En agosto de 2009, la AFA dio por terminado su convenio con TYC –una empresa del Grupo Clarín– para la televisación del fútbol de primera división. En ese momento, los directivos amenazaron con juicios que nunca se concretaron y, ahora, los ejecutivos de Clarín tienen que ver los partidos por Canal 7. Eso sí, gratis. Pocos meses después, los ejecutivos de Clarín apostaron a que reunirían suficientes diputados y senadores como para frenar la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Como no les daban los números intentaron que el tratamiento pasara para después del 10 de diciembre, una vez que se hiciera el recambio parcial en ambas cámaras. Tuvieron que ver por televisión, en la madrugada del 10 de octubre, que la pizarra de Senadores decía 44 votos positivos y 24 negativos. Prometieron que la Justicia no permitiría semejante atropello y sus medios empezaron a alertar ¡TN puede desaparecer! ¡Volver puede desaparecer! Mientras tanto, confiaban en que algún tribunal federal embarrara la cancha y que la Corte Suprema se acordara del poderío del Grupo. Pero a principios de junio de este año, el máximo tribunal fue contundente: siete votos contra la medida cautelar de la jueza Olga Pura de Arrabal que suspendía la vigencia de la ley de medios. Ninguno a favor.
Los medios de Clarín descarriaron a medida que sus ejecutivos los fueron dando fusta para tratar de mantener privilegios. El CEO, Héctor Magnetto, lo dijo ante un cónclave de directivos y editores hace pocos días: ninguna noticia, ningún programa podrá dejar de lado que está en guerra contra el Gobierno. El problema no es el Gobierno, es el conjunto de la sociedad que recibe desinformación a través de ese emporio armado en base a negocios con dictadores y atropellos a gobiernos democráticos.
Lo de Fibertel, para los abogados del grupo, era indefendible. No hay transferencia en la titularidad de licencias. La autorización para brindar internet fue para Fibertel. Cuando a principios de 2009, por razones corporativas, los ejecutivos del grupo decidieron que esa empresa fuera absorbida por Cablevisión, apenas le comunicaron a la Secretaría de Comunicaciones que el operador sería la empresa absorbente. El tema es que jamás le dieron esa excepción. De modo que seguía rigiendo la norma.
En esta nueva andanada, el monopolio tiene un grupito de legisladores que le son fieles y salieron a decir “Todos somos Fibertel” sin siquiera reparar en que los que hicieron desaparecer la empresa fueron sus amigos y libretistas de Clarín y no la Presidenta ni la Secretaría de Comunicaciones.
