Un juego de contrastes

Año 3. Edición número 152. Domingo 17 de abril de 2011
(LEWIS WICKES HINE)
Las cifras de desempleo y los ajustes en el mundo desarrollado parecen ir en sentido opuesto a lo que sucede en países como Argentina. En el planeta hoy hay 205 millones de personas sin empleo. Por estos pagos, crecieron los puestos de trabajo y se multiplican los convenios colectivos. Lo que falta: seguir bajando el empleo en negro, la inequidad entre sectores asalariados y los accidentes de trabajo.

En un mundo en el que según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por la crisis extendida del 2009 aún existen más de 200 millones de desocupados, con tasas de desempleo que registran picos del 21,3 por ciento en España, del 14 en Grecia e Irlanda y de 9,2 en Estados Unidos, Argentina consiguió bajar sus índices del 20,4 registrado en mayo de 2003 al actual 7,3 por ciento. La apuesta es llegar en un año al 6,5. Aunque se hace cada vez más difícil bajar la desocupación dura, el mapa del trabajo registra importantes mejoras junto a fuertes inequidades entre el sector formal y el informal. Una de las transformaciones más importantes desde el 2003 fue la baja del empleo en negro: de casi el 50 por ciento al 34,4. El salario de los trabajadores en su conjunto es similar al del 2001. Pero cuando se toma sólo la porción de los del sector privado, el ingreso real creció un 17,6 por ciento desde ese año.
El número exacto de desempleados en el mundo era de 205 millones en 2010, 27,6 millones más que la cifra que se registraba en 2007. El último estudio de la OIT asegura que “existen pocas esperanzas de que a corto plazo se vuelva a los niveles anteriores a la crisis”. La actual tasa mundial de desempleo ronda el 6,2 por ciento, contra el 5,6 por ciento de 2007. Pese a los datos de recuperación en indicadores macroeconómicos clave (PIB real mundial, consumo privado, inversión, comercio mundial) esas mejoras no se trasladan en generación de puestos de trabajo. Mientras se mantiene o sube el desempleo en las economías desarrolladas y la Unión Europea, hay una mejoría en la mayoría de las regiones en desarrollo, particularmente en América latina, que supo defenderse mejor ante la crisis.
Fue a propósito de la crisis que la propia OIT destacó elogiosamente las políticas económicas, sociales y laborales del Gobierno. En junio de 2010, el director del organismo, Juan Somavía, lo reiteró en el marco de la 99ª Conferencia desarrollada en Ginebra. “En la Argentina se perdieron menos empleos durante la crisis que en muchas otras naciones”, dijo también la OIT, y eso sucedió porque nuestro país “aprendió unas cuantas lecciones de las amargas experiencias del pasado y protegió los puestos de trabajo cuando los tiempos duros volvieron”.
Otra lectura posible de la situación laboral actual es establecer comparaciones ya no con aquellos países europeos más castigados sino con los que son respetados por encabezar el Índice de Desarrollo Humano: nuestro 7,3 de desempleo está por debajo del de dos naciones escandinavas: Finlandia (8,4) y Suecia (7,9). La tasa es también menor que la de los Estados Unidos (9,2 por ciento, 18,2 de desempleo juvenil), España (un increíble 44,6 por ciento de desempleo juvenil que está generando manifestaciones de esos sectores sociales organizados en redes), Portugal, Francia, Grecia, Irlanda o Italia (29,2 por ciento de desempleo juvenil).
Nuestro índice de desocupación bajó al 7,3% del 8,4% que arrastraba desde el 2009, mientras que la subocupación demandante (las personas que trabajan 35 horas semanales y quieren más) bajó al 5,5% desde el 6,9 % de 2009. Contra esa realidad, y al igual que sucede en la batalla contra el núcleo duro de la pobreza, la generación de nuevos puestos de trabajo se fue haciendo más difícil desde el 2007. Sólo desde el primer trimestre de 2003 hasta el cuarto trimestre de 2004 se habían recuperado 1.800.000 de puestos de trabajo, pero ese fortísimo envió inicial continuado varios años más y en alguna medida derivado de la capacidad instalada que estaba ociosa, fue disminuyendo. Un trabajo de la consultora Analytica señaló que en 2010 se crearon 182.000 puestos de trabajo (una mejora del 2,6 por ciento en los trabajos declarados), pero que el sector público fue el principal creador de empleo con más de la mitad de esos puestos, alrededor de 119.000.

Blanco y negro. Uno de los procesos más destacados de lo logrado en el ciclo iniciado en 2003 es la creación de puestos de trabajo en blanco. La tasa de empleo no registrado se había duplicado en el período 1980-2003 y pudo reducirse en un tercio entre 2004 y 2010. Si la tasa de empleo no registrado rozaba casi al 50 por ciento en 2003, siete años después descendía al 34,4 por ciento, más de quince puntos porcentuales menos.
La cantidad de trabajadores registrados en la actualidad es un 43% superior a la que existía a mediados de los ’90 y un 67% mayor que las cifras posteriores al estallido. La expansión del empleo en blanco fue protagonizada por el sector privado, aunque acompañada por el empleo público y el trabajo independiente. Dos tercios de la totalidad de los puestos formales creados desde el 2002 fueron empleos asalariados registrados en empresas privadas (2,3 millones de puestos de trabajo). Un 21 por ciento corresponde a trabajadores independientes monotributistas y 12 por ciento a los asalariados del sector público. Otro dato interesante es que de las 125 mil nuevas industrias nacidas de 2003 hasta el 2009 más del 97% fueron pequeñas y medianas empresas, proceso que según el análisis de un informe hecho por el ministerio de Trabajo el año pasado “favoreció una amplia renovación del tejido productivo argentino y la expansión del empleo dado que estos establecimientos de menor tamaño son en general intensivos en mano de obra”.
Otros puntos fuertes remarcados por la cartera laboral son los siguientes:
* El regreso a la vida en 2004 del Consejo del Salario Mínimo, después de 11 años de inactividad. Tras el último aumento acordado en 2010 el salario mínimo creció un 820% con respecto al valor promedio de los ’90.
* Regularización e inspecciones. En 2003, el Ministerio de Trabajo contaba con 20 inspectores. En 2010 eran 400 agentes. Se relevaron 827 mil establecimientos que comprenden a más de 2,6 millones de trabajadores. El 38 por ciento de los trabajadores no registrados detectados fueron regularizados por efecto directo de la acción inspectiva.
* Entre 2003-2009, más de 4,8 millones de personas recibieron del ministerio orientación laboral, capacitación para el trabajo y/o prestaciones relacionadas con la inserción en el empleo.

Infierno y purgatorio. El derrumbe provocado por las políticas de desindustrialización de los ’90 más la apertura indiscriminada provocaron la caída a pique de los niveles de afiliación en gremios de importantísima tradición. De la virtual extinción, sindicatos tan fuertes como el de los mecánicos, construcción, metalúrgicos o textiles recuperaron buena parte de su antigua fortaleza: la Uocra pasó de la casi desaparición a 350.000 afiliados y la UOM de menos de cien mil a trescientos mil. Junto al resurgimiento en el número de afiliaciones volvió la vida sindical y no sólo en términos de número sino de intervención en la discusión e imposición de demandas y de agenda, junto a la aparición de nuevas representaciones, a veces con fuertes rasgos de autonomía. Los muy distintos casos de subterráneos, Kraft, los ferroviarios del Sarmiento o el nuevo sindicato de peajes de Facundo Moyano (más de 4.500 trabajadores afiliados) son ejemplos de lo nuevo.
Las políticas económicas y laborales implementadas en estos años explican este paisaje que parecía muerto hacia el 2001. Al final de su informe sobre la crisis de empleo mundial, la OIT señala que los países en desarrollo “necesitan fortalecer las fuentes internas de demanda”. También que “el aumento de la protección social es fundamental para mejorar la seguridad económica y promover un mayor consumo”. Eso es parte de lo que se hace en la Argentina, en donde casi de modo permanente surgen iniciativas como las conocidas esta semana que benefician directa o indirectamente a los asalariados, como la modificación de la Ley de Quiebras para asegurar la continuidad de las fuentes de empleo con participación de los trabajadores o el decreto que impulsó una mayor presencia estatal en el directorio de grandes empresas privadas según sea la proporción del capital accionario del Estado.
Hoy el 39 por ciento de los trabajadores del mundo percibe menos de dos dólares diarios, son alrededor de 1.200 millones de seres humanos. 40 millones se sumaron a la pobreza el año pasado. El informe de la OIT indica que el 55 % del aumento total del desempleo mundial desde el inicio de la crisis se produjo en el seno de las economías desarrolladas, incluida la Unión Europea, siendo que éstas sólo representan el 15 % de la fuerza de trabajo mundial. Sólo en el sector industrial hubo una pérdida de 9,5 millones de empleos entre 2007 y 2009. La OIT prevé que el desempleo disminuirá apenas en 2011, pero aun así “seguirá sumando 15 millones de desempleados más que en 2007”. Por una vez, Argentina no está ahí.

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  • En España, con un 21,3 por ciento de desempleo y el increíble 44,6 de paro juvenil, la emblemática página web paradosydesempleados.com anuncia en estos días que en los próximos cinco años más de 350.000 familias perderán su vivienda debido a la cantidad de cuotas impagas o de ejecuciones hipotecarias que tienen colapsados los juzgados de la península con cerca de 160.000 expedientes.

  • En el mercado laboral, a lo largo del primer semestre del año, se han producido algunos fenómenos significativos. Por un lado, los acuerdos salariales que se firmaron hasta el momento alcanzan a tres millones de asalariados y cubren el 70 de los trabajadores registrados. El índice de desempleo se redujo a casi un punto con respecto al año pasado y se produjo una pequeña merma del trabajo no registrado. Finalmente, el número de trabajadores cubiertos por el Programa de Recuperación Productiva (Repro) se redujo en un 13 por ciento en relación con el fin del año pasado.

  • De acuerdo con un informe del Cels, de los más de cuatro millones de empleos creados entre 2001 y 2010, casi tres millones constituyen puestos de trabajo registrados, lo que “refleja una mejora en la cantidad y en la calidad de las ocupaciones”. Otro gran proceso de avance en el mundo laboral fue la profundización y ampliación de la negociación colectiva. Los 2.038 convenios y acuerdos colectivos que se registraron en 2010 constituyen el número más elevado desde que se restauró ese mecanismo de negociación en 1988, que estuvo virtualmente estancado antes del 2003.

  • Las inversiones en proyectos productivos suman 12.758 millones de pesos. Son el tercer rubro de la cartera. En los primeros seis meses del año el crecimiento acumulado fue de 9.242 millones de pesos.
    El Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES superó, en junio pasado, los $150.000 millones, tras una suba de 2,8% respecto de mayo y de 31% en comparación con el mismo período de 2009.
    Además, el FGS sigue aumentando los fondos destinados a financiar la economía real, ya que las inversiones en proyectos productivos suman $12.728 millones, lo que implica una suba de 3,4% desde mayo.

  • Pasados en limpio, los datos de la recuperación económica iniciada desde el 2003, no sólo que impresionan sino que aparecen como indiscutibles: desde las cifras del crecimiento a las del llamado desendeudamiento, desde la creación de empleo a la solvencia fiscal, o desde la multiplicación de las exportaciones a la inversión que viene haciendo el Estado en políticas sociales.




  • Los efectos del crecimiento que viene evidenciando la economía argentina a lo largo de este año se manifiestan en el mercado laboral. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, señaló esta semana que el nivel actual del trabajo formal es el más alto de los últimos 40 años y que desde julio “se recuperaron todos los puestos laborales registrados que se perdieron durante la crisis de 2009”. Una serie de estudios elaborados por diferentes centros de investigación ratifican los dichos del ministro.