fue la historia, sin más pretensión que eso. A veces, el grupo se junta para pensar de qué queremos hablar, y se termina conversando sobre los conflictos de cada uno”. Debe ser por eso que la identificación que logran con el público es otro de los fuertes del grupo.
Respecto no sólo de su supervivencia en el tiempo, sino de su gran crecimiento, Ximena cuenta que “es el resultado de la fuerza de mucha gente apuntando hacia el mismo lado. Nosotros siempre decimos que somos amateurs en el buen sentido de la palabra, amamos lo que hacemos. La gente que está en el grupo no cobra por actuar, pero eso no quiere decir que el rigor no sea profesional”. Con apoyo del Ministerio de Desarrollo Social de Nación por intermedio de la Senaf (Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia), de Proteatro, del Instituto del Teatro y de diversas empresas mediante la Ley de Mecenazgo, las utopías de hace casi 30 décadas siguen vigentes y en plena construcción. “Creemos que para poder cambiar el futuro es necesario imaginarlo mejor, y para fomentar la imaginación hay que trabajar artísticamente, con una propuesta interesante que no tenga como fin una cuestión económica, sino que la gente pueda disfrutar de espectáculos de variedad”. La respuesta del público y su crecimiento hasta llegar a producir un festival de esta magnitud son la prueba de que se puede.
